“El poder de la memoria alienta el poder de la imaginación. Y esa es la base sobre la que tenemos que crear algo nuevo”. Akira Kurosawa

15 enero, 2021

Los mitos del terror I: Los orígenes

Me gustaría hablaros de los que, para mí, son los tres grandes mitos del cine de terror llegados en una época en la que los films de este género invadieron las salas y los hogares dejando una huella imborrable.

Pero, como no es algo que se pueda contar en pocas líneas, iniciaré una serie de entradas divididas en capítulos. Hoy comenzaremos por los orígenes.

Si nos referimos a los monstruos o personajes de terror más famosos, y hemos de elegir solamente unos pocos, seguro que los que a la mayoría nos vienen a la mente son el conde Drácula, el monstruo de Frankenstein, el hombre lobo, la momiaFu-Manchú, el hombre invisibleJack el destripador, el fantasma de la ópera o el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Obviamente omitiendo todos aquellos personajes modernos como pueden ser Freddy KruegerJason VoorheesNorman BatesHannibal LecterMichael MyersLeatherface, o Jigsaw.

Parte de la galería de monstruos clásicos

Pero es de esos primeros que he nombrado de los que a día de hoy más versiones, adaptaciones o secuelas se han hecho, y los que más campos abarcan, tales como cine y TV, literatura, cómics, juegos de rol, juguetes, disfraces y un sinfín de sectores más.

Son los clásicos del terror por antonomasia, y por más que Chucky, el muñeco diabólico, Ghostface, el asesino de la saga Scream o cualquier otro de los monstruos contemporáneos se hayan hecho un lugar entre los más conocidos y consumidos, nadie negará que los que fueron, son y serán los auténticos ancestrales, son sin duda los que nombré primero.

Pues bien, hay tres actores que han interpretado, y en muchos casos en más de una ocasión, a casi todos esos personajes clásicos.
Ellos son para mí los tres grandes del terror, los mitos indiscutibles que han hecho que muchos de estos personajes sean hoy lo que son y no hayan caído en el olvido. Estoy hablando de Bela LugosiBoris Karloff y Lon Chaney Jr.

Bela Lugosi, Boris Karloff y Lon Chaney Jr.

Luego llegaron otros, en ocasiones mejores, en otras peores y en otras con el mismo talento que estos tres, como pueden ser Vincent PriceChristopher LeeGlenn StrangeJohn Carradine o Peter Cushing; grandes entre los grandes, pero, aunque algunos de ellos hayan sido mejores actores, no reflejan lo que representan los tres que crearon las bases del género en el cine sonoro.

No fueron actores que sirvan como ejemplo de lo que significa interpretar, no son las mejores referencias en arte dramático y no llegaron a la gran pantalla para conseguir llenar una vitrina de premios al mejor actor.
No, no fue eso lo que hicieron. Lo que hicieron fue crear unos personajes, hacerlos suyos, imbuirlos de su propia personalidad haciendo que naciera un monstruo paralelo al original de sus respectivas novelas o leyendas populares. Fabricaron al Drácula del celuloide, que poco tiene que ver con el de Bram Stoker, pero que sigue siendo el que nos imaginamos cuando nos lo nombran; construyeron al monstruo de Frankenstein del cine, poco fiel al de Mary Shelley pero sin duda el que todos tenemos en mente; confeccionaron al hombre lobo de la gran pantalla, análogo al de los mitos y leyendas que se colocó por encima de éstas siendo el que todos proyectamos en nuestra cabeza cuando lo imaginamos.

Estos tres hombres, de vidas trágicas y difíciles, son los responsables de que los monstruos del cine sean tal y como los conocemos.

Lon Chaney sénior

Puesto que en este primer capítulo os hablo de los orígenes, cabe destacar que hay un cuarto mito que podría catalogarse como “el mito de los mitos del cine de terror”, que es anterior a los tres de los que os hablo (en fama y trayectoria, pero no en edad en todos los casos) y que, seguramente, fue una referencia para ellos. Por lo menos para Lon Chaney Jr. seguro que lo fue, porque hablo ni más ni menos que de su padre: Lon Chaney, “el hombre de las mil caras”, conocido así por su habilidad para encarnar cualquier tipo de papel y por su facilidad para el disfraz, para los cuales él mismo ideaba y elaboraba su maquillaje.

Os escribo un poco sobre él pero no lo incluyo entre los actores de los que os quiero hablar porque este actor pertenece a una generación anterior, la del cine mudo, y falleció en 1930, justo cuando la oleada de cine de terror sonoro comenzaba, dejando a sus espaldas, ya que era bastante reacio a las nuevas tecnologías, un solo film no mudo que produciría la Metro Goldwyn Mayer: “El Trío Fantástico (The unholy three, 1930)” del director Jack Conway, remake sonoro de su versión muda de 1925 del mismo título dirigida por Tod Browning y que también protagonizó Chaney.

Tras el estreno de la versión sonora, Lon Chaney firmó una declaración jurada donde decía que cinco de las voces de la película eran suyas: el ventrílocuo, la anciana, el muñeco, la joven y el loro, demostrando en su único film sonoro que sus grandes cualidades artísticas no eran únicamente de interpretación corporal y que, si hubiese sobrevivido al cine sonoro, muy probablemente hubiese cambiado la historia del cine tal y como la conocemos. Fue un maestro.

Jorobado de Notre Dame y Fantasma de la ópera de Chaney

Pero no necesitó de ese cine sonoro para dejar una huella imborrable. Chaney también dejó atrás muchos títulos mudos de terror en los que fue el pionero en crear, personalizar y eternizar al monstruo interpretado, a los cuales hizo suyos, sobre todo, gracias a sus maquillajes propios, logrando también que a día de hoy y por muchas versiones que se hayan hecho, los imaginemos todavía tal cual él los dio a luz, como pueden ser Quasimodo en "El jorobado de Notre Dame (1923)" o Erik en "El fantasma de la ópera (1925)" entre otros muchos.

Sobre la representación tan personal de sus personajes, Chaney afirmó en una entrevista a la revista “Movie:

Quería recordarle al público que incluso quienes se encuentran más abajo en la escala de humanidad pueden tener en su interior la capacidad de sacrificio. El pordiosero empequeñecido y deforme que vemos en las calles podría tener los más nobles ideales. La mayoría de mis papeles desde El jorobado de Notre Dame, como El Fantasma de la Ópera, He Who Gets Slapped, El trío fantástico, etc., han tenido incorporados el tema del sacrificio y la abnegación. Son estas historias las que quiero contar".

En 1957 Joseph Pevney dirigió una película biográfica de la vida de Lon Chaney titulada "El hombre de las mil caras (1957)” donde James Cagney daba vida a Chaney. Os la recomiendo encarecidamente.

Aquí podéis ver un tributo a Lon Chaney que he encontrado en Youtube.


Antes de que las compañías norteamericanas comenzaran su epopeya con los mitos del terror, el cine de miedo tuvo sus inicios, como todos los géneros, y quiero explicarlos brevemente:

En los años 20, el cine mudo, concretamente el europeo, fue el precursor del género, en gran medida gracias al expresionismo alemán, un estilo de hacer cine que debe su nombre al género expresionista en pintura y que se basaba en planos rodados mayoritariamente en interiores y que nos mostraba escenarios anormales: fondos pintados con colores chillones, arquitectura de extrañas formas cubistas, ventanas triangulares o trazos oblicuos que por lógica habían de ser de ángulos rectos. Si comparamos este estilo con lo que hoy podemos encontrar en nuestras pantallas, bajo mi punto de vista, el director Tim Burton debe al expresionismo alemán el peculiar modo de escenificar sus películas. Aprovecho y manifiesto, como ya he dicho varias veces, que sería muy apropiado si el señor Burton pensara en hacer un remake de “El retrato de Dorian Gray (1945)”.

Expresionismo alemán puro en "El gabinete del Dr. Caligari (1920)"

Max Schreck como Nosferatu
Este estilo trajo, entre otros, títulos como “
El Gabinete del Dr. Caligari (1920)”, probablemente el referente más claro en este estilo. Mas tardé evolucionó a uno más realista con una iluminación de más complejidad, escenarios naturales y exteriores más reales, siendo su máximo exponente, tal vez, la polémica y conocida obra “Nosferatu (1922)” que perdió un juicio en el que fue acusada de plagio por la viuda de Bram Stoker, el escritor de Drácula, ocasionando que muchas de sus copias acabaran en el fuego.

Estos son los inicios que más tarde dieron lugar a lo que conocemos como cine clásico de terror por parte de las productoras estadounidenses, de las que escribiré en el siguiente capítulo de "Los mitos del terror".

Os dejo una foto de algunas piezas que tengo en mi colección de estas películas que conforman el origen del cine de terror, aunque me faltan muchísimas, así como la película biográfica de Lon Chaney.
Algunas piezas de mi colección pertenecientes a los orígenes mudos del cine de terror y el biopic de Lon Chaney

Resto de capítulos de Los Mitos del Terror:
Cáp. II
Cáp. III y Cáp. IV

Experimentando con Moreau

Las novelas del británico H. G. Wells tales como “La máquina del tiempo (1895)”, “El hombre invisible (1897)” o “La guerra de los mundos (1898)”, han sido adaptadas al cine, a la TV e incluso a la radio en infinidad de ocasiones. No iba a ser menos su obra “La isla del doctor Moreau (1896)”, de cuyas adaptaciones quería hablaros hoy.
La primera de ellas llegó en 1932 de la mano de Paramount Pictures en un intento de hacerle sombra a la, por aquel entonces, todopoderosa Universal Pictures que, en pleno apogeo del cine sonoro, empezó a cosechar el éxito en las salas de cine con los primeros compases del que después fue conocido como el “Universal Horror”, un universo cinematográfico plagado de películas individuales y crossovers corales donde convivirían los llamados “Universal Monsters” que, en realidad y lejos de ser una creación de los estudios, eran monstruos clásicos extraídos de novelas, leyendas populares y mitología.
H. G. Wells
Hasta el momento, Universal Pictures había estrenado “Drácula (1931)”, “El Dr. Frankenstein (1931)” y en ese mismo año vería la luz “La momia (1932)”. Todas ellas cosechando un éxito imparable que harían del cine de terror el acontecimiento cinematográfico del momento, así como sucede ahora con el cine de superhéroes.
Sus competidoras intentaron imitar el sistema adaptando el terror desde novelas, relatos e incluso poemas, como los de Edgar Allan Poe. Así que Paramount apostó por el conocido novelista inglés y una de sus obras más centradas en el terror y así llegó el estreno de “La isla de las almas perdidas (Island of Lost Souls, 1932)”.
Una libre adaptación de la novela dirigida por Erle C. Kenton y protagonizada por uno de los actores del momento, Charles Laughton, y que también tuvo un pequeño pero importante papel para Bela Lugosi, ya famoso en Hollywood después de interpretar a su inmortal Conde Drácula. A destacar el hecho de que Kathleen Burke, la modelo que interpretó al resultado del experimento genético Inter especies del doctor, aparecía en los créditos como “la mujer pantera” para, aprovechando que no era conocida, hacer creer al espectador que ella era realmente un monstruo en la vida real.
Elenco de "La isla de las almas perdidas"

Para mí la mejor adaptación hasta ahora, una recomendable película previa al código de censura hollywoodiense que llegaría en 1934 y que, gracias a esto, nos muestra escenas oscuras, lujuriosas e incluso obscenas donde vemos vivisecciones, se refleja lo más oscuro de la sociedad y hasta se plantea una relación sexual entre especies, tan tabú en aquellos años, y que hicieron que la cinta fuese censurada en Inglaterra durante 27 años.
No fue hasta 1959 que se volvería a adaptar la novela, aunque esta vez de forma no oficial, desde productoras menores y no exclusivamente estadounidenses, ya que fue una coproducción entre EEUU y Filipinas. Precisamente a un director filipino, Gerardo de León, fue a quien se le entregaron las riendas de este film de bajo presupuesto que se rodó en Manila.
La isla del terror (Terror is a man, 1959)” no es una película demasiado original ni demasiado fiel a la novela, además de que, por falta de derechos, el doctor pasa de llamarse Moreau a llamarse Girard, sin embargo, destaca por unos personajes políticamente incorrectos y totalmente fuera de los estereotipos, con lo que resulta complicado identificarse con ninguno, aunque esto le da un plus de interés a su visionado.
Engendro de Moreau made in Filipinas

Como curiosidad, comentar que de León quiso evocar a mi querido William Castle añadiendo a la película el sonido de una campana que sonaba justo antes de las escenas más “aterradoras” para alertar al espectador más sensible de lo que estaba a punto de aparecer en pantalla.
Ya en los años 70’ llegó una nueva versión no oficial y de nuevo coproducida entre Filipinas y EEUU, “Los hombres del ocaso (The Twilight People, 1972)”, donde se escogió como director a otro filipino, Eddie Romero, conocido por sus películas de serie B sobre bestias peludas, mad doctors y otras criaturas por las que se convirtió en un icono del cine exploitation y por el que Quentin Tarantino ha manifestado su admiración. De hecho, en el reparto de esta película podemos encontrar a la actriz Pam Grier, musa del blaxploitation y con la que, más tarde, Tarantino contó para su película “Jackie Brown (1997)”.
Más maquillaje filipino
Es aquí donde la historia de Wells se desfigura por completo dando lugar a un despropósito cinematográfico que, si bien está lejos de alcanzar las cuotas del buen gusto, no deja de tener un “nosequé” que te impulsa a terminarla.
Al final de la década de los años 70 llegó la cuarta adaptación, esta vez oficial y la primera en llevar por título el mismo que la novela, “La isla del doctor Moreau (The Island of Dr. Moreau, 1977)", de manos de AIP (American International Pictures) y dirigida por Don Taylor, para la que se apostó por Burt Lancaster como el Dr. Moreau, acompañado por Michael York, Barbara Carrera y Nigel Davenport.
En aquellos años, la saga de “El planeta de los simios” de 20th Century Fox era todo un éxito y los estudios AIP decidieron explotar el cine de ciencia ficción echando mano de varias obras de H. G. Wells, estrenando así “El alimento de los dioses (1976)”, “El imperio de las hormigas (1977)” y esta cuarta adaptación de los experimentos de Moreau.
Esta es una buena película y, qué duda cabe, se acerca más a la novela que las anteriores entregas, sin embargo, en un guion escrito ya en el último cuarto del siglo XX, los experimentos del doctor pasan de estar basados en los injertos de miembros y órganos a la investigación genética basada en el ADN, cosa inexistente cuando Wells concibió la novela en el siglo XIX. Ello hace que todo sea más verosímil científicamente hablando, pero también saca el terror de la ecuación dejando todo en manos de la ciencia ficción y, por lo tanto, perdiendo la esencia básica de la historia. Pese a todo, una muy buena película que no consigue derrocar a la primera adaptación como la mejor hasta el momento.
Barbara Carrera y Michael York en la versión de 1977
Y, por último, llegamos a la más reciente versión “La isla del Dr. Moreau (The Island of Dr. Moreau, 1996)", aquella dirigida por uno de los mejores directores del siglo XX, John Frankenheimer, y protagonizada por Marlon Brando, Val Kilmer, Ron Perlman y Mark Dacascos, entre otros. Una película plagada de problemas.
Para empezar, el guionista Richard Stanley iba a ser también el director, pero no pasó de la primera semana, cuando fue despedido por la productora New Line Cinema. Ni siquiera Frankenheimer, al que llamaron después, fue capaz de arreglar un rodaje que pasó por peleas entre Kilmer y Brando que hacían inaguantable el día a día, peleas entre actores y equipo técnico, inclemencias del clima que hacían imposible el rodaje… Todo ello culminado por un batacazo económico en taquilla y seis nominaciones a los premios Razzie. Para más detalles, recomiendo el documental “Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley's The Island of Dr. Moreau (2014)”.
Marlon Brando como el Dr. Moreau
En cualquier caso, una película que, solamente por la presencia de Brando y por haber sido Frankenheimer el que finalizó el rodaje de todas las escenas, ya merece un visionado que perfectamente se puede disfrutar.
De nuevo, para los que hayáis llegado hasta aquí sin aburrirse, gracias por leer y aquí os dejo una foto de mi colección de versiones de “La isla del doctor Moreau”.
Mi colección de versiones de "La isla del doctor Moreau"

El superhéroe miope

"Vip, mi hermano superhombre" es un largometraje animado italiano de 1968 dirigido por Bruno Bozzetto.
"Los hermanos Vip: Super Vip y Mini Vip, son dos superhéroes que vienen de una larga estirpe de superhombres con poderes. Ahora tendrán que enfrentarse a un villano sin igual".
Carátula del DVD italiano
Película icónica de mi infancia que me impactó cuando la vi un sábado o domingo por la mañana en uno de los, por aquel entonces, recientemente estrenados canales privados. No recuerdo si fue en Tele 5 o en Antena 3. Lo normal para un largometraje animado en fin de semana por la mañana era ser emitido en Antena 3, pero la nacionalidad de la película me hace pensar que pudiese haber sido en la cadena de origen italiano Tele 5, ya que en sus inicios mucho de su contenido era de allí, por el tema de los derechos y licencias ya adquiridas en Italia.
Recuerdo que me pareció para adultos, y lo es, aunque la puede ver un niño sin traumatizarse, pero tiene esa esencia que recuerda a películas como "Vampiros en la Habana", aunque sin el sexo ni el lenguaje malsonante. En cualquier caso, no es una película de superhéroes al uso, es decir, aunque en Super Vip podemos ver todas estas cualidades, la película no se centra en la perfección y la invencibilidad del superhéroe cotidiano, como tradicionalmente se plasman a estos personajes en pantalla, sino que se centra en Mini Vip, el hermano acomplejado nacido con un problema genético que, no solamente hace que sus poderes sean mucho más limitados, sino que lo hicieron ser bajito y miope.
Mini Vip, el imperfecto
También, por la época de la película, los villanos y las escenas de acción recuerdan mucho (salvando las distancias) a una película de 007 de las primeras, las de Sean Connery.
Aunque la película la puede disfrutar un niño, no es hasta que uno es adulto cuando comienza a ver la carga de crítica social que acompaña al film, donde vemos reflejados con ironía los estilos de vida basados en el consumismo, la explotación industrial, el racismo e incluso una denuncia al nazismo camuflada mediante alguna referencia indetectable para los más pequeños.
El caso es que recuerdo que la película me gustó y nunca más pude dar con ella, ni siquiera sabía el título, hasta que investigué por internet y la pude encontrar.
El perfecto Super Vip y su legión de fans
No existe edición DVD española ni ninguna de las existentes (italiana y británica) llevan idioma español ni subtítulos en castellano, aunque puede encontrarse por la red en español latino.

Es posible que cuando la vi en TV fuese también en latino, pero hubiese jurado que fue en castellano de España. Sin embargo, en la web www.eldoblaje.com no existe su ficha.
En cualquier caso, toda una rareza que vale la pena visionar si se tiene la ocasión. La recomiendo.

Los trucos de William Castle

Uno de mis directores favoritos es el neoyorquino William Castle, aquel al que denominan el maestro del terror de la serie B.

No es de mis favoritos por ser un gran director, que no lo fue, sino por su forma peculiar de dirigir imprimiendo a sus películas un tono desenfadado y jovial presente incluso en sus obras de “terror” que hace que te devores sin apenas darte cuenta cualquiera de sus largometrajes que, dicho sea de paso, rara vez superaban los 85 minutos.
Castle con su inseparable puro
Castle se dio a conocer más por su labor promocionando sus películas que por su trabajo en la dirección de las mismas. Y, en esta faceta, sí fue todo un genio.
En la mayoría de sus películas podemos verlo al inicio hablándole al público, haciendo una introducción de lo que iban a ver, y algunas veces también al final. Al más puro estilo Alfred Hitchcock en sus series para TV. De hecho, muchos lo han calificado de imitador de Hitchcock y algo de eso hay, es cierto, pero Castle supo imprimir a sus películas un carácter propio que nadie más supo replicar.
Algunos lo tachaban de tramposo y tampoco iban muy desencaminados, puesto que su fuerte era el uso de los gimmicks (literalmente: trucos) para atraer al espectador a sus proyecciones. Pero no hacía uso de estos trucos con ánimo de engañar, ya que el público se deja traicionar una vez, pero no dos, sino como un modo de interactuar con el espectador creando así una experiencia única. Así pues, la gente seguía acudiendo a sus estrenos, que eran todo un acontecimiento, precisamente por estos trucos, que eran la esencia de sus películas. Un divertido juego para los espectadores, con los que Castle buscaba tener esa complicidad.
Algunos de sus gimmiks pasaban por parar la película justo antes de la escena final mostrando en pantalla un segundero en cuenta atrás con su voz en off que decía algo así como “Esta es la pausa del cobarde. Si cree que no va a poder aguantar el horror del final de la película, tiene menos de un minuto para abandonar la sala. Dese prisa, quedan 10 segundos… 5, 4, 3, 2, 1…”.
La pausa del cobarde
Otro ejemplo: proporcionar al público un “visor de fantasmas” indispensable para poder ver a los fantasmas que aparecerían en la película, invisibles para el espectador si no usaban el artilugio, que no era más que una lámina con papel celofán de dos colores, igual que el de las gafas 3D anaglíficas. El truco estaba en poner en las escenas un filtro de color donde los fantasmas apenas podían percibirse si no se aplicaba otro filtro de otro color externo, en este caso el papel celofán. Justo antes de cada escena donde aparecían los espectros, la película avisaba al público de que tenía que usar el visor. Si el espectador decidía que quería ver a los fantasmas, tenía que mirar a través de una de las ventanitas, creo que era la roja, pero si le daba miedo y no quería verlos, solamente tenía que mirar por la azul.
Foto durante el rodaje de "13 fantasmas"
En otro caso, después de finalizar la película, aparecía el director dirigiéndose al público y pidiéndoles opinión sobre el final: “¿Creen que el final está mal? ¿El villano debió haber tenido un mayor castigo? En sus asientos tienen un cartel como éste (con el dibujo de un puño con el pulgar extendido). Si creen que el final está bien así, levanten el cartel con el pulgar hacia arriba, si creen que no, hagan lo mismo con el pulgar hacia abajo…”. Evidentemente, Castle no podía saber lo que el público votaría, pero fingía hacer un recuento entre los espectadores para finalmente ofrecer el final verdadero (y único), pero haciendo sentir al público que ellos lo habían escogido así.
Hay muchos más trucos en sus films, pero lo voy a dejar en estos tres ejemplos.
Eso sí, quisiera destacar que todas estas jugadas maestras de Castle se mantienen hoy día en sus ediciones en formato doméstico, bien sea DVD o Bluray, así que, si os hacéis con una copia de “Los 13 fantasmas (1960)”, aseguraos de disponer de unas gafas 3D anaglíficas o, al menos, un poco de papel celofán rojo y azul. En el caso de ver esta película en formato digital (Filmin la tiene en su catálogo, junto con otras 5 suyas), no podréis disfrutar de este efecto, ya que se ha tratado la imagen para que los fantasmas se vean siempre sin necesidad de filtros externos.
Opino que William Castle tuvo cuatro fases significativas en su carrera (al menos yo la divido así):
Una primera fase bastante poco atractiva que se desarrolló entre 1943 y 1947, donde operaba entre el drama, el cine romántico y el cine negro (sobre todo este último), donde destacaron títulos como “The Whistler (1944)” y sus secuelas.
Una segunda fase entre 1948 y 1957 donde coqueteó mucho con el western y con alguna cinta de aventuras, repitiendo otros géneros de su primera fase, pero en menor medida. Aquí se podrían destacar cintas como “Undertow (1949)”, “Crimen en Hollywood (1951)” o “El americano (1955)” con Glenn Ford. Pero tampoco es una etapa demasiado buena y nunca se habría hecho un nombre de seguir por estos derroteros.
Después llegó una gloriosa tercera fase entre 1958 y 1965 donde Castle se encontró a sí mismo y su faceta más explotable: El terror o, más bien, “terror”, ya que mucho miedo no metían.
¿No es un encanto?

Es en esta fase donde podemos encontrar su etapa de gimmiks o trucos y sus títulos más emblemáticos como “Macabre (1958)”, “Escalofrío (The Tingler)” y “La mansión de los horrores (House on Haunted Hill)”, ambas con Vincent Price y ambas de 1959, “Los 13 fantasmas (1960)”, “El Barón Sardonicus (1961)”, donde el guion era una mezcla entre “Drácula” y “El fantasma de la ópera”, “Homicidio (1961)”, un descarado intento por exprimir el éxito de “Psicosis (1960)” de Hitchcock, “13 chicas aterrorizadas (1963)”, que se vendió como una cinta entre el terror y el thriller de espionaje pero que era más bien una especie de película de Marisol pero sin las canciones y con una trama de espías de por medio donde había más comedia infantil que cualquier otra cosa, “La vieja casa oscura (1963)”, que es un remake de “El caserón de las sombras (1932)”, “Amor entre sombras (1964)”, también conocida como “Caminante nocturno” y, para finalizar esta etapa, dos películas con la grandiosa Joan Crawford: “El caso de Lucy Harbin (1964)” y “Jugando con la muerte (1965)”.
Por último, su cuarta fase, desde 1966 y hasta el fin de su carrera como director en 1974 donde, aparte de probar suerte con la comedia y con un único film de ciencia ficción “Project X (1968)”, Castle casi se arruina y acabó dedicándose más a la producción de series de TV y de otras películas, entre ellas “La semilla del diablo (1969)”, la cual quiso también dirigir, pero el estudio le impuso a Polański (menos mal). Igualmente, solamente por haberla producido (hipotecando su casa para pagar los derechos de la novela), fue el film que lo salvó de la ruina.
Ya que también hay muchos que denostan la obra de este director, para el que todavía dude de la influencia real que ha tenido, decir que hay tres famosos directores que se han declarado seguidores de William Castle y que, de un modo u otro, han querido homenajear su carrera.
El primero de ellos, el controvertido John Waters (Pink Flamingos, 1972), que, en honor a Castle, estrenó su película “Polyester (1981)” anunciando que podría verse en formato “Odorama”, es decir, que podría “olerse” la película. Para ello repartió tarjetas que había que usar en determinados momentos de la película y que emanaban diversos olores, desde perfume, cuero y gasolina, hasta el olor de una flatulencia. Un truco muy atribuible a Castle.
Otro de sus fans declarados es el gran Joe Dante (Gremlins, 1984), el cual filmó “Matinee (1993)” donde el personaje de John Goodman era una especie de versión de Castle y sus gimmiks.
Y, por último, nuestro querido Robert Zemekis (Regreso al futuro, 1985) que, homenajeando a William Castle, fundó la productora “Dark Castle Entertainment”, encargada de devolver a Hollywood películas de menos presupuesto, pero con esa esencia, e incluso produjo dos remakes de obras de Castle: “House on Haunted Hill (1999)” y “13 fantasmas (2001)”, ambas adaptaciones de novelas de Robb White.
Si has llegado al final de este post, primeramente, gracias por tu paciencia. Y, en segundo lugar, quería compartir contigo esta foto con la selección de 11 films que he hecho de la obra de William Castle para mi colección de películas. Y digo una selección, primero porque no me gustan todas sus películas y prácticamente solamente salvaría su tercera etapa y, segundo, porque tampoco todos sus films están editados en formato doméstico.
Mi colección de películas de William Castle
Por cierto, como se puede ver, “Los 13 fantasmas” está dos veces, una por separado y otra en un pack con “Homicidio”. Esto se debe a que la primera ya la tenía y la segunda es muy difícil de encontrar por separado y salía mucho más barato comprar el pack de dos, aunque repitiese una de ellas.
Así pues, estas son las 11 películas de este director que quería en mis estantes y con ellas doy por finalizada mi colección de la filmografía del maestro del terror de la serie B, William Castle.

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