Muchas fueron las compañías que se beneficiaron del triunfo del género, las dos más destacables Universal Pictures y Metro Goldwyn Mayer, pero principalmente fue la Universal la que mayor provecho sacó del terror creando el fenómeno conocido como “Universal Horror”, formado por los conocidos como "Universal Monsters".
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| Logos de la época de Universal Pictures y su universo de terror |
Fue así como, de la mano del productor Carl Laemmle, los estudios Universal Pictures comenzaron a centrarse en el cine de terror. Un año más tarde del estreno del Nosferatu de Murnau en Alemania, Wallace Worsley dirigió en Estados Unidos para la Universal la adaptación de la novela de Víctor Hugo “El jorobado de Notre Dame (1923)” con un Lon Chaney padre en el papel protagonista y para el cual y como siempre, él mismo se ocupaba de su maquillaje. Dos años más tarde y de nuevo con Lon Chaney padre de protagonista, los estudios estrenaban “El fantasma de la ópera (1925)”, de la mano del director Rupert Julian.
También al cabo de los dos años, Universal producía una película basada en la obra teatral de John Willard "El gato y el canario" titulada “El legado tenebroso (The Cat and the Canary) (1927)” del director Paul Leni, un director alemán que, de no ser por su prematura desaparición en 1929, hubiese dado mucho que hablar en el cine de la época.
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| Lon Chaney en "London after midnight (1928)" |
Un año después, Universal estrenaba “El hombre que ríe (The Man Who Laughs) (1928)”, film dirigido por Paul Leni. La productora quiso que el protagonista fuese su mayor “seguro de vida”: Lon Chaney padre, pero Leni decidió finalmente que fuera protagonizada por Conrad Veidt encarnando a Gwynplaine, el desdichado hombre de la risa eterna.
El film, otra adaptación de una novela de Víctor Hugo (esta vez una obra menor) era otro de los melodramas bizarros en los que el monstruo es a la vez aterrador y encantador, como sucedió con “El jorobado de Notre Dame” o “El Fantasma de la Ópera”. La película no tuvo una fácil incursión, ya que fue rodada en la época de transición entre el cine mudo y el cine sonoro, siendo de las primeras cintas que añadían sonido, en su caso simples silbidos que emulaban el viento, risas y aplausos.
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| Conrad Veid como Gwynplaine y el Joker |
Pese a todo, el director de Universal Pictures, Carl Laemmle, no era demasiado valiente en lo referente a afrontar proyectos de grandes presupuestos o que supusieran cambios demasiado revolucionarios en la industria del cine, siendo reacio a embarcarse en obras que representaran un gran riesgo económico.
Años más tarde, con la ya asentada inclusión de las voces en las películas y ya con el control de la productora en manos de su hijo, Carl Laemmle Jr., que recibió el estudio cinematográfico como regalo de cumpleaños de su padre en 1928, la Universal, gracias a la valentía del joven y osado nuevo director de la compañía, deja ver el cambio y decide fabricar cine de terror con un único objetivo: el de vender, con no malos resultados.
En 1930 concluye llevar a la gran pantalla la obra de Bram Stoker: Drácula. Esta vez sí, habiendo adquirido los derechos para no cometer el mismo error que los alemanes que produjeron la obra de Murnau nueve años antes. Basándose más en la adaptación teatral de Broadway que en la propia novela, la productora lanzó dos proyectos a la vez y de forma paralela: una versión hispana y otra estadounidense.
Esto era debido a que antes no existía el doblaje y, si se quería llegar a todo el público del continente, la población hispanoparlante era importantísima, así que para los films más ambiciosos se rodaban dos versiones, una en inglés y otra en español. Ambas se rodaron en México, en los mismos escenarios, usándose éstos principalmente para la versión yanqui y, las noches en que ésta descansaba, para la versión hispana que dirigió George Melford.
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| Póster de "Drácula (1931)" de Tod Browning |
Buscaron sustituto y encontraron a un actor húngaro con poco dominio del idioma inglés que, aunque ya había participado en un papel secundario en otro film de Browning, era un gran desconocido, pero se adecuaba al papel porque lo había estado interpretando mucho tiempo en los escenarios teatrales estadounidenses. Se trataba de un tal Bela Lugosi.
Al concluir el rodaje, la Universal quedó descontenta con la cinta, prefiriendo la versión hispana, pero tras el estreno el 14 de febrero de 1931 de “Drácula (1931)” fue tal el efecto que causó entre el público que llegó a ser el film que más ingresos le generó ese año a la productora. Todo el mundo hablaba del Drácula de esa película, todos se asustaban con la caracterización que del conde se hizo en el film y, lo más importante, Drácula ya no era el personaje conocido solo por húngaros y rumanos, o por los que habían leído o habían oído hablar la novela, o por los que lo habían visto en el teatro: el planeta entero conoció al conde Drácula y fue de la forma en que lo parieron en esta película como llegó a los ojos y a las mentes de todos.
La compañía se frotó las manos y se puso a trabajar en componer más cintas de este género.
El mismo año estrenó “Frankenstein (1931)”, de nuevo basándose más en la adaptación teatral que en la obra original de Mary Shelley. Iba a ser dirigida por Robert Florey y para el papel del monstruo se pensó en un Bela Lugosi ya conocido por los espectadores, pero tras rechazar éste el papel por no querer ocultar su rostro tras toneladas de maquillaje ahora que comenzaba a hacerse famoso, se descartó también al director entregándole las riendas a James Whale y el papel del engendro a un actor inglés que estaba rodando una cinta para la Universal en la que hacía de gánster y que se hacía llamar Boris Karloff.
Al concluir el rodaje, la Universal quedó descontenta con la cinta, prefiriendo la versión hispana, pero tras el estreno el 14 de febrero de 1931 de “Drácula (1931)” fue tal el efecto que causó entre el público que llegó a ser el film que más ingresos le generó ese año a la productora. Todo el mundo hablaba del Drácula de esa película, todos se asustaban con la caracterización que del conde se hizo en el film y, lo más importante, Drácula ya no era el personaje conocido solo por húngaros y rumanos, o por los que habían leído o habían oído hablar la novela, o por los que lo habían visto en el teatro: el planeta entero conoció al conde Drácula y fue de la forma en que lo parieron en esta película como llegó a los ojos y a las mentes de todos.
La compañía se frotó las manos y se puso a trabajar en componer más cintas de este género.
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| Póster de "Frankenstein (1931)" de James Whale |
Algunas fuentes afirman que fue Bela quien recomendó a Boris, pero, si así fue, debió de ser por referencias, ya que aún no se conocían en persona. Otros dicen que fue Whale quien lo conoció en el comedor del plató de la productora, invitando enseguida al inglés a interpretar el papel. Sea como fuere, fue Karloff quien encarnó a la criatura que, al igual que Drácula, dio la vuelta al mundo y se instauró en la memoria de todos. Para muchos, al igual que con el personaje de Lugosi, el de Karloff fue la primera referencia que tuvieron del monstruo de Frankenstein y, por lo tanto, fue la magistral puesta en escena del staff de la película la que quedó para la posteridad, surgiendo así el monstruo de Frankenstein que tantas y tantas veces se ha imitado en series de TV, dibujos animados y montones de sectores más.
El film fue de nuevo un triunfo total para la compañía desencadenante de un tsunami de cintas de miedo que dieron a conocer un gran surtido de monstruos que hoy en día son para nosotros parte de nuestra cultura, tan normales y tradicionales como llevar zapatos o bostezar por las mañanas.
Por su parte, el cine alemán seguía estrenando buen cine de terror, entre ellas, la destacable "M, el vampiro de Düsseldorf (1931)", dirigida por el austríaco Fritz Lang y protagonizada por el eslovaco Peter Lorre.
Hay que dejar claro que no todas fueron cintas que destacaran por su calidad artística o narrativa, y que se dejó bastante al margen el idealismo del cine de terror alemán de los años 20, donde imperaba lo espiritual, para centrarse en el mero espectáculo y en la comercialización y popularización de los personajes. Tuvieron éxito y vendieron a sus monstruos como rosquillas, pero no fueron las películas de terror lo mejor que el cine nos ofreció en aquella época. Incluso a algunas de ellas se las catalogó de “clase B”, nombre que después fue modificado a “serie B”, a causa de su producción en serie. Es en la actualidad, sin embargo, cuando uno se da cuenta de lo que esos films han supuesto a la larga para nuestra cultura.
Así como Lugosi y Karloff en la interpretación y Tod Browning y James Whale, entre otros, en la dirección supusieron un filón para las compañías en lo referente al terror, otro nombre quedó arraigado al género siendo el artífice de la creación física de los monstruos. Hablo del maquillador Jack Pierce, cuestionado por muchos por su difícil y autoritario carácter e idolatrado por otros por sus creaciones del monstruo de Frankenstein o de La momia.
Hay que dejar claro que no todas fueron cintas que destacaran por su calidad artística o narrativa, y que se dejó bastante al margen el idealismo del cine de terror alemán de los años 20, donde imperaba lo espiritual, para centrarse en el mero espectáculo y en la comercialización y popularización de los personajes. Tuvieron éxito y vendieron a sus monstruos como rosquillas, pero no fueron las películas de terror lo mejor que el cine nos ofreció en aquella época. Incluso a algunas de ellas se las catalogó de “clase B”, nombre que después fue modificado a “serie B”, a causa de su producción en serie. Es en la actualidad, sin embargo, cuando uno se da cuenta de lo que esos films han supuesto a la larga para nuestra cultura.
Así como Lugosi y Karloff en la interpretación y Tod Browning y James Whale, entre otros, en la dirección supusieron un filón para las compañías en lo referente al terror, otro nombre quedó arraigado al género siendo el artífice de la creación física de los monstruos. Hablo del maquillador Jack Pierce, cuestionado por muchos por su difícil y autoritario carácter e idolatrado por otros por sus creaciones del monstruo de Frankenstein o de La momia.
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| Jack Pierce maquillando a Boris Karloff como el monstruo de Frankenstein en 1931 |
Tras los éxitos del vampiro y el no-muerto más famosos del mundo y a medida que a las productoras llegaban los ingresos, a las pantallas llegaron nuevos films, remakes y secuelas, tanto de la mano de la Universal como de otras compañías, entre ellas Paramount Pictures, RKO o Metro Goldwyn Mayer, repitiendo los mismos monstruos o presentándonos a otros nuevos. Sobre todo, cintas e historias basadas en la época victoriana, pero abarcando mucho más que eso.
Las productoras llegaron a reunir en una misma película en varias ocasiones a los dos "musos" del terror hasta el momento, Lugosi y Karloff, y, pese a que muchos están empeñados en que había una enemistad entre los dos por culpa de la rivalidad ante las cámaras, yo creo que la pareja brindó por ello.
La industria nos inundó con una sucesiva entrega de títulos de los que hablaré en el tercer capítulo de "Los mitos del terror".
Mientras tanto, os dejo unas fotos con parte de mi colección dedicada a los films de los que he hablado.
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| Logos de la época de Paramount, RKO y MGM |
La industria nos inundó con una sucesiva entrega de títulos de los que hablaré en el tercer capítulo de "Los mitos del terror".
Mientras tanto, os dejo unas fotos con parte de mi colección dedicada a los films de los que he hablado.
La edición especial coleccionista de "El legado tenebroso" contiene, además de un extenso libreto con mucha información y fotografías, dos discos con dos versiones de la película: una con los tintados originales de su estreno y otra, a partir de un master restaurado, con tintados en sepia. Además, incluye el cortometraje de Paul Leni "Rebus-Film No.I (1925)".
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| Edición especial coleccionista con libreto de "El legado tenebroso" |
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| "El hombre que ríe" y "M" |
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| "Drácula" y "Frankenstein" en sus ediciones española y "Legacy" junto con sus bustos |
Resto de capítulos de Los Mitos del Terror:










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