“El poder de la memoria alienta el poder de la imaginación. Y esa es la base sobre la que tenemos que crear algo nuevo”. Akira Kurosawa

23 mayo, 2021

Muertos vivientes IV: El verdadero camino de Russo



John A. Russo había tenido en su mano el poder seguir con la saga que inició junto a su colega George A. Romero con “La noche de los muertos vivientes” (1968), de hecho, tenía todo a su favor: haber coescrito y producido la primera parte, tener en su poder los derechos sobre la coletilla del título “living dead” y haber escrito en los años 70 una novela llamada “Return of the living dead”, una secuela directa y en el mismo tono oscuro que la película original. Pero, a la hora de llevarse a cabo y después de haber vendido el proyecto a unos estudios, el que sería su director, Dan O’Bannon, reescribió la historia, otorgándole un tono de comedia que se estrenó como “El regreso de los muertos vivientes” (1985) y, pese a haber formado parte del proyecto como productor, Russo quedó fuera de las secuelas que surgieron de ésta. Pero Russo no quería estar fuera, así que buscó la manera de volver.

diferentes ediciones de la novela de Russo "Return of the living dead"


Reeditando el clásico

Corrían los últimos años de la década de los 90 y, por lo tanto, del siglo XX; habían pasado más de 10 años desde el estreno de “El regreso” y casi 30 años desde que estrenaron “La noche” y Russo seguía pensando cómo volver a subirse al barco de la saga de los muertos vivientes, cuando se encendió una bombilla sobre su cabeza: si el gran error con el copyright del título de la primera parte propició que cualquiera pudiese hacer versiones y remakes de la misma ¿porqué no él mismo? Nació así el proyecto de “La noche de los muertos vivientes: Edición 30 aniversario” (1999).

póster del film
El objetivo era reeditar la película original mostrando una nueva historia, escrita por el propio Russo, mediante nuevas escenas rodadas para la ocasión y una nueva banda sonora, además de la eliminación de parte del metraje original. Conjuntamente con escribir el guion, Russo también se encargaría de la dirección del film, así como del montaje y la producción del mismo, pero necesitaba socios que lo ayudasen.

Para la producción, empezó por contactar con Russell Streiner, el antiguo socio de él y de Romero en The Latent Image, aquella empresa de publicidad que tenían los tres antes de meterse en el mundo del cine; un Streiner que también fue productor de “La noche” junto a ellos. También convenció a dos actores de la película original para asociarse con él como productores: Karl Hardman, el que había encarnado a Harry Cooper, el odioso padre de la familia confinada en la casa, así como a Bill Hinzman, el que había interpretado al zombi del cementerio y primer zombi romeriano en aparecer en una pantalla y que, como ya os expliqué, también fue camarógrafo de la película.

Para que lo nuevo y lo viejo tuviese coherencia, también necesitaba un director de fotografía y a alguien que lo ayudase en el montaje de todo el material. El elegido para las dos tareas fue el propio Hinzman, y es que, desde que se convirtió en un icono pop tras interpretar al zombi trajeado, Hinzman aprovechó su fama y ya había hecho sus pinitos en el cine como algo más que actor o cámara, estrenando “La venganza de los zombies vivientes (Flesh Eater)” (1988) donde hizo las veces de director, productor, escritor y montador, además de actor, interpretando, como no podía ser de otra manera, a un zombi trajeado.

Hinzman vuelve 30 años después

 

La polivalencia de los muertos

"La venganza de los zombis vivientes"
La película de Hinzman, que contó con tan solo 60.000 dólares de presupuesto y que fue directa a videoclub, se basaba enteramente en su personaje, inspirado claramente en el que le dio la fama, y el título lo tomó prestado del que se registró (y finalmente se descartó) para la película de Romero, “Night of the flesh eaters”. Aunque, cinco años más tarde, la cinta de Hinzman fue reeditada con alguna escena recortada, bajo el título de "Zombie Nosh" (1993), que es como muchos la conocen.

En el reparto contó con Heidi Hinzman, su propia hija, una niña en aquél entonces, y con Vincent D. Survinski, quien ya trabajó antes a las órdenes de George A. Romero como actor en la propia “Noche de los muertos vivientes”, pero también en “There's Always Vanilla” (1971), “Los crazies” (1973), “Martin” (1977), “Zombi” (1978) y en labores de producción en “La estación de la bruja” (1972), “Los caballeros de la moto” (1981) y “Creepshow” (1982).

Pese a todo, el film era una terrible producción de serie Z, un claro exploit de la saga zombi de Romero en general y del personaje de Hinzman en particular. Sin embargo y precisamente por ese cariño que los fans le tienen a Hinzman y a su personaje, hoy se considera una película de culto.

Licina, párroco y compositor
Así pues, Hinzman, además de volver a interpretar a su famoso zombi, se encargó de la fotografía de los algo menos de 15 minutos de nuevas escenas, rodadas en Blanco y Negro, y después, con la ayuda del propio Russo, se encargó también de su montaje junto con las escenas originales, de las cuales descartaron alrededor de otros 15 minutos, quedando una duración final similar a la de la original. No contento con eso, Russo le pidió a Hinzman que le cediese una escena de su película “Flesh Eater” para añadirla al final de su nueva producción.

Otro que demostró su polivalencia fue Scott Vladimir Licina, que interpretó el papel de un reverendo en los reshoots, a la vez que se encargaba de componer una nueva y totalmente innecesaria banda sonora.

 

Una nueva vieja historia

El objetivo de Russo era darle un aire totalmente distinto a la película, incorporando un nuevo arco argumental en el que, de alguna manera, se cuenta el origen (que no la causa) de la vuelta a la vida de los muertos. En otras palabras: vemos como se levanta el primero de los cadáveres, el interpretado por Hinzman, que aquí resulta ser un violador y asesino de niños al que acaban de ejecutar y que dos transportistas están llevando al cementerio de la primera parte, frente a un párroco y los padres de la niña violada, para darle sepultura en un funeral anónimo que, obviamente, no acabará como esperaban.

el zombi de Hinzman resucita por primera vez

Por su parte, Bill Hinzman logró colar en el reparto a su hija Heidi, ahora ya una veinteañera, en un papel que nada tenía que ver con el que rodó de niña en la película de su padre.

Sé que todo esto no os debe estar sonando nada bien, pero… pero nada, estáis en lo cierto. La versión de Russo, que acabó estrenándose directamente en formato doméstico, es un total despropósito, innecesaria, horrible a la vista, al oído y, si eres de los nostálgicos, también horrible al corazón. Un montón de imágenes rodadas con poco gusto y menos sentido, que no combinan en absoluto con las excelentes imágenes rodadas por Romero para la original, con interpretaciones lamentables y todo ello aderezado con una banda sonora que no funciona en ningún momento.

Sin embargo, el objetivo de Russo nunca fue el de limitarse a reeditar la película original, sino el de volver a poner su nombre en primera línea y aprovecharlo para su verdadero propósito: rodar la secuela oscura que siempre quiso rodar y así iniciar su propia y longeva saga de películas.

 

Los cimientos de una nueva secuela

Russo había participado tanto en “La noche de los muertos vivientes” como en “El regreso de los muertos vivientes”, la secuela no romeriana y primera de la saga “living dead” y, ahora, también era el artífice de ese engendro llamado “La noche de los muertos vivientes: Edición 30 aniversario”. Solamente tenía que conseguir una historia que pudiese continuar los argumentos de todas ellas y convertirlo en una secuela directa de las tres películas, a la vez que expondría un nuevo argumento oscuro y retorcido que rompiese tanto con el tono independiente de Romero, como con el tono cómico de la saga “living dead”. Era el momento de su gloriosa y soñada secuela. Y ahora, en color.

cartel de la película
Joe Wolf, un productor especializado en cine de terror con títulos a su espalda como "Halloween II: Sanguinario" (1981), "Halloween III: El día de la bruja" (1983) o "Pesadilla en Elm Street" (1984)sabiendas de las ganas de Russo por encontrar una historia para su secuela (y, no nos engañemos, sabiendo también que tenía los derechos sobre la coletilla "living dead", siempre jugosa para el público), se acercó a él con la propuesta de que se uniese a la producción de una nueva película de zombis con un presupuesto de 500.000 dólares y para la que ya tenía un guion preparadoCon Joe Wolf como productor ejecutivo, esta vez Russo se limitaría a ser productor asociado, labor que compartiría con Karen Lee Wolf, la inexperta hija de Joe. Cuando Russo leyó el guion le pareció, usando sus propias palabras, "horrible", pero Joe Wolf no admitía ningún cambio en el libreto y Russo necesitaba esos recursos para consagrar su saga, así que aceptó. Cuando se enteró de que quien había escrito el guion había sido Karen, la hija de Wolf, Russo comprendió todo. Era su dinero y la película de su niña, así que Russo no tenía nada que hacer al respecto. Se le otorgó la dirección a un inexperto Tor Ramsey que nunca antes había dirigido una película (y nunca más lo volvió a hacer) y para la fotografía, Russo pudo delegar, una vez más, en Bill Hinzman.

Todo estaba listo para arrancar el rodaje de “Los hijos de los muertos vivientes” (2001).


Secuela de muchas, pero de ninguna

La historia del guion de Karen Wolf gira en torno a Abbot Hayes, un violador muerto cuyo cuerpo desaparece del depósito de cadáveres, descubriéndose que ha vuelto a la vida provocando una pandemia zombi a su paso. Tras controlarse el brote, todo queda en el olvido, pero Hayes sigue en pie y oculto. 14 años después, cuando un empresario quiere trasladar los cuerpos del cementerio para levantar un concesionario de coches, Hayes entra en acción y vuelve a infectar a personas con el objetivo de crear un ejército de zombis a su servicio y vengarse... no queda claro de qué. Ese nuevo ejército es al que se refiere el título de la película como "childrens", no por ser niños, sino por ser la nueva generación de zombis.

Para tristeza de Russo, el argumento no justifica en absoluto ser una secuela ni de "La noche de los muertos vivientes", en ninguna de sus dos versiones, ni de “El regreso de los muertos vivientes”. Lo único que hace es una referencia indirecta a que "anteriores acontecimientos de brotes zombis" fueron culpa de Hayes, pero, por fechas, no podrían ser los de la película original y por causas, tampoco podrían ser los de la secuela de Dan O'Bannon, que ya dejó claro que tenían su origen en el gas Trioxin.

zombis de segunda generación

Con respecto al tratamiento de los no-muertos, en especial del zombi principal, la primera incongruencia con todo lo que se había hecho hasta el momento es que Hayes tiene super fuerza, es inteligente, calculador y malo, muy malo. Además, y eso es lo peor, se da una nada necesaria y surrealista explicación de cómo comenzó todo, de porqué volvió a la vida, y ya podéis iros olvidando de experimentos militares, radiación nuclear o incluso de vudú, magia negra o extraterrestres; el motivo por el que Abbott Hayes vuelve a la vida y comienza a convertir en zombis a la gente es porque, cuando era pequeño, su madre lo obligó a vestirse de niña, causándole un trauma que lo hizo regresar de la muerte para vengarse de gente que no conoce de nada y que no tiene nada que ver con su niñez ni con su puñetera madre.
 
El maquillador de la película, Vincent Guastini, que describió a esta nueva versión de muerto viviente, como "el Nosferatu de los zombis", decidió que, tras el impás de 14 años y para reflejar que el zombi se encuentra en un mayor estado de descomposición, lo mejor era añadirle cosas que en su primera etapa no tenía. Aparte de agregarle unos brillantes ojos azules y unas largas uñas (y largos dedos ¡¿?!), también se le puso un maquillaje que no pasaba de ser una máscara y unos guantes de látex de los que se pueden encontrar en el bazar chino en época de Halloween. De hecho, en Internet puede encontrarse a subasta la máscara que se usó en el rodaje junto a un certificado de autenticidadEso sí, pese a todo, la película consigue crear a un nuevo personaje icónico para la galería de estrellas zombi, aunque esta vez sea para mal, pero el "rey de los zombis" Abbott Hayes interpretado por A. Barrett Worland logra ese cometido. Incluso, supongo que por su pasado de travestido, hay una comunidad de transexuales con web que se lo ha adjudicado como insignia.

zombi de AliExpress con certificado de autenticidad

Rodando, rodando, la acabaron cagando

La producción fue caótica, empezando por el reparto, que volvía a contar con la enchufada y mediocre Heidi Hinzman, hija del bueno de Bill, en un nuevo papel distinto al que interpretó en la “Edición 30 aniversario”. También contaba con Sam Nicotero un veterano que no queda exonerado de ser un mal actor, pese a ser el tío del grandioso experto en maquillaje zombi Greg Nicotero que llegó a "The walking dead" (2010-2022) gracias a que comenzó con Romero en "El día de los muertos" (1985) porque su tío los presentó. Un reparto que no salvó ni el hecho de contar con un nombre muy importante en el micro universo de zombis que inició Romero: Tom Savini, aquel que acaparó premios a mejor maquillaje y que, además de los efectos especiales, se encargaba de las escenas de riesgo. Y sí, también era aquel que dirigió con criterio el primer y mejor remake de “La noche de los muertos vivientes” allá por 1990. Pero de eso ya hablaré en el artículo correspondiente. El caso es que su presencia no fue suficiente para salvar algo de la película, ya que su protagonismo era un gancho publicitario y aparece solamente los primeros 14 minutos de metraje.

Tom Savini en plan Rambo

Los problemas continuaban con el guion de Karen Lee Wolf que, como ya he dicho, a Russo le parecía malísimo, pero imaginaos hasta qué punto era malo, que, antes de contratar a Ramsey como director, el propio Joe Wolf, padre de la guionista/productora, estaba interesado en dirigirlo, hasta que lo leyó y salió corriendo para dejarle el marrón a otro. Además, Karen no consentía la más mínima modificación del libreto y no paraba de recortar el presupuesto inicial, lo que ocasionaba cosas como la escena de la furgoneta cayendo por un precipicio, que es sencillamente imperdible (por lamentable). 

Pero en la dirección tampoco fueron pocos los problemas, ya que Tor Ramsey, el director elegido, aseguró que le fue imposible contar con los miembros del equipo que tenía en mente desde el principio, porque los productores John A. Russo y Karen L. Wolf no paraban de imponerle para estos puestos a amigos suyos sin experiencia.

Rizando el rizo, se decidió eliminar el sonido original y doblar toda la película, pero sin contar con actores reales de doblaje, siendo los mismos actores doblándose a si mismos. Aparte de que ellos no sabían doblar, el que se ocupó de la sincronización del nuevo audio tampoco sabía montarlo, así que durante más de la mitad de la película, los diálogos no concuerdan con los labios de los actores. Y, por si todo eso fuese poco, uno de los miembros del equipo técnico derramó accidentalmente gelatina sobre uno de los rollos de película que quedó inservible, teniéndose que volver a rodar todas las escenas que contenía.

que aprendan los de "Fast and furious"

Finalmente y pese a todo, lograron acabar el rodaje y se estrenó directa a videoclub, teniendo una cosa muy buena a su favor: puso de acuerdo a público y crítica. ¿En qué? En que es una una bazofia infumable y una basura catastrófica de proporciones titánicas. Sus escenas de acción son una imitación barata (más) de los peores mockbusters turcos de los 80s, pero dando la sensación de que van a cámara lenta (pero no lo van); sus interpretaciones son de vergüenza ajena (yo llegué a ruborizarme por empatía sintiendo en mí el ridículo que algunos llegan a hacer); sus diálogos, los pocos que hay, porque en un 90% son gemidos y gritos de terror y agonía que llegan a agotar, son lo más tonto que alguien pudo escribir no estando en coma; su maquillaje es como el que uno puede hacerse en casa para carnaval, pero habiendo olvidado comprar las brochas de maquillaje (y el maquillaje); su dirección es como alguien lanzando dardos de espaldas, colgado bocabajo y con los ojos vendados; y su banda sonora es como arañar una pizarra con un tenedor mientras alguien, de fondo, golpea una cazuela con un cucharón al ritmo de La Macarena.

Si no me creéis a mí, creed las declaraciones de los propios implicados: John A. Russo dijo cosas como “Quise renunciar a la película todos los días de rodaje, pero no podía porque toda esa gente hubiese perdido el trabajo de todo un verano”. O cosas como “Esperábamos que mejorase tras ser revisada, en cambio, el resultado final es una mierda”. Tom Savini también fue muy sincero al declarar que el film fue “la película de mierda más grande jamás realizada”. También Tor Ramsey, el director, no escatimó en sus declaraciones cuando, en alusión a la guionista y productora Karen Lee Wolf, dijo “La mujer que la produjo era idiota. Creo que su padre le dio esa película como regalo y ella no sabía qué diablos estaba haciendo” o una perla como “La película ni siquiera debería estar en los estantes de los videoclubs”.

el ataque de cara de látex

Al final, una saga no tan longeva, John

Como consecuencia de todo esto, Russo vio frustrado por segunda vez cualquier plan que tuviese de crear su propia saga, siendo la indigesta “Los hijos de los muertos vivientes” la última incursión de John A. Russo en el universo que ayudó a crear en 1968, aunque no así en el mundo del cine zombis en general, donde probó suerte una última vez, escribiendo, dirigiendo y protagonizando el film “My uncle John is a zombie!” (2016), una comedia de terror donde un muerto viviente anciano, interpretado por Russo, se ha hecho famoso por tener la capacidad de hablar y razonar y al que sus sobrinos han de ocultar de unos cazadores de zombis que quieren acabar con él por mero deporte. Un argumento absurdo que, paradójicamente, es la mejor obra de Russo relacionada con los zombis desde que se alejó de su colega. Y es que, Romero, siempre fue mucho Romero.

Russo como muerto viviente en “My uncle John is a zombie!”

En el próximo artículo seguiré con un nuevo capítulo de la serie "Muertos vivientes".

Mientras tanto, dejo aquí una foto de las películas que de las que he hablado que tengo en mi colección particular.

las dos "joyitas" de John A. Russo

el pequeño film de culto de Bill Hinzman

Parte IParte II, Parte III, Parte V,
 Parte VI, Parte VIIParte VIII

22 mayo, 2021

Muertos vivientes III: El camino de Russo (que no lo fue)



Como ya os conté en anteriores artículos, después del estreno de “La noche de los muertos vivientes” (1968) y del desastre que supuso no poner el aviso de copyright en los créditos iniciales, haciendo que se convirtiese en una película de domino público, la relación entre George A. Romero y el que fue su socio en esa primera parte, John A. Russo, se deterioró, acabando en que cada uno fuese por su lado. Romero se fue con su fama bien ganada como director del film, pero Russo se fue con los derechos de la coletilla “living dead” para usarla en posibles futuras secuelas.


Se vende guion, poco uso, perfecto para regalo

Durante la década de los años 70 y antes de que Romero estrenase su primera secuela, Russo se puso manos a la obra para hacer su propia segunda parte del film, encargándole el guion a Rudy Ricci, el que fue guionista de la última colaboración entre Romero y Russo, “There’s always vanilla” (1971) y que también había sido uno de los zombis en “La noche de los muertos vivientes”. Basándose en la novela que el mismo Russo había escrito, titulada “Return of the Living Dead”, Ricci escribió una historia que iba a ser una secuela directa, ambientada en el mismo pueblo que la primera parte, y su tono iba a ser tan serio y terrorífico como su antecesora. Sin embargo, Russo no quería seguir los pasos de Romero, que se decantó por seguir haciendo cine independiente que se auto-producía mediante inversores externos. No, Russo no quería asumir riesgos y buscaba una productora que le comprase el guion.


Pasaban los años y el proyecto, que el propio Russo iba a dirigir, no encontraba respaldo. A finales de esa década logró venderlo a Tom Fox (que, a su vez, se lo ofreció a Orion Films) y encontró un director mejor que él para llevarlo a cabo: Tobe Hooper, que pocos años antes había estrenado con enorme éxito “La matanza de Texas” (1974). Sin embargo, éste acabó abandonando el barco por los constantes retrasos de su puesta en marcha, y es que no convencía una película de esas características tan oscuras, además, los zombis empezaban a perder interés.

Entonces llegó el estreno de “Zombi” (1978), la secuela de Romero, que reavivó el interés en el género, lo cual propició que se renovasen las ganas por llevar a cabo la película de Russo.


Habemus director

Dan O'Bannon
Finalmente, y ya entrados en la década de los 80, se encontró un director que, en realidad, no lo era. Se trataba de Dan O'Bannon, el que había sido guionista y candidato a dirigir “Alien, el octavo pasajero” (1979) y que no lo consiguió, siendo Ridley Scott el que llevó su libreto a la gran pantalla. O’Bannon, por fin, encontró la oportunidad de dirigir un film, pero no estaba nada de acuerdo con el guion de Ricci, así que lo reescribió cambiando totalmente el tono de la película. Al fin y al cabo, estábamos ya en los 80 y el público había cambiado mucho.

Pese a los cambios, se mantuvo el título de la novela de Russo, un título que sí podía contener el “living dead” de la original y que, aunque con menos poesía que los títulos de Romero, era un título perfecto para una secuela: “El regreso de los muertos vivientes” (1985).

cartel de la película
Con un presupuesto de casi 5 millones de dólares, una vez que ya estaban todos los cabos bien atados, Russo intentó contactar con Romero para que formase parte de la producción del film, aunque fuese de forma simbólica, apareciendo en los créditos. Hay quien dice que Russo solamente buscaba que el nombre de su ex-colega sirviese como gancho comercial, y otros opinan que era una muestra de agradecimiento. En cualquiera de los casos, Romero nunca contestó a las llamadas.


Cambiando las reglas

No fueron pocos los cambios que O’Bannon introdujo. Empezando por el tono general, que pasó de un serio, seco y dramático terror, a la más irreverente y gamberra comedia negra de terror. Continuando con cambiar las reglas establecidas por “La noche”, que aquí son ignoradas con zombis que no mueren con disparos en la cabeza, que son rápidos, pensantes e incluso que hablan al grito de “¡cerebros!”, ya que, en este libreto, lo que los zombis comen no es carne humana, sino exclusivamente materia gris, que es lo que les alivia su dolor. Los cambios culminan con una explicación científica sobre el origen del alzamiento de los muertos, ignorado a conciencia en la película original. Aquí se nos explica que todo es culpa de un gas creado por el ejército, el "Trioxin 245" que, por supuesto, acaba siendo liberado al inicio del film, ocasionando el contagio masivo. De hecho, al principio de la película, y esto es lo que la convierte en secuela directa de “La noche de los muertos vivientes”, se da una explicación de que, lo acontecido en esa película, sucedió realmente y ellos tienen un bidón que contiene el cuerpo de uno de aquellos zombis.

un nuevo perfil de protagonistas
Por otro lado, los protagonistas tenían que ser visualmente rompedores, de esos que quedan bien en un póster promocional, así que se optó por una pandilla de punkis que se cuelan en un cementerio. El lenguaje soez, el alcohol y los desnudos harían el resto.

El reparto contaba con la scream queen Linnea Quigley, a la que ya habíamos visto en “Noche de paz, noche de muerte” (1984), y el polémico desnudo (un striptease en el cementerio) corría de su cuenta. La cosa fue así: después de rodarlo, a los productores, escandalizados, les pareció demasiado explícito, así que decidieron volverlo a rodar, pero esta vez pidiendo a Quigley que se rasurase el vello púbico, pensando que así sería más sutil. Error. Quitar el vello hizo que se viese todavía más lo que no querían que se viese, así que lo rodaron una tercera vez, pero incorporando una prótesis de látex en su vulva, lo que la hizo parecer un ser hermafrodita o una suerte de muñeca sin genitales.

Linnea Quigley y su striptease con prótesis

A Quigley la acompañaban Thom Mathews y Miguel Núñez, ambos, actores que después pudimos ver en diferentes secuelas de la saga “Viernes 13”. Pero no solo de punks vive el zombi, así que el elenco también nos presentaba a actores veteranos en otros roles como fueron James Karen, al que habíamos visto en “Poltergeist” (1982) o Clu Gulager, al que recordaremos de la saga “Pesadilla en Elm Street”, en el papel de embalsamador nazi que, originalmente, iba a ser para Leslie Nielsen, al que no pudieron pagarle su elevada nómina.

Tarman saliendo de su bidón
Efectivamente, O’Bannon acertó, logrando que, tras su estreno en 1985, mismo año en que Romero estrenaba su tercera parte, “El día de los muertos” (1985), fuese la dirigida por O’Bannon la que obtuviese mayor aceptación entre el público joven, que buscaba más risas que sustos, aunque con una peor rentabilidad en taquilla, habiendo recaudado poco más de 14 millones de dólares.

Cabe decir que, al igual que en las películas de Romero, “El regreso de los muertos vivientes” cuenta con su propio zombi-icono pop, en este caso el zombi encerrado en el bidón al que llamaron Tarman, encarnado por el actor Alllan Trautman.

Como curiosidad, destacar que una de las frases publicitarias de la película, "Tienen hambre y no son vegetarianos", corrió a cargo de Matt Groening, el que cuatro años después sería el creador de la longeva serie “Los Simpson” (1989-¿?).


Una saga con carácter propio

Pese a que los films de Romero obtuviesen un estatus de cine de culto y revolución del subgénero zombi, la película ideada por Russo, que originalmente iba a ser un mero exploit de las de su ex-colaborador, acabó teniendo entidad propia y funcionó muy bien, sobre todo en el formato doméstico, siendo una de aquellas cintas que siempre se encontraban alquiladas en el videoclub. Eso animó a las productoras a crear su propia saga, paralela a la de Romero y muy alejada de sus películas, manteniendo ese tono de terror y comedia mezclado con una estética moderna a mitad de camino entre el pop y el punk.

Así pues, y con Romero habiendo concluido ya aparentemente su saga de no muertos, se puso en marcha rápidamente la producción de la segunda (¿o sería tercera?) parte de esta nueva saga. Pero esta vez Russo no formaría parte del proyecto, ni como productor, ni como guionista, ni como creador de la historia. Eso sí, seguía siendo el dueño de la coletilla “living dead” que le seguiría proporcionando beneficios. Sin embargo, Russo siempre se quedó con las ganas de tener su propia secuela de esta nueva línea argumental surgida a raíz de su idea. Tal vez el tiempo le daría su oportunidad...


La secuela de la secuela

cartel de la secuela
Tom Fox contrató a un bastante desconocido Ken Wiederhorn como guionista y director de una secuela que, en ciertos aspectos, parecía más un remake de “El regreso de los muertos vivientes” que una segunda parte, pero añadiendo más comedia y gamberrismo a la misma y contando con gran parte del reparto de la anterior, pero en distintos (aunque similares) papeles, como fue el caso de James Karen, Thom Mathews, Jonathan Terry y Allan Trautman.

Llegó así a las pantallas con un título nada imaginativo: “Return of the Living Dead: Part II”, aunque en España se la llamó “La divertida noche de los zombis” (1988). Aparte de ciertos guiños a su antecesora (como que uno de los actores que aparecía en la anterior diga algo así como “creo que esto ya lo he vivido”), un zombi parodiando al de Michael Jackson en el videoclip de “Thriller” o una nueva forma de matar a los zombis, electrocutándolos, la película aporta bien poco y acaba siendo un producto más discreto que la anterior, que no llega al calificativo de “obra de culto” que sí tuvo su antecesora, pero, igualmente, tuvo buena aceptación entre el público, sobre todo y una vez más, entre los consumidores del formato doméstico, así que dio para una nueva entrega.


Romeo y Zombieta

Sin embargo, esa entrega no fue tan premeditada como cabría esperar. A grandes rasgos, podríamos decir que una pareja que quería meterse en el tema de la producción cinematográfica, se puso en contacto con un director, diciendo que tenían los derechos de la saga, solo para que, después de que se iniciase la preproducción, se descubriese que no era así.

Brian Yuzna
Ese director no era otro que Brian Yuzna, el productor de films de serie B tan importantes como “Re-Animator” (1985) y director de otros no tan buenos, pero igual de conocidos, como “La novia de Re-Animator” (1990) o “El dentista” (1996) y “El dentista 2” (1998). Yuzna tiró de contactos y consiguió que Mark Amin, un ejecutivo de Trimark Pictures, comprase los derechos y le diese la dirección a él.

Así nació “Return of the Living Dead: Part III” que aquí se tituló “Mortal Zombie” (1993). Con libreto de John Penney, la historia mantenía un paralelismo con “Romeo y Julieta”, solo que, en este caso, la joven Julieta sería una especie de zombi-punk con conciencia propia. De hecho, esa es una de las pocas aportaciones de la película al concepto zombi: el de un sujeto resucitado que, con las obvias transformaciones y “mejoras” genéticas, mantiene por completo la conciencia, el habla y, bueno, otros instintos muy humanos.

cartel de Mortal Zombie

Yuzna nunca ha sido un gran director y se puede comprobar en esta película que no llegó a las salas de cine, pero, como ya venía sucediendo con todas las películas surgidas del camino tomado por John A. Russo, en el videoclub sí que fue todo un éxito.

Aparte de una atractiva (y nada más) Melinda Clarke en el papel principal y de J. Trevor Edmond como el novio cegado de amor, en el elenco se cuenta también con un pequeño papel para Brian Peck, que ya había aparecido en las otras dos partes.

Melinda Clarke desayunando

Nada más que exprimir

Se podría decir que la saga “living dead”, nacida en el camino de Russo, quedaba ya muerta y enterrada, aunque alguien compró los derechos y en 2005 produjo dos secuelas más para TV, las dos estrenadas el mismo año, editadas en DVD, rodadas en Rumanía y con una calidad tan ínfima que ni me voy a molestar en hablar de ellas. Se trata de “El regreso de los muertos vivientes 4: Necrópolis” (2005) y “El regreso de los muertos vivientes 5: Danza macabra” (2005).

carteles de las dos últimas y horribles partes

Los tiempos habían cambiado y el subgénero zombi había tomado otros derroteros de mayor calidad. Primero, con un remake de una de las obras de Romero de manos de Zack Snyder en 2004 y, segundo, con el regreso en 2005 de George A. Romero al género que lo catapultó a la fama. Pero de eso ya hablaré en siguientes artículos.

Dejo aquí unas fotos con las cinco partes de la saga en DVD, pertenecientes a mi colección, las dos últimas son autoeditadas, por no haber sido lanzadas en nuestro país.
las tres primeras y revolucionarias partes de la saga

autoediciones de las dos últimas y nefastas partes de la saga



14 mayo, 2021

Muertos vivientes II: El camino de Romero



Tras el estreno de “La noche de los muertos vivientes” (1968) y de su distanciamiento de John A. Russo, George A. Romero se hizo cierto nombre dentro del cine independiente y cumplió su sueño de dedicarse a rodar películas. Durante la década de los años 70, compaginó el estreno de films con algunos trabajos para TV. Bajo su batuta se estrenaron “There's Always Vanilla” (1971), en la que todavía colaboró con Russo en la producción y tras la que vino la ruptura definitiva, “La estación de la bruja” (1972), “Los crazies” (1973) y “Martin” (1978), pero, y pese a que, con los años, las dos últimas se han convertido en obras de culto, en ese momento su trabajo pasó bastante desapercibido.

cartel español de "Zombi"

Con “Los crazies”, Romero ya había vuelto a coquetear con el cine de “infectados”,
si bien en ese caso no eran zombis como tales, y demostró la importancia de la crítica social en sus films, pero un cine de serie B y de producción independiente necesitaba una proyección hacia el público mucho más agresiva para poder tener repercusión. Eso se lo proporcionaría el hecho de estrenar la secuela de una película que ya había dado la vuelta al mundo, una segunda parte de su Ópera Prima que se tituló “Zombi” (1978) y que, una vez más y diez años después del estreno de su primera parte, volvió a revolucionar el cine de terror.


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En 1974, Romero fue invitado al centro comercial Monroeville Mall por un amigo suyo que trabajaba para la compañía administradora del edificio. Después de enseñarle las instalaciones, su amigo le dijo en broma que el centro comercial estaba tan bien montado que alguien podría sobrevivir a algún desastre refugiándose dentro. Eso puso en su cabeza el germen que acabaría en un guion.

Aunque ahora disponía de más presupuesto para rodar sus películas, Romero tenía en mente invertir todavía más en la secuela de su película de muertos vivientes, así que se dispuso a buscar inversores. Convenció al dueño del centro comercial de Monroeville para invertir en la película y para ceder parte de las instalaciones como plató de rodaje, pero el inversor más importante llegaría por iniciativa propia.

Se trataba de un director, productor y guionista italiano que, durante los años 70, ya había realizado alguna pequeña joya de terror, pese a que lo mejor de su trabajo todavía estaba por llegar. Su nombre era Dario Argento, el cual acababa de estrenar “Suspiria” (1977), la primera de su “Trilogía de las tres madres” que continuó con “Inferno” (1980) y finalizó de forma tardía con “La madre del mal” (2007). Argento oyó hablar del proyecto y se ofreció como socio inversor a cambio de los derechos de distribución internacionales y de coescribir el guion junto a Romero.

George A. Romero con Dario Argento

Zombis a todo color

Estando ya casi en los años 80 y después de conseguir 1.5 millones de dólares de presupuesto (trece veces más que para la primera parte), la película abandonó el Blanco y Negro de su antecesora y se rodó en Technicolor. Pensilvania volvió a ser el estado escogido para su rodaje, en esta ocasión entre el Pittsburgh natal de Romero y el centro comercial de la ciudad de Monroeville.

un zombi "en colores"

El rodaje empezó a mediados de noviembre y duró cuatro semanas, pero no seguidas. Resulta que usaban el centro comercial por las noches, desde que cerraban las tiendas y hasta que volvían abrir por las mañanas, sin embargo, en diciembre debieron interrumpir el rodaje a causa de la decoración navideña del centro comercial, ya que resultaba demasiado trabajo retirarla y volverla a colocar todos los días. En enero se reanudó el trabajo de equipo y elenco. Un equipo y un elenco de los que saldrían dos nombres importantísimos, tanto para el cine de Romero, como para el de zombis en general: Tom Savini y Ken Foree.

Tom Savini
El primero de ellos, paisano del director, fue el encargado de los efectos especiales en la anterior película de Romero (“Martin”) y aquí repitió su trabajo, consagrándose como un experto en el maquillaje zombi y de terror en general, trabajando después con directores como el propio Dario Argento y Tobe Hooper, y en películas como “Viernes 13” (1980) donde, al igual que en la película que nos ocupa, hacía además de doble de acrobacias. Más tarde se atrevería con la dirección y la actuación, pero de ello hablaremos en el artículo sobre los remakes.


Ken Foree

El segundo era un actor que, hasta el momento, poco había hecho, pero rápidamente se convirtió en un referente del cine de terror y un fenómeno fan para los seguidores de este tipo de películas, apareciendo después en sagas como “La matanza de Texas”, “Halloween” o “El dentista” y trabajando con directores como Zack Snyder o Rob Zombie, para el que se convirtió casi en un muso. A Foree lo acompañaron en el reparto David Emge, Scott Reiniger y Gaylen Ross, entre otros, y el propio Tom Savini en el papel de un motorista.


El título, un asunto delicado

El principal problema era el título. Puesto que Russo, la otra mitad implicada en la primera parte, fue muy listo y se quedó con los derechos de explotación de la coletilla “living dead” ("muertos vivientes"), ¿cómo podría Romero estrenar una secuela de su película sin usar esas palabras? Pues fue algo tan práctico y simplista como eliminar el “living” y dejarlo en “of the dead”, pasando, pues, de un “de los muertos vivientes” a un “de los muertos”; coletilla que acompañaría para siempre al resto de películas de zombis del director.

cartel original de "Zombi"
Por otro lado, su intención era que la película comenzase justo donde la primera acabó. “La noche de los muertos vivientes” comenzaba al anochecer y terminaba al amanecer, discurriendo todo el film durante la noche, como reza su título, así que para la segunda parte necesitaba un título que hiciese referencia directa a eso, a la vez de reflejar el momento concreto del apocalipsis zombi, es decir, si la primera parte se centraba en el origen del mismo, la segunda parte tendría que mostrarnos el nacimiento de la invasión, su despertar, su amanecer…

Finalmente, y después de asegurarse de incluir, esta vez sí, el aviso de registro en los créditos, la película se tituló “Dawn of the dead”, literalmente, en castellano, “El amanecer de los muertos”. Pero claro, esto es España y aquí siempre ha importado bien poco cualquier significado poético o argumental que pudiese tener el título y se limitaron a titularla “Zombi”. Además, los derechos de explotación internacionales eran de Argento y él decidió ponerle ese título en Italia. Al final, era solamente una película de zombis, ¿no? Pues no.


El consumismo de los muertos

Llegó el flamante estreno de la película, que tuvo varios montajes, uno original de Romero de 139 minutos (conocida comúnmente como el “Montaje del director” o la “Versión extendida”) para el mercado anglosajón y uno internacional de Argento de 119 minutos para los países de habla no inglesa a la que, además, Argento le añadió más pistas musicales, en este caso, a cargo de la banda italiana de rock progresivo Goblin. También hubo un montaje exclusivamente estadounidense de 127 minutos, recortado para las salas de cine, para evitar la calificación X. De hecho, no se le otorgó calificación alguna, para extender su vida comercial.

Recaudando en su estreno más de 5 millones de dólares en tierras estadounidenses y 55 en el resto del mundo, “Zombi” es la película con más éxito comercial de la saga de Romero, además de una de las mejor valoradas por público y crítica.

el zombi del cartel promocional

Romero era ya todo un especialista en incluir la crítica social en sus argumentos, planteando una alegoría con la sociedad real mediante una sátira escondida en su apocalipsis zombi. En este caso, el director se centra en reflejar cómo los auténticos zombis de la vida real somos nosotros, el ser humano consumista que, como una horda de no muertos, vamos en masa a los centros comerciales a comprar cosas que no necesitamos. Así pues, el asedio de los muertos vivientes a ese centro comercial, podría ser perfectamente la masificación de clientes en época de compras navideñas, las colas eternas en un Black Friday o la batalla campal en plenas rebajas.


Encontrando un estilo

El aspecto técnico de la película, pese a recibir algunas malas críticas, sobre todo por las escenas más explicitas, había mejorado considerablemente, ya no solo desde la primera parte, sino incluso desde la anterior película de Romero. El maquillaje, ahora a todo color, creó escuela, junto con los efectos especiales, sobre todo en lo referente a sangre y vísceras, y es que, no en vano, algunos calificaron su modo de usar el gore como “una forma de arte”. Bien por Tom Savini.

Los zombis dejaron de ser solamente un contexto, un terror que está ahí afuera y que no es tan importante como lo que sucede adentro con el resto de personajes, y pasaron a ser un aspecto también muy relevante, incluso creando personajes zombis identificables que han pasado a formar parte de la memoria colectiva, como el inolvidable zombi Hare Krishna, y es que, al mismo tiempo de horrorizarnos con un terror directo, Romero también se permite introducir una leve vis cómica.

zombi Hare Krishna

No hay dos sin tres

Esta vez, Romero no iba a dejar pasar otros diez años. Tras el éxito de “Zombi” y consagrado ya como un director de culto en el género, el cineasta se permitió rodar, con Ed Harris como protagonista, una rareza como “Los caballeros de la moto” (1981), además de una colaboración con Stephen King como guionista, donde adaptarían un famoso cómic de terror en “Creepshow” (1982). Tras eso, se puso manos a la obra para cerrar su trilogía de los muertos. Si la primera parte sucedía de noche y la segunda al amanecer, era lógico que la siguiente transcurriese a lo largo del día. Llegaba así “El día de los muertos” (1985), título, esta vez sí, bien traducido en España y, una vez más, sin el "vivientes".


Los zombis más ambiciosos

El primer borrador del guion contaba con 200 páginas y profundizaba mucho en la evolución de los zombis o en cómo el ser humano se aprovecha de ellos. El ambicioso proyecto pasó por cinco versiones de libreto hasta terminar en uno mucho más simple de 88 páginas. Sin embargo, Romero no descartaría esas ideas y las guardó a buen recaudo. ¿Quién sabe si un día haría otra película de zombis...?

Su ambición no se quedaba en la historia, sino también en la puesta en escena, y es que Romero quería contar con 7 millones de dólares de presupuesto que sus inversores le concedían con una condición: la película tenía que ser, como muy restrictiva, de calificación R, para poder tener más tirón comercial y recuperar con creces la inversión. Romero prefirió que le diesen solamente la mitad, a cambio de que la autorizasen una calificación X y poder desplegar todas sus sanguinolentas ideas.

maquillaje y efectos visuales de Savini
Con el presupuesto reducido a la mitad y el libreto acortado considerablemente, lo que tendría que haber sido una gran producción para lo que el cine independiente suele ser, quedó en un film más modesto, pero cargado de la esencia que el director quería transmitir.

Greg Nicotero
Se rodó entre Florida y una mina de Pensilvania que quedaba lejos de la población más cercana, lo que hizo que el equipo tuviese que pasar las noches acampando en las inmediaciones, cosa que, debido al clima y a la humedad, trajo problemas en los aparatos y en las prótesis y maquillajes de Tom Savini que, pese a eso, acabó ganando el Premio Saturn al mejor maquillaje. Pero Savini no estaba solo en su trabajo, Romero le puso, para que aprendiese a su lado, a un joven, de nombre Gregory, que era
 sobrino de Sam Nicoterouno de los actores con los que Romero trabajó en su película "Los crazies" y que fue el que los presentó. Si no conocéis a ese joven, pero os suena haber visto escrito en alguna parte el nombre de Greg Nicotero, probablemente haya sido en los créditos de la serie “The walking dead” (2010-2022).


El anti belicismo de los muertos

Si la primera parte criticaba las diferencias entre clases sociales e incluso se la etiquetó de anti racista y la segunda era una crítica al consumismo y lo fáciles que somos de manipular, la tercera se encargó de criticar a los ejércitos y la disciplina militar, así como a la moral del ser humano y hasta qué punto un fin justifica los deshumanizados medios.

El argumento se centra en un grupo de militares atrincherados en un búnker, en un escenario en el que los zombis han conquistado el mundo en una proporción de 1 humano a 400.000 muertos vivientes. Desde su escondite, los soldados salen a buscar supervivientes, mientras los científicos se centran en buscar una cura experimentando con los zombis. Aunque años más tarde veríamos que no era así, la película jugaba con la idea de que los protagonistas fuesen los últimos supervivientes de la raza humana.

la milicia de "El día de los muertos"

Romero desencadenado

el entrañable Bub
En esta tercera parte, Romero renuncia a cualquier atisbo cómico en pro de ofrecer un tono implacable en cuanto a violencia explícita y mucho más agresiva que en las anteriores entregas. Al mismo tiempo, nos ofrece una evolución del zombi, llevándolos un paso más allá al mostrarnos que, a grandes rasgos, pueden llegar a ser adiestrados en ciertos aspectos, pero también a aprender y adaptarse por su cuenta. Nos muestra así a unos zombis más ágiles y fuertes, lo cual brinda unas más espectaculares escenas de acción y gore, donde vemos incluso desmembramientos en primer plano.

Sin embargo, eso no impide que sea la única de las tres películas en mostrarnos cierto grado de emoción en los zombis; concretamente en uno (otro) que ha pasado a ocupar un puesto de honor en la galería de zombis famosos por excelencia; se trata del conocido y dócil Bub. Con él, Romero lleva un nivel más allá el protagonismo de los no muertos que comenzó a darles en la anterior entrega.

Su reparto, sin tener un elenco estelar, cuenta con unos más que correctos Lori Cardille y Terry Alexander y un no tan correcto, pero sorprendentemente eficiente Joseph Pilato en los papeles principales.

Con una brutal y excelente banda sonora a cargo de John Harrison, un cartel
promocional que de pequeño me ponía la carne de gallina cuando lo veía en el videoclub y una recaudación en las salas de cine de 34 millones de dólares, “El día de los muertos” ponía el broche final a la saga de los muertos del maestro Romero.

O, al menos, eso es lo que se pensó durante lo que quedaba de siglo.

el cartel de mis pesadillas

Os dejo la foto del pack que contiene estas películas y que tengo en mi colección.
pack de Suevia con las películas

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