“El poder de la memoria alienta el poder de la imaginación. Y esa es la base sobre la que tenemos que crear algo nuevo”. Akira Kurosawa

14 mayo, 2021

Muertos vivientes II: El camino de Romero



Tras el estreno de “La noche de los muertos vivientes” (1968) y de su distanciamiento de John A. Russo, George A. Romero se hizo cierto nombre dentro del cine independiente y cumplió su sueño de dedicarse a rodar películas. Durante la década de los años 70, compaginó el estreno de films con algunos trabajos para TV. Bajo su batuta se estrenaron “There's Always Vanilla” (1971), en la que todavía colaboró con Russo en la producción y tras la que vino la ruptura definitiva, “La estación de la bruja” (1972), “Los crazies” (1973) y “Martin” (1978), pero, y pese a que, con los años, las dos últimas se han convertido en obras de culto, en ese momento su trabajo pasó bastante desapercibido.

cartel español de "Zombi"

Con “Los crazies”, Romero ya había vuelto a coquetear con el cine de “infectados”,
si bien en ese caso no eran zombis como tales, y demostró la importancia de la crítica social en sus films, pero un cine de serie B y de producción independiente necesitaba una proyección hacia el público mucho más agresiva para poder tener repercusión. Eso se lo proporcionaría el hecho de estrenar la secuela de una película que ya había dado la vuelta al mundo, una segunda parte de su Ópera Prima que se tituló “Zombi” (1978) y que, una vez más y diez años después del estreno de su primera parte, volvió a revolucionar el cine de terror.


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En 1974, Romero fue invitado al centro comercial Monroeville Mall por un amigo suyo que trabajaba para la compañía administradora del edificio. Después de enseñarle las instalaciones, su amigo le dijo en broma que el centro comercial estaba tan bien montado que alguien podría sobrevivir a algún desastre refugiándose dentro. Eso puso en su cabeza el germen que acabaría en un guion.

Aunque ahora disponía de más presupuesto para rodar sus películas, Romero tenía en mente invertir todavía más en la secuela de su película de muertos vivientes, así que se dispuso a buscar inversores. Convenció al dueño del centro comercial de Monroeville para invertir en la película y para ceder parte de las instalaciones como plató de rodaje, pero el inversor más importante llegaría por iniciativa propia.

Se trataba de un director, productor y guionista italiano que, durante los años 70, ya había realizado alguna pequeña joya de terror, pese a que lo mejor de su trabajo todavía estaba por llegar. Su nombre era Dario Argento, el cual acababa de estrenar “Suspiria” (1977), la primera de su “Trilogía de las tres madres” que continuó con “Inferno” (1980) y finalizó de forma tardía con “La madre del mal” (2007). Argento oyó hablar del proyecto y se ofreció como socio inversor a cambio de los derechos de distribución internacionales y de coescribir el guion junto a Romero.

George A. Romero con Dario Argento

Zombis a todo color

Estando ya casi en los años 80 y después de conseguir 1.5 millones de dólares de presupuesto (trece veces más que para la primera parte), la película abandonó el Blanco y Negro de su antecesora y se rodó en Technicolor. Pensilvania volvió a ser el estado escogido para su rodaje, en esta ocasión entre el Pittsburgh natal de Romero y el centro comercial de la ciudad de Monroeville.

un zombi "en colores"

El rodaje empezó a mediados de noviembre y duró cuatro semanas, pero no seguidas. Resulta que usaban el centro comercial por las noches, desde que cerraban las tiendas y hasta que volvían abrir por las mañanas, sin embargo, en diciembre debieron interrumpir el rodaje a causa de la decoración navideña del centro comercial, ya que resultaba demasiado trabajo retirarla y volverla a colocar todos los días. En enero se reanudó el trabajo de equipo y elenco. Un equipo y un elenco de los que saldrían dos nombres importantísimos, tanto para el cine de Romero, como para el de zombis en general: Tom Savini y Ken Foree.

Tom Savini
El primero de ellos, paisano del director, fue el encargado de los efectos especiales en la anterior película de Romero (“Martin”) y aquí repitió su trabajo, consagrándose como un experto en el maquillaje zombi y de terror en general, trabajando después con directores como el propio Dario Argento y Tobe Hooper, y en películas como “Viernes 13” (1980) donde, al igual que en la película que nos ocupa, hacía además de doble de acrobacias. Más tarde se atrevería con la dirección y la actuación, pero de ello hablaremos en el artículo sobre los remakes.


Ken Foree

El segundo era un actor que, hasta el momento, poco había hecho, pero rápidamente se convirtió en un referente del cine de terror y un fenómeno fan para los seguidores de este tipo de películas, apareciendo después en sagas como “La matanza de Texas”, “Halloween” o “El dentista” y trabajando con directores como Zack Snyder o Rob Zombie, para el que se convirtió casi en un muso. A Foree lo acompañaron en el reparto David Emge, Scott Reiniger y Gaylen Ross, entre otros, y el propio Tom Savini en el papel de un motorista.


El título, un asunto delicado

El principal problema era el título. Puesto que Russo, la otra mitad implicada en la primera parte, fue muy listo y se quedó con los derechos de explotación de la coletilla “living dead” ("muertos vivientes"), ¿cómo podría Romero estrenar una secuela de su película sin usar esas palabras? Pues fue algo tan práctico y simplista como eliminar el “living” y dejarlo en “of the dead”, pasando, pues, de un “de los muertos vivientes” a un “de los muertos”; coletilla que acompañaría para siempre al resto de películas de zombis del director.

cartel original de "Zombi"
Por otro lado, su intención era que la película comenzase justo donde la primera acabó. “La noche de los muertos vivientes” comenzaba al anochecer y terminaba al amanecer, discurriendo todo el film durante la noche, como reza su título, así que para la segunda parte necesitaba un título que hiciese referencia directa a eso, a la vez de reflejar el momento concreto del apocalipsis zombi, es decir, si la primera parte se centraba en el origen del mismo, la segunda parte tendría que mostrarnos el nacimiento de la invasión, su despertar, su amanecer…

Finalmente, y después de asegurarse de incluir, esta vez sí, el aviso de registro en los créditos, la película se tituló “Dawn of the dead”, literalmente, en castellano, “El amanecer de los muertos”. Pero claro, esto es España y aquí siempre ha importado bien poco cualquier significado poético o argumental que pudiese tener el título y se limitaron a titularla “Zombi”. Además, los derechos de explotación internacionales eran de Argento y él decidió ponerle ese título en Italia. Al final, era solamente una película de zombis, ¿no? Pues no.


El consumismo de los muertos

Llegó el flamante estreno de la película, que tuvo varios montajes, uno original de Romero de 139 minutos (conocida comúnmente como el “Montaje del director” o la “Versión extendida”) para el mercado anglosajón y uno internacional de Argento de 119 minutos para los países de habla no inglesa a la que, además, Argento le añadió más pistas musicales, en este caso, a cargo de la banda italiana de rock progresivo Goblin. También hubo un montaje exclusivamente estadounidense de 127 minutos, recortado para las salas de cine, para evitar la calificación X. De hecho, no se le otorgó calificación alguna, para extender su vida comercial.

Recaudando en su estreno más de 5 millones de dólares en tierras estadounidenses y 55 en el resto del mundo, “Zombi” es la película con más éxito comercial de la saga de Romero, además de una de las mejor valoradas por público y crítica.

el zombi del cartel promocional

Romero era ya todo un especialista en incluir la crítica social en sus argumentos, planteando una alegoría con la sociedad real mediante una sátira escondida en su apocalipsis zombi. En este caso, el director se centra en reflejar cómo los auténticos zombis de la vida real somos nosotros, el ser humano consumista que, como una horda de no muertos, vamos en masa a los centros comerciales a comprar cosas que no necesitamos. Así pues, el asedio de los muertos vivientes a ese centro comercial, podría ser perfectamente la masificación de clientes en época de compras navideñas, las colas eternas en un Black Friday o la batalla campal en plenas rebajas.


Encontrando un estilo

El aspecto técnico de la película, pese a recibir algunas malas críticas, sobre todo por las escenas más explicitas, había mejorado considerablemente, ya no solo desde la primera parte, sino incluso desde la anterior película de Romero. El maquillaje, ahora a todo color, creó escuela, junto con los efectos especiales, sobre todo en lo referente a sangre y vísceras, y es que, no en vano, algunos calificaron su modo de usar el gore como “una forma de arte”. Bien por Tom Savini.

Los zombis dejaron de ser solamente un contexto, un terror que está ahí afuera y que no es tan importante como lo que sucede adentro con el resto de personajes, y pasaron a ser un aspecto también muy relevante, incluso creando personajes zombis identificables que han pasado a formar parte de la memoria colectiva, como el inolvidable zombi Hare Krishna, y es que, al mismo tiempo de horrorizarnos con un terror directo, Romero también se permite introducir una leve vis cómica.

zombi Hare Krishna

No hay dos sin tres

Esta vez, Romero no iba a dejar pasar otros diez años. Tras el éxito de “Zombi” y consagrado ya como un director de culto en el género, el cineasta se permitió rodar, con Ed Harris como protagonista, una rareza como “Los caballeros de la moto” (1981), además de una colaboración con Stephen King como guionista, donde adaptarían un famoso cómic de terror en “Creepshow” (1982). Tras eso, se puso manos a la obra para cerrar su trilogía de los muertos. Si la primera parte sucedía de noche y la segunda al amanecer, era lógico que la siguiente transcurriese a lo largo del día. Llegaba así “El día de los muertos” (1985), título, esta vez sí, bien traducido en España y, una vez más, sin el "vivientes".


Los zombis más ambiciosos

El primer borrador del guion contaba con 200 páginas y profundizaba mucho en la evolución de los zombis o en cómo el ser humano se aprovecha de ellos. El ambicioso proyecto pasó por cinco versiones de libreto hasta terminar en uno mucho más simple de 88 páginas. Sin embargo, Romero no descartaría esas ideas y las guardó a buen recaudo. ¿Quién sabe si un día haría otra película de zombis...?

Su ambición no se quedaba en la historia, sino también en la puesta en escena, y es que Romero quería contar con 7 millones de dólares de presupuesto que sus inversores le concedían con una condición: la película tenía que ser, como muy restrictiva, de calificación R, para poder tener más tirón comercial y recuperar con creces la inversión. Romero prefirió que le diesen solamente la mitad, a cambio de que la autorizasen una calificación X y poder desplegar todas sus sanguinolentas ideas.

maquillaje y efectos visuales de Savini
Con el presupuesto reducido a la mitad y el libreto acortado considerablemente, lo que tendría que haber sido una gran producción para lo que el cine independiente suele ser, quedó en un film más modesto, pero cargado de la esencia que el director quería transmitir.

Greg Nicotero
Se rodó entre Florida y una mina de Pensilvania que quedaba lejos de la población más cercana, lo que hizo que el equipo tuviese que pasar las noches acampando en las inmediaciones, cosa que, debido al clima y a la humedad, trajo problemas en los aparatos y en las prótesis y maquillajes de Tom Savini que, pese a eso, acabó ganando el Premio Saturn al mejor maquillaje. Pero Savini no estaba solo en su trabajo, Romero le puso, para que aprendiese a su lado, a un joven, de nombre Gregory, que era
 sobrino de Sam Nicoterouno de los actores con los que Romero trabajó en su película "Los crazies" y que fue el que los presentó. Si no conocéis a ese joven, pero os suena haber visto escrito en alguna parte el nombre de Greg Nicotero, probablemente haya sido en los créditos de la serie “The walking dead” (2010-2022).


El anti belicismo de los muertos

Si la primera parte criticaba las diferencias entre clases sociales e incluso se la etiquetó de anti racista y la segunda era una crítica al consumismo y lo fáciles que somos de manipular, la tercera se encargó de criticar a los ejércitos y la disciplina militar, así como a la moral del ser humano y hasta qué punto un fin justifica los deshumanizados medios.

El argumento se centra en un grupo de militares atrincherados en un búnker, en un escenario en el que los zombis han conquistado el mundo en una proporción de 1 humano a 400.000 muertos vivientes. Desde su escondite, los soldados salen a buscar supervivientes, mientras los científicos se centran en buscar una cura experimentando con los zombis. Aunque años más tarde veríamos que no era así, la película jugaba con la idea de que los protagonistas fuesen los últimos supervivientes de la raza humana.

la milicia de "El día de los muertos"

Romero desencadenado

el entrañable Bub
En esta tercera parte, Romero renuncia a cualquier atisbo cómico en pro de ofrecer un tono implacable en cuanto a violencia explícita y mucho más agresiva que en las anteriores entregas. Al mismo tiempo, nos ofrece una evolución del zombi, llevándolos un paso más allá al mostrarnos que, a grandes rasgos, pueden llegar a ser adiestrados en ciertos aspectos, pero también a aprender y adaptarse por su cuenta. Nos muestra así a unos zombis más ágiles y fuertes, lo cual brinda unas más espectaculares escenas de acción y gore, donde vemos incluso desmembramientos en primer plano.

Sin embargo, eso no impide que sea la única de las tres películas en mostrarnos cierto grado de emoción en los zombis; concretamente en uno (otro) que ha pasado a ocupar un puesto de honor en la galería de zombis famosos por excelencia; se trata del conocido y dócil Bub. Con él, Romero lleva un nivel más allá el protagonismo de los no muertos que comenzó a darles en la anterior entrega.

Su reparto, sin tener un elenco estelar, cuenta con unos más que correctos Lori Cardille y Terry Alexander y un no tan correcto, pero sorprendentemente eficiente Joseph Pilato en los papeles principales.

Con una brutal y excelente banda sonora a cargo de John Harrison, un cartel
promocional que de pequeño me ponía la carne de gallina cuando lo veía en el videoclub y una recaudación en las salas de cine de 34 millones de dólares, “El día de los muertos” ponía el broche final a la saga de los muertos del maestro Romero.

O, al menos, eso es lo que se pensó durante lo que quedaba de siglo.

el cartel de mis pesadillas

Os dejo la foto del pack que contiene estas películas y que tengo en mi colección.
pack de Suevia con las películas

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