“El poder de la memoria alienta el poder de la imaginación. Y esa es la base sobre la que tenemos que crear algo nuevo”. Akira Kurosawa

19 abril, 2021

Los siete samuráis: la irrepetible más repetida



No es un secreto que “Los siete samuráis” (1954) es una Obra Maestra excepcional del Maestro Akira Kurosawa, como tampoco lo es que su obra sea una de las más influyentes de la historia del cine, habiendo sido adaptada, reinventada e incluso plagiada un buen número de veces. Y no solo en el cine, sino también en televisión, cómics e incluso videojuegos.

Es cierto que el director japonés tiene muy buenas películas desarrolladas en un contexto temporal más o menos contemporáneo al momento en que fueron rodadas, como son “El ángel borracho (El ángel ebrio)” (1948), “El perro rabioso” (1949), “Vivir” (1952) o “El infierno del odio” (1963), pero la mayoría de sus mejores y más representativas obras (y las que a mí más me gustan) son aquellas que se desarrollan en el Japón feudal, en un subgénero conocido como jidai geki y que Kurosawa supo exprimir al máximo con títulos como “La fortaleza escondida” (1958), “Trono de sangre” (1957), “Rashomon” (1950), “Barbaroja” (1965), “Yojimbo” (1961) y su secuela “Sanjuro (1962)”. Y, por supuesto, la mejor de todas ellas y que hoy nos ocupa.

El principio del camino

Akira Kurosawa
Pese a ser de 1954, “Los siete samuráis” tuvo listo su guion (un borrador de más de 500 páginas) varios años antes, pero la ocupación norteamericana de Japón tras la II Guerra Mundial, estableció la prohibición de producir films en los que aparecieran el código samurái del bushido y ocasionó que el libreto quedase congelado hasta que se levantó la prohibición, momento en el que él y sus coguionistas Hideo Oguni y Shinobu se encerraron durante 45 días a reescribirlo, acabando enfermos los tres, pero logrando su objetivo: un libreto para una película de 207 minutos que hablaba, en principio, de seis samuráis, incorporando el propio director al séptimo, encargado de ser la nota discordante y el toque de humor, un loco samurái llamado Kikuchiyo y que fue interpretado por un fijo en las películas de Kurosawa: Toshiro Mifune.

Las cosas no fueron fáciles. Tras un año de rodaje, la construcción de un poblado entero en entornos naturales y gastando más de lo que los estudios hubiesen deseado (en ese momento fue la más cara de la historia de la productora), la película se estrenó en una fecha en la que le tocó competir con otra histórica superproducción japonesa: “Japón bajo el terror del monstruo” (1954) o, lo que es lo mismo, “Godzilla”. Pero nada de eso pudo con los siete guerreros de Akira y, tras su estreno, se convirtió en la película japonesa más taquillera durante tres décadas.

Pero todavía no he hablado del argumento.

Póster original de la película
La premisa es simple: en época de hambruna, los campesinos de una pequeña aldea, apenas tienen para alimentarse ellos mismos, cuando una horda de despiadados bandidos que los visitan periódicamente para quitarles lo poco que tienen, aparece para avisarles que volverán en época de cosecha y se llevarán lo suyo.
Ante la amenaza y contando con la aprobación del anciano del pueblo, algunos aldeanos viajan a la ciudad en busca de guerreros mercenarios que estén dispuestos a ayudarles a cambio de comida y alojamiento, ya que no tienen dinero para pagarles.
Tras conseguir reunir a siete samuráis, cada uno de ellos con una habilidad concreta, éstos entrenarán a los aldeanos para luchar y fortificarán la aldea para defenderla de los bandidos.

¿Os suena? Probablemente sí. Esto ya lo habéis visto en algún sitio… o tal vez en más de uno. Después hablaremos de ello.

El film no es una Obra Maestra porque a alguien le apeteciese ponerle esa etiqueta, sino que cada uno de sus 207 minutos hace méritos para hacerse con ese apelativo.

Aunque sea el final de la película, me apetece empezar mencionando la batalla final, un titánico despliegue técnico y artístico que ocupa casi un tercio de la cinta o, lo que es lo mismo, alrededor de una hora de metraje. Rodada en pleno febrero, gélido en aquellas tierras, vistiendo ropas de samurái que, en el mejor de los casos, era llevar un taparrabos con algunas placas en el torso y bajo una lluvia artificial producida por seis camiones cisterna que no dejaban de rociar agua teñida de negro para poder ser captada por la cámara, la escena es, sin lugar a dudas, una maravilla del séptimo arte.

También tenemos el hecho de no querer rodar en platós y el uso de la multicámara, que dotó a la película de una fotografía excelente, unas escenas de acción mucho más naturales y creíbles y unas interpretaciones con mucha más libertad para los actores, que no tenían que estar pendientes de no salirse del encuadre. Y, sumado a todo ello, tenemos una grandiosa banda sonora a cargo de Fumio Hayasaka, de la cual destaca el tema central “Kanbei & Katsushiro (Kikuchiyo's Mambo)”, interpretado magistralmente por la Toho Symphony Orchestra.

Deteniéndonos en las interpretaciones, hay que destacar, como siempre, al bueno de Mifune como Kikuchiyo, un actor de método, de cuando los actores de método no existían, que sabía adaptarse a cualquier papel, ya fuese de héroe, antihéroe o villano; serio o payaso; emocional o violento. Tal era la confianza de Kurosawa en Mifune, que le dio total libertad de improvisación. Y Mifune le tomó la palabra, empezando por prepararse para el papel estudiando el comportamiento de los leones en su hábitat natural.

Toshiro Mifune

Pero no solo él acapara las miradas del espectador.

Takashi Shimura, otro habitual de Kurosawa, siempre excelente ante las cámaras, toma las riendas del grupo de mercenarios tanto en el film, en su papel de Kanbe, como entre bastidores, alzándose como el líder incondicional de un reparto que rebosa calidad artística. Desde Seiji Miyaguchi como Kyuzu, el frío asesino, una suerte de Lee Van Cleef a la japonesa (¿o era Van Cleef un Miyaguchi a la americana?), pasando por un acertadísimo Minoru Chiaki como Heihachi, en un papel clave, y acabando en un joven Isao Kimura como Katsushiro, encargado de llevar el peso de la inocencia entre el grupo de guerreros. Y sin despreciar ni a Daisuke Kato como Shichiroji ni a Yoshio Inaba como el buenazo de Gorobei. Ni sobra, ni falta nadie entre todos ellos. Ningunos otros podrían haber sido los siete samuráis.

Pero sí que podían ser otros, si en lugar de samuráis fuesen, no sé… ¿cowboys?

Influenciando al mundo

Como ya he comentado antes, la influencia de “Los siete samuráis” ha proyectado una larga sombra bajo la que muchos se han cobijado. El concepto de un grupo de mercenarios que ayudan a una comunidad oprimida por villanos se ha explotado hasta la saciedad en películas y en series como el “Equipo A” (1983-87), pero también en episodios aislados de otras muchas, tanto de imagen real, como de animación, y ha servido como argumento para videojuegos y cómics.

Pero no solo el argumento ha servido como influencia, sino también su modo de rodarla e incluso sus diálogos. De la ya mencionada escena de la batalla final, se han alimentado muchas otras como "Braveheart" (1995) o "Gladiator" (2000). De su técnica sin planos estáticos, han bebido producciones como “El Señor de los Anillos: Las dos torres” (2002), “Matrix Revolutions” (2003) o “Mad Max: Fury Road” (2015), que homenajea directamente la pelea en off que acaba con el héroe surgiendo victorioso de entre el polvo. De su épica y profundidad, han tomado referencias grandes directores, como han confesado George Lucas, Martin Scorsese y Steven Spielberg, pero también como Sam Peckinpah para su “Grupo Salvaje” (1969) o como Sergio Leone en todos sus spaghetti western (tanto, que el director italiano plasmó en “Por un puñado de dólares” (1965) un remake de “Yojimbo”), cosa que se extendió indirectamente a Quentin Tarantino, amante del cine de Leone y del de Kurosawa, pudiendo ver claramente estas referencias en “Kill Bill vol. 2” (2004) y “Django desencadenado” (2012).

El siguiente video de Fandor titulado “From Seven Samurai to Fury Road”, refleja algunas de estas influencias, mencionando incluso algunos de los remakes directos en los que yo me quiero centrar.

Tras recopilar un buen número de galardones, tanto dentro como fuera de Japón, e incluso de tener presencia en los Oscar de Hollywood, “Los siete samuráis” se convirtió en un clásico conocido en todo el planeta y muchos empezaron a fijarse en el potencial de su historia.

El primer remake

Seis años después de su estreno, Hollywood hacía llegar a las pantallas de cine “Los siete magníficos” (1960), una versión de la historia de Kurosawa adaptada al western por el director John Sturges, el cual recibió del director japonés una katana conmemorativa como muestra de lo halagado que se sentía por la versión estadounidense.

Los siete magníficos

Introduciendo el obvio cambio de sustituir a los samuráis por pistoleros, Sturges toma algunas secuencias de la original que reproduce plano a plano, así como algunos diálogos calcados. Con pequeños cambios en los personajes, como el de fusionar a Katsushiro y a Kikuchiyo en el personaje de Chico, interpretado magistralmente por Horst Buchholz, en general, recrea la historia y a los siete personajes de una forma muy fiel y con un acertadísimo casting en el que destacan Yul Brynner como Chris, el líder de los mercenarios y Steve McQueen como Vin, su mano derecha. Pero también brillan en pantalla Charles Bronson como Bernardo, Robert Vaughn como el forajido atormentado de nombre Lee o James Coburn como el frío asesino Britt, personaje muy fiel al Kyuzu de la original. Brad Dexter completa a los siete con su papel de Harry Luck, y no nos podemos olvidar de Eli Wallach como Calvera, el villano y líder de los bandidos, que hace las delicias del espectador devorándose la pantalla. Si bien su batalla final no es ni tan larga ni tan épica como la original, deja un muy buen sabor de boca.

Una de las mejores cosas de la película de Sturges es, sin duda, la banda sonora de Elmer Berstein, maravillosa de principio a fin y que incluso se permitió adaptar el tema central de “Los siete samuráis”, aunque no como tema principal, un privilegio que le tocó por derecho al estupendo y conocidísimo tema "Theme from The Magnificent Seven".

“Los siete magníficos” no es solamente un buen remake o una buena película, es las dos cosas a la vez y mucho más. Un referente del western de acción que dio para tres secuelas de mucha menor calidad, pero muy entretenidas: “El regreso de los siete magníficos” (1966), “La furia de los siete magníficos” (1969) y “El desafío de los siete magníficos” (1972).

Empieza la "sevenxploitation"

En 1967, Estados Unidos volvió a realizar un film inspirado en la obra de Kurosawa llamado “Cargamento de la muerte (Kill a Dragon)” (1967), pero en este caso ambientada en la China contemporánea, donde unos aldeanos contratan a un mercenario que, junto con su equipo de karatekas, ayudará al pueblo a librarse de un gánster y sus esbirros que amenazan su isla. Contando en su reparto con Jack Palance como gancho y explotando el cine de kárate que tan de moda tenían en ese momento Bruce Lee y sus homólogos, la película no pasa de ser una más entre los cientos de producciones de ese tipo.

En 1973, China decidió que tenía que devolver esa historia a oriente, haciendo su propia versión de la Obra Maestra del país vecino con "La playa de los dioses de la guerra" (1973).

La playa de los dioses de la guerra
Es esta ocasión nos topamos con una película mucho menos conocida y, aunque de una calidad inferior, mucho mejor de lo que parece en un primer momento. Escrita, dirigida y protagonizada a la vez por Jimmy Wang Yu, nos encontramos, de nuevo, con la premisa de un sector oprimido por la tiranía. En este caso se trata de piratas japoneses que intentan conquistar los pueblos pesqueros de la costa china usando la fuerza. Para superar esa crisis, se hacen con los servicios altruistas de un famoso espadachín que, poco a poco, irá reuniendo a varios guerreros con capacidades de combate especiales para que, junto a él, lideren y entrenen un ejército formado por los propios aldeanos.

Mezclando el cine bélico con el de artes marciales, añadiendo algunos tintes épicos y con alguna escena que hubiese firmado el mismo Sergio Leone, dado su aroma a western puro, la película funciona bastante bien y cuenta con una buena escena de batalla final con giro argumental incluido.

Con Bruce Lee convertido ya en una estrella sin parangón, a finales de los años 70, el cine de artes marciales había llegado a la cima, así que cuando Hong Kong decidió rodar una película que se inspirase en el argumento de “Los siete samuráis”, ni por un momento pensó en hacerlo de otro modo que mediante un film de lucha oriental. “La furia de los siete tigres” (1979), a priori otra película más de artes marciales, se distingue de las demás, no solo por adaptar el concepto del film de Kurosawa, sino también porque fue la primera película en contar en su reparto con siete maestros reales de siete doctrinas distintas de las artes marciales.
El argumento trata sobre un luchador que quiere derrocar a las escuelas de artes marciales de toda China para demostrar que sus técnicas son las mejores, pero los más grandes maestros de cada doctrina se unirán para acabar con él. Pese a contar con unas excelentes coreografías y unas peleas mucho mejores de las que podemos ver en otros films del estilo, el éxito de la cinta tampoco fue gran cosa.

Los 80 y el espacio exterior

Un año después y en un momento en que la industria cinematográfica había sucumbido a los jedis de George Lucas, que inundaban las salas tras el estreno de “La guerra de las galaxias” (1977), Estados Unidos volvió a la carga con una nueva versión de la misma historia aunque, en este caso, era más un remake directamente de “Los siete magníficos” que de “Los siete samuráis”, pero renunciando tanto al Japón feudal como al salvaje oeste para llevar la historia al espacio profundo en “Los 7 magníficos del espacio” (1980). Una película que, pese a ser entretenida de ver, queda a una distancia muy, muy lejana, tanto de la obra de Kurosawa como de la de Lucas.

Los 7 magníficos del espacio
El argumento trata del asedio a un pequeño planeta pacífico por parte de un
conquistador intergaláctico que tendrá que verse las caras con siete guerreros espaciales de diferentes sistemas que los aldeanos reclutarán y entre los que encontraremos a un esclavista mitad humano, mitad lagarto o a un grupo de sabios de tres ojos que comparten una única conciencia.

La dirección fue a parar a manos de Jimmy T. Murakami, un estadounidense de origen japonés, pero lo más sorprendente de esta película de serie B es encontrar en ella tres nombres muy destacables:

El primero, el de Roger Corman en la producción, hasta el momento, especializado en producir y dirigir cine de terror, más concretamente, aquellas películas que adaptaban la obra de Edgar Allan Poe. Pese a ser una cinta muy de andar por casa y ni de lejos lo mejor de Corman, hoy en día se la reconoce como un clásico y una de sus películas más importantes.

El segundo, el de, por aquel entonces, un joven James Cameron, que se encargó de la dirección artística haciendo auténtica magia para convertir un presupuesto irrisorio en unos efectos especiales muy por encima de la calidad de la película, en los que incluso se permitió incluir un retorcido sentido del humor, siendo un claro ejemplo el diseño de la nave del protagonista, que es un aparato reproductor femenino con sus trompas de Falopio y todo y con un par de senos en su parte inferior.

La nave-útero espacial

Y el tercero, el del compositor James Horner, que musicalizó esta película unos años antes de deleitarnos con la BSO de un film del propio Cameron como fue “Titanic” (1997). La correctísima música de este film espacial fue usada hasta la saciedad, tanto por el propio compositor, en otros films en los que trabajó, como por Roger Corman en posteriores producciones.

En el reparto tenemos alguna sorpresa más, empezando por Robert Vaughn, al que ya habíamos visto en “Los siete magníficos”, siendo el primer actor (que no el único) en repetir en dos películas basadas en “Los siete samuráis” y, además, haciendo prácticamente el mismo papel en las dos.

Lo acompañaron, entre otros, Richard Thomas en el papel protagónico (insultantemente inspirado en Luke Skywalker) y George Peppard en el papel de Cowboy, el único terrícola de la película que, vestido como un pistolero, en homenaje directo a “Los siete magníficos”, se pasa todo el metraje enseñando a los extraterrestres a beber whisky con soda y hielo que se prepara directamente de unos dispensadores de su cinturón. Es curioso que Peppard esté en una adaptación de “Los siete samuráis”, cuando su papel más recordado siempre será el de Hannibal, líder del “Equipo A”, una serie que nace directamente del concepto parido por Kurosawa. Por otro lado, tenemos a la exuberante austríaca Sybil Danning en el papel de Saint-Exmin, una especie de valkiria galáctica o amazona espacial que, aparte de ir en tanga y lucir un escote donde no hubo que aplicar efectos especiales, solamente es relevante por algo que sucedería tres años después, así que, apuntad el nombre. Por último, el siempre eficiente John Saxon sería Sador el conquistador, el malvado villano de la película.

Italia: gladiadores y pornografía

Llegamos a 1983. Hasta el momento, aparte de Japón, donde todo empezó, ya habían adaptado el argumento de esta película países como Estados Unidos, China y Hong Kong y su historia había explorado géneros como western, gánsteres, bélico, artes marciales e incluso la ópera espacial. ¿Quién se atrevería a dar otro giro de tuerca? ¿Qué país y qué género serían los escogidos para una nueva adaptación de la obra de Kurosawa? Fácil: Italia y el cine peplum. Así pues, Claudio Fragasso y Bruno Mattei (¿quienes, si no?) bajo la producción de Cannon Films (¿cuál, si no?) rodaron “Los siete gladiadores” (1983).

Los siete gladiadores
El cine italiano de entre los años 70 y 90, se caracterizaba por explotar y plagiar todo lo que podía. Desde cine de zombis a westerns, pasando por Alien, Conan, Terminator o Mad Max. Ahora era el momento de hacer su propia versión de “Los siete samuráis”, adaptándola mediante una película de gladiadores que, en realidad, era de un género más cercano al de espada y brujería que al peplum.

Escrita por Fragasso y dirigida por Mattei, para la que, ojo, no escogieron a cualquier actor, sino que el elegido fue un famoso actor y culturista de Brooklyn que había saltado a la fama interpretando a cierta masa verde de Marvel o, lo que es lo mismo, Lou Ferrigno, conocido por encarnar al increíble Hulk en su estado de cabreo masivo en la serie de TV y los telefilms. Pero no estaría solo, no, esto es cine italiano de los 80; había que poner a una mazizorra en tanga a su lado… Espera, ¿no había ya alguien con esas características en alguna otra adaptación de “Los siete samuráis”? ¡Cierto! ¡A Sybil Danning le quedaba de lujo el bikini espacial! Pues aquí le tocó ponerse el bikini de gladiadora y convertirse en la segunda persona en aparecer en dos películas que adaptaban la obra de Kurosawa. Robert Vaughn tendría que tomar cartas en el asunto...

El argumento: Más de lo mismo. En este caso, el villano es el invencible Nicerote y las asediadas son las mujeres del pueblo de Clusium. El bárbaro Han, espada de Aquiles (¡¿?!) en mano, será el encargado de reclutar a los siete guerreros que le ayudarán, entre los que encontramos a Goliat el gigante, Julia la guerrera o Scipio el ex-gladiador.

Llegados los 90, nos encontramos con que otros países que, hasta el momento, no se habían atrevido a hacer su propia adaptación de “Los siete samuráis”, se animaron a hacerlo con títulos de pésima calidad como la egipcia “Shams elzanaty” (1991), ambientada en la II Guerra Mundial o el film de Kazajstán “Dikiy vostok” (1993), ambientado en un mundo postapocalíptico. También Bollywood se subió al barco con una cinta de la India titulada “China Gate” (1998). Incluso el cine porno sacó su propia adaptación de la mano de Rocco Siffredi con “Rocco y los siete magníficos” (1998) que incluso tuvo secuela.

Samuráis animados

El mismo año de la versión pornográfica, paradójicamente, llegaba a los cines la adaptación para los más pequeños de la casa en forma de película de animación de manos de Pixar. Se trata de la excelente “Bichos, una aventura en miniatura” (1998).

Escena de "Bichos"
Lejos de ser solamente una película infantil, la cinta se disfruta mucho también a
ojos de un espectador adulto
. Tanto por la gran cantidad de guiños a “Los siete samuráis” como por un argumento sólido y dinámico que entretiene de verdad. Si a ello se le suma la siempre sobresaliente animación del estudio que Disney tuvo que comprar para no verse desbancada, queda un producto redondo.

Su argumento fusiona la historia de “Los siete samuráis” con la fábula de "La cigarra y la hormiga", siendo los asediados una comunidad de hormigas obreras y los bandidos una horda de terribles saltamontes. En este caso, los mercenarios que reclutarán no serán tales, sino un grupo de diferentes especies de insectos que son actores fracasados, despedidos de una compañía de teatro, que fingirán ser guerreros, dando pie a no pocos momentos cómicos en una película que también cuenta con aventuras, drama, romance y acción épica.

Volviendo a los orígenes

Llegados ya al siglo XXI, Japón haría, por primera vez, su propia adaptación. En este caso en forma de serie anime de una única temporada de 26 episodios llamada “Samurai 7” (2004), donde la historia es la misma que en la película original, cambiando el Japón feudal por un futuro distópico enmarcado en el género steampunk.

Siete Espadas
Un año más tarde, Hong Kong llegaría con una nueva adaptación titulada “Siete
espadas” (2005)
. Un wuxia ambientado en la China de principios del siglo XVII que narra la historia de cómo un antiguo sirviente de la anterior Dinastía, siente la necesidad de derrocar a la nueva y opresora Dinastía Ching. Para ello, viajará al lejano Monte del Cielo para pedir ayuda al Maestro de la Sombra Resplandeciente, un ermitaño que tiene a su servicio a unos discípulos expertos en el arte del manejo de la espada. La película, que recogió el premio a Mejor fotografía en el festival de Sitges de 2005, es una delicia a la vista que, pese a durar 150 minutos, no se hace larga en ningún momento, sino que es un placer que, desde aquí, recomiendo.

Humor inglés y remakes de remakes

Los once magníficos
Cuando parecía que todo el mundo se había subido al carro de adaptar “Los siete samuráis”, menos los británicos, llegó el año 2013 con la adaptación de Reino Unido en clave de comedia gamberra orquestada por Irvine Welsh, escritor autor de la novela “Trainspotting”, titulada “Los once magníficos” (2013). Y once no es un número al azar, ya que, en este caso, los “magníficos” no serán ni samuráis, ni cowboys, ni maestros de kárate, ni hormigas obreras, sino que serán los integrantes de la plantilla de un equipo de fútbol amateur local llamado Los cowboys, que tendrán que enfrentarse a un grupo de matones llamados Los bandidos… La comedia está servida.

Aparte de contar en su elenco con el actor Sean Pertwee, conocido por ser el mayordomo de Bruce Wayne, Alfred, en la serie de TV “Gotham” (2014), si hay algo en lo que destaca su reparto, es en contar como villano con Robert Vaughn, que se quitó así la espina de que le igualaran en haber aparecido en dos adaptaciones de “Los siete samuráis”, sumando así tres apariciones en tres adaptaciones.

Más tarde, Hollywood decidió hacer un remake de su propio remake de “Los siete samuráis” con “Los siete magníficos” (2016), la cual fue dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por Denzel Washington, Chris Pratt, Ethan Hawke, Vincent D'Onofrio, Peter Sarsgaard, Matt Bomer y Luke Grimes, entre otros, y que cuenta con las notas musicales originales de Elmer Bernstein adaptadas por, oh, sorpresa, James Horner, compositor del que las adaptaciones de la obra de Kurosawa no sabían desde aquella “Los siete magníficos del espacio”. He de reconocer que, en el momento de escribir estas líneas, todavía no la he visto, pero dicen por ahí que, sin acercársele ni un poquito a la original de John Sturges, no está tan mal como cabría esperar.

Los nuevos Siete magníficos
Por otro lado, desde 2008 se está hablando de un remake puro de "Los siete samuráis", es decir, no una versión o adaptación con otro título, sino un remake, remake. Un proyecto que se apagó y que de vez en cuando vuelve a encenderse solo para volver a apagarse. Veremos si al final se hace, aunque me resulta innecesario y no tendrá nada que hacer frente a la original.
También se escucharon rumores en 2011 de una versión adaptada al presente con mercenarios paramilitares tailandeses en lugar de samuráis. Incluso The Weinstein Company contrató los servicios de Scott Mann para hacerse cargo, pero de eso hace ya diez años y no se ha vuelto a hablar.

En definitiva

Ninguna de las adaptaciones ha podido superar o si quiera acercarse a la original de 1954, pese a que de entre ellas haya salido alguna obra realmente buena, como es el caso de “Los siete magníficos” de 1960. Pero lo importante no es haber tenido decenas de adaptaciones y que no la hayan igualado, sino, precisamente, que durante casi setenta años se hayan realizado esas decenas de adaptaciones, más las que, seguro, están por venir. Y eso sin contar las influencias indirectas, como las que ya mencioné al principio de la entrada. Todo ello ayuda a engrandecer todavía más una película que, incluso si no hubiese influido tanto en la cultura popular y cinematográfica, es de por sí una Obra Maestra irrepetible, por más que no dejen de repetirla.

Gracias, Akira. Gracias, Maestro.
Escena de "Los siete samuráis"
Como de costumbre, os dejo unas fotos con algunas de las películas mencionadas que tengo en mi colección particular.
Los siete samuráis

Los siete magníficos y sus secuelas

La playa de los dioses de la guerra y La furia de los 7 tigres

Los 7 magníficos del espacio y Los siete gladiadores

Bichos y Siete espadas

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