En los años 60, un grupo de universitarios decidieron liarla, y la liaron.
Todo comenzó con tres caminos distintos que estaban destinados a unirse. Por un lado, el camino de un par de británicos, Michael Palin y Terry Jones, dos estudiantes de Oxford que formaban parte del grupo de teatro estudiantil. Por otro, el camino de John Cleese y Graham Chapman, que estudiaban en Cambridge y que también militaban en el grupo teatral de su universidad llamado “Cambridge University Footlights”. A estos últimos, se les unió al poco tiempo otro estudiante de Cambridge llamado Eric Idle, que acabó dirigiendo el grupo teatral. En una de sus giras por EEUU, conocieron a un estudiante de ciencias políticas de Minnesota afincado en Nueva York y que se dedicaba al arte gráfico en diversas revistas americanas llamado Terry Gilliam.
Cuando el dúo
de Oxford trabó amistad con el trío de Cambridge, solo faltaba que el
estadounidense se mudara a Gran Bretaña, cosa que no tardó en hacer, y así se
formó un grupo de amigos con ideas similares que todavía no sabía que estaba
destinado a hacer grandes cosas.
Fueron
haciendo sus pinitos en teatro, escribiendo para TV e incluso con algún show
televisivo donde participaban algunos de ellos, como el caso de la comedia
infantil de la cadena ITV, “Do Not Adjust Your Set (1967-1969)” que contaba con Idle, Jones
y Palin, así como con las animaciones de Gilliam; o el programa, también de la ITV,
“At Last the 1948 Show (1967)”, donde actuaban Cleese y Chapman.
Precisamente
por su trabajo en este show, Barry Took, un responsable de la cadena BBC,
ofreció a Cleese y Chapman un programa propio como dúo cómico, pero ellos
decidieron contar también con sus otros cuatro amigos y montar un programa coral
de humor donde podrían tener total libertad creativa para desarrollar todas sus
locas ideas, influenciadas en gran medida por el programa radiofónico de humor
“The Goon Show (1951-1960)” de Spike Milligan y Peter Sellers.
Inteligentes, cultos, activistas, rebeldes, progresistas, ateos y, sobre todo, creativos, Graham Chapman, John Cleese, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin se unieron para escribir, dirigir, ilustrar y protagonizar el show para la BBC que cambiaría la televisión inglesa para siempre y revolucionaría el modo de hacer humor en el planeta entero: “Monty Python’s Flying Circus (1969-1974)”.
Pero, ¿por
qué Monty Python?
Desde que la
BBC los fichara, en la cadena nadie sabía qué acabarían haciendo ese grupo de
excéntricos actores, pero lo que sí sabían es que eran unos locos, una especie
de circo ambulante contratado por el agente Barry Took, con lo que los
bautizaron como “Baron Von Took's Flying Circus” (“El circo ambulante del Barón
Von Took”). Lejos de sentirse ofendidos, al grupo les gustó la idea como nombre
artístico y, después de haber descartado otros como “Owl Streching Time”, “The
Toad Elevating Moment” o “A Horse, a Spoon, and a Basin”, escogieron ese, pero
decidieron sacar de la ecuación el nombre real del agente que los reclutó e
inventarse a un codicioso y ruin agente ficticio al que llamaron Monty Python. “Monty”
en referencia el estereotipo de alcohólico inglés de clase media, además de ser
un guiño a una figura destacada por la que no sentían mucho aprecio, la del
General Bernard Montgomery, un militar aliado en la II Guerra Mundial y
estandarte del conservadurismo británico más retrógrado. El apellido “Python”
(por la serpiente pitón), simplemente reflejaba algo resbaladizo y desagradable.
Muchos podrían
pensar que un grupo formado por seis creadores no podría funcionar a no ser que
un par de ellos destacasen como líderes, sin embargo, nada más lejos. Su método
de trabajo se basaba en la democracia y nadie imponía nada con lo que los demás
no estuviesen de acuerdo. Tampoco había ninguno que aportase más que los otros.
Para poder llevar esto a cabo sin problemas, se dividieron en cuatro grupos de
trabajo conformados por las amistades originales y después se reunían para unificar
sus ideas de forma coherente.
¿He dicho
coherente? No, ni por asomo. Precisamente esta forma de trabajar es la que
dotaba a los sketches de ese carácter anárquico y sinsentido que los identificó
durante toda su carrera.
Y, por
último, Terry Gilliam se encerraba a concebir sus animaciones elaboradas
mediante recortes de revistas y otras ilustraciones que mezclaba con dibujos
propios y que derrochaban una acidez sarcástica inigualable, empezando por la
secuencia de apertura que se hizo famosa, sobre todo, por el enorme pie que
aparece al final aplastando el logotipo de la serie y que pertenece al Cupido que
se soba con la diosa en el cuadro “Alegoría del triunfo de Venus” de Bronzino.
Aquí os dejo un vídeo muy interesante donde el propio Terry Gilliam explica sus técnicas de animación con ejemplos visuales.
El impacto del show estrenado en 1969 y que contó con cuatro temporadas fue de menos a más. Desde casi ser cancelados tras la emisión del primer episodio por ser tachados de sádicos y depravados por algunos ejecutivos de la BBC y de ser sometidos a la censura (aunque no lo parezca), a ser un referente británico del que se sigue bebiendo a día de hoy en producciones de todos los rincones del planeta.
Bajo una narrativa
caótica, consiguieron crear algunos clichés propios, así como personajes y
situaciones recurrentes, como pueden ser el peso de 16 toneladas que podía caer
sobre un personaje en cualquier momento, el Organista Desnudo (unas veces
interpretado por Terry Gilliam y otras por Terry Jones) o el Presentador de la
BBC, interpretado por John Cleese, que servía como cortinilla entre dos gags y
que pronunciaba siempre la misma frase: “And now, for something completely
different” (“Y ahora, algo completamente diferente”).
Algunos sketches no tenían final y eran interrumpidos a propósito para mantener el efecto, ya que el grupo pensaba que un final forzado, muchas veces, le quitaba la gracia a todo el gag. Algunos de sus sketches que yo destacaría porque me parecen histriónicos y memorables son “La Inquisición española”, “El Ministerio de Andares Tontos”, “Defensa Personal contra Fruta Fresca” o “El chiste más gracioso del mundo”. Aquí os dejo un fragmento de "La inquisición española".
Sin embargo, hay uno que ha transgredido todas las fronteras dando nombre a un término internáutico que se sigue usando a día de hoy: “Spam”.
A mediados
del siglo XX, el spam era un tipo de carne enlatada, algo así como la
mortadela, que en el Reino Unido se consumió mucho durante la posguerra y que
se relaciona directamente con el racionamiento y la pobreza. En el sketch, una
pareja va a un restaurante y todos los productos de la carta contienen esta
carne. Pidieran lo que pidieran, el spam siempre estaba presente y no se podía
eludir. Así pues, en la sociedad empezó a relacionarse la palabra “spam” con algo
que, aunque no lo quieras, ni lo hayas pedido, te lo dan hasta la saciedad. Ya
en la era de Internet y el correo electrónico, cuando empezaron a invadirnos
con esos correos publicitarios que uno no había solicitado, pero igual le llegaban,
alguien lo bautizó como “correo spam” en honor a ese gag de los Python.
En 1971, con la serie todavía en mitad de su trayectoria, estrenaron una película que recopilaba los mejores gags de las dos primeras temporadas, que volvieron a rodar para la ocasión, titulada “And now, for something completely different (1971)” (en España, terriblemente traducida como “Se armó la gorda”).
Por esa
época, rodaron dos episodios para la TV alemana WDR bajo el nombre de “Fliegender
Zirkus de Monty Python” que hoy en día son considerados como especiales e
incluso catalogados como cortometrajes. En uno de ellos y con motivo de los
Juegos Olimpicos de Munich en 1972, podemos ver el famoso gag “Monty Python:
International Philosophy”, un partido de fútbol entre filósofos donde hace una
aparición el futbolista alemán Franz Beckenbauer.
Dado el
éxito de la serie y con el grupo ya consagrado bajo el nombre de Monty Python,
decidieron dar el salto al cine.
En 1975, con
la serie ya finalizada y algunos de los miembros enfrascados en otros proyectos
al margen del grupo, como John Cleese, que dejó el show tras la tercera
temporada para dedicarse a la serie “Fawlty Towers (1975-1979)” (en España “Hotel
Fawlty”), los Python se reunieron para rodar su primer largometraje como tal,
una película de bajo presupuesto dirigida por Terry Jones y Terry Gilliam
llamada “Monty Python and the Holy Grail (1975)” (en España titulada “Los
caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”).
El film fue rodado en tan solo un mes por falta de presupuesto. Tan poco presupuesto tenían que, en lugar de utilizar caballos reales, los actores caminaban fingiendo cabalgar sobre uno, como hacen los niños jugando, mientras el sirviente de cada caballero iba detrás entrechocando dos medios cocos para hacer el sonido de los cascos al cabalgar, algo que no escondieron, pudiéndose ver todo ello en pantalla. El argumento narra libremente, desde un punto de vista totalmente pythoniano, la búsqueda del Santo Grial por parte del Rey Arturo y los caballeros que lo acompañan, y nos presenta a un nuevo caballero creado exclusivamente para la película: Sir Robin, el Caballero Cobarde, interpretado por Eric Idle. De todo lo que nos ofrece la película, me quedo con el “Conejo Asesino” y “Los Caballeros que dicen Ní”.
El argumento trata sobre Brian, un joven judío que nace el mismo día que Jesucristo y con el que se le confunde durante todo el film, llevándolo a vivir todas las situaciones que estaban destinadas a Cristo. Una sátira cargada de crítica social sobre el imperialismo, el capitalismo y las clases sociales, que toca casi todo lo que se puede tocar y un poco de lo que no se puede. Pese a girar todo en torno a la figura de Jesús y su nacimiento, no hay una crítica a la religión que pueda catalogarse como ofensiva para los creyentes, pero sí se le dan bastantes palos a la iglesia, diferenciando así lo que es la religión de los que se aprovechan de la fe de la gente. Pese a ser una película redonda de principio a fin y provocar risas a mansalva, es su final el que ha pasado a la historia de la cultura popular con la canción “Always Look On The Bright Side Of Life” (“Mira siempre el lado positivo de la vida”), cantada por un coro de crucificados.
Dos años más
tarde, Terry Gilliam dirige un atípico film de fantasía steampunk y viajes en el
tiempo titulado “Time Bandits (1981)” (“Los Héroes del Tiempo”) con Sean
Connery y para el que contó, casi a modo de cameos, con Michael Palin y John
Cleese.
Llegamos a 1983, año en el que el grupo realiza la última colaboración de los Monty Python al completo en la gran pantalla, poniendo un magistral broche final con la que, para muchos, es la culminación de una grandiosa carrera humorística: “Monty Python's The Meaning of Life (1983)”, (“El sentido de la vida”).
Se dice que los seis humoristas se fueron a Jamaica durante dos semanas sin sus familias para
escribir el guion de su nuevo trabajo. Por lo que se cuenta, se pasaron el
tiempo disfrutando de los placeres vacacionales y sin conseguir escribir nada que
les sirviera en el contexto de un largometraje. A punto de tirar la toalla y de
volver a Londres, Eric Idle sugirió un título: “El sentido de la vida”, lo cual
les hizo pensar en un argumento que tratase sobre la vida en general, desde que
uno nace y hasta que muere. Eso les sirvió para poder unificar todo el material
escrito previamente en una película dividida en sketches que tratasen sobre cada
uno de los periodos de la vida. Además, se le dio la oportunidad a Terry
Gilliam de dirigir un cortometraje de 17 minutos titulado “La Compañía de
Seguros Permanentes Carmesí” que, pese a no tener relación con el film (o casi,
recordad quiénes son), se incluyó al principio de la película, a modo de
prólogo, estando, pues, incluido en el presupuesto del film y haciendo que sea
un “todo en uno” indivisible.
La película trata de descifrar el concepto filosófico sobre cuál es el sentido de la vida a través de un argumento muy original: Un grupo de peces que nadan alegremente en la pecera de un restaurante, ven como uno de ellos es escogido por un cliente para ser cocinado y comido. Aterrados, los peces empiezan a charlar entre ellos sobre el sentido de la vida, comenzando así la serie de capítulos que, como he dicho antes, tratan sobre cada periodo de la vida, eso sí, siempre bajo el inverosímil punto de vista de los Python: El milagro del nacimiento, El milagro del nacimiento parte II: El tercer mundo, Crecimiento y educación, Guerra, Mediana edad, Trasplantes de órganos, Los años otoñales, El sentido de la vida, Muerte y El final de la película.
Todo ello aderezado por los siempre excelentes temas musicales de Idle, mucho más presentes y con mucha más magnificencia y puesta en escena en esta película que en cualquiera de las otras.
Si he de escoger con qué me quedo de este film, me cuesta mucho, puesto que es una culminación de todo su trabajo previo y casi cada minuto de metraje tiene un peso importante, pero escogeré dos cosas: El cortometraje inicial de Gilliam, con un despliegue de efectos especiales muy significativo, y el sketch “El milagro del nacimiento parte II: El tercer mundo” y su inolvidable y excelente número musical.
Y hasta aquí la carrera cinematográfica de los Monty Python como grupo, que dejó estas cuatro películas de culto de las que cabe decir que hay un personaje que aparece en absolutamente todas ellas, incluida la serie, a veces representado mediante la animación de Gilliam y otras veces de otros modos; unas veces con la voz de uno de ellos y otras con la de otro, pero siempre siendo el mismo personaje: Dios.
Después de
esto, cada uno tomó un rumbo diferente, reuniéndose cada tanto para hacer
algunos directos y documentales:
Graham Chapman es de los que menos cosas han hecho tras la separación del grupo. Alguien lo definió como “una persona abiertamente gay, pero un alcohólico en el armario”, esto es debido a que, aunque sí reconoció abiertamente su homosexualidad, le costaba reconocer sus problemas con el alcohol que le dificultaron su carrera de actor. Pese a esto, hizo algunos proyectos para cine y televisión, destacando “Out of the Trees (1975-1976)”, “The Odd Job (1978)” y “Yellowbeard (1983)”, en la cual actuaba junto a Cleese. Después de reconocer su adicción, hizo giras como conferencista, contando todas sus experiencias, antes de fallecer en 1989 a causa de un cáncer. En su funeral, Eric Idle cantó un fragmento de "Always Look On The Bright Side Of Life", compuesta por el propio Idle y con la que se cierra la película “La vida de Brian”. Por su parte, John Cleese manifestó públicamente ser la única persona en haber dicho la palabra “mierda” en el discurso de un funeral, y esto es porque, a petición del propio Chapman, su gran amigo de la universidad, antes de morir, Cleese tenía que decir esa palabra en el discurso de su funeral. Y lo hizo.
Michael Palin, conocido como “el Python agradable", siguió discretamente con su carrera de actor, apareciendo en algunos proyectos dirigidos por su colega Terry Gilliam, y dedicó el resto de su carrera a viajar, haciéndose un experto, lo cual lo llevó a presentar un programa sobre viajes en la BBC. También publicó varios libros sobre viajes, así como la autobiografía de los Python. En 2019, fue condecorado como Caballero comendador de la Orden de San Miguel y San Jorge por sus contribuciones a la cultura (título que ya se había ofrecido antes a John Cleese y que este rechazó por, según él, ser “demasiado tonto”).
Eric Idle siguió su carrera en cine, TV y radio y llevó su faceta como músico y compositor un paso más allá, formando el grupo The Rutles, una parodia afectiva de The Beatles, que triunfó mucho en EEUU y que cuenta con su propia película. Aparte de esto, hizo muchos trabajos de doblaje para cine y TV e incluso para videojuegos, siendo la voz de Rincewind en el juego Discworld que adapta las novelas de Terry Pratchett. También se hizo cargo de “Spamalot (2004)”, el musical teatral de Broadway sobre “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”.
Terry Jones empleó su tiempo post-Python, sobre todo, como guionista y presentador de TV. Incluso dirigió un episodio de la serie “Las aventuras del joven Indiana Jones (1992-1993)”. En lo que se refiere al cine, en 1989 dirigió la cinta “Erik el vikingo (1989)”, donde también actuaba junto John Cleese en un reparto que contaba con Tim Robbins y Mickey Rooney. Fue guionista de la película “Dentro del laberinto (1986)”, dirigió documentales de historia y formó parte en los documentales sobre “La vida de Brian” y “El sentido de la vida”. En 2016 fue diagnosticado con una enfermedad degenerativa que le causó la muerte en 2020.
John Cleese, posiblemente el más conocido del grupo a causa de su carrera en EEUU, la cual le dio una proyección más internacional, siguió con una exitosa carrera de actor apareciendo en un total de 122 films, algunos muy conocidos, como “Silverado (1985)”, “Un pez llamado Wanda (1988)”, de la que también es guionista y en la que también actuaba Michael Palin junto a Jamie Lee Curtis y Kevin Kline, “Frankenstein de Mary Shelley (1994)”, junto a Robert de Niro, la saga de "Harry Potter" y un par de entregas del "James Bond" de Pierce Brosnan. También hizo mucho trabajo como actor de doblaje en películas de animación como la saga “Shrek” (junto con Eric Idle) o la española “Planet 51 (2009)”.
Terry Gilliam, pese a haber dedicado casi toda su carrera a la animación en su peculiar estilo, encontró su fuerte en la dirección, teniendo en su filmografía auténticas joyas, tales como “Brazil (1985)”, con Jonathan Pryce, Bob Hoskins y Robert De Niro; “Las aventuras del barón Münchausen (1988)”, con Uma Thurman y Robin Williams; “El rey pescador (1991)”, con Jeff Bridges, Robin Williams y Amanda Plummer; “12 monos (1995)”, con Bruce Willis, Madeleine Stowe, Brad Pitt y Christopher Plummer; “Miedo y asco en Las Vegas (1998)”, con Johnny Depp, Benicio del Toro, Tobey Maguire, Christina Ricci y Cameron Díaz; “Tideland (2005)”, con Jeff Bridges; “El secreto de los hermanos Grimm (2005)”, con Matt Damon, Heath Ledger, Monica Bellucci y Jonathan Pryce; “El imaginario del Doctor Parnassus (2009)”, película póstuma para Heath Ledger, que no pudo acabar el rodaje por su fallecimiento y que, aprovechando que el argumento lo hacía cruzar de un plano dimensional a otro, fue sustituido en dichos planos por sus amigos Colin Farrell, Jude Law y Johnny Depp, que no cobraron por su trabajo, pudiéndose así terminar el film. Su última película hasta el momento es “El hombre que mató a Don Quijote (2018)”, con Adam Driver, Jonathan Pryce, Olga Kurylenko, Stellan Skarsgard, Óscar Jaenada, Jordi Mollà, Sergi López y Rossy de Palma.
En definitiva, Monty Python fue un grupo de artistas que empezaron queriendo expresar sus ideales contraculturales, su concepción del arte y del humor y su irreverente modo de contar historias, y que acabaron siendo un referente pop y cultural sin parangón que ha dejado un legado inigualable del que pueden estar muy orgullosos. Ni ellos mismos se lo esperaban, así como… ¡nadie espera a la Inquisición española!





















