23 mayo, 2021

Muertos vivientes IV: El verdadero camino de Russo



John A. Russo había tenido en su mano el poder seguir con la saga que inició junto a su colega George A. Romero con “La noche de los muertos vivientes” (1968), de hecho, tenía todo a su favor: haber coescrito y producido la primera parte, tener en su poder los derechos sobre la coletilla del título “living dead” y haber escrito en los años 70 una novela llamada “Return of the living dead”, una secuela directa y en el mismo tono oscuro que la película original. Pero, a la hora de llevarse a cabo y después de haber vendido el proyecto a unos estudios, el que sería su director, Dan O’Bannon, reescribió la historia, otorgándole un tono de comedia que se estrenó como “El regreso de los muertos vivientes” (1985) y, pese a haber formado parte del proyecto como productor, Russo quedó fuera de las secuelas que surgieron de ésta. Pero Russo no quería estar fuera, así que buscó la manera de volver.

diferentes ediciones de la novela de Russo "Return of the living dead"


Reeditando el clásico

Corrían los últimos años de la década de los 90 y, por lo tanto, del siglo XX; habían pasado más de 10 años desde el estreno de “El regreso” y casi 30 años desde que estrenaron “La noche” y Russo seguía pensando cómo volver a subirse al barco de la saga de los muertos vivientes, cuando se encendió una bombilla sobre su cabeza: si el gran error con el copyright del título de la primera parte propició que cualquiera pudiese hacer versiones y remakes de la misma ¿porqué no él mismo? Nació así el proyecto de “La noche de los muertos vivientes: Edición 30 aniversario” (1999).

póster del film
El objetivo era reeditar la película original mostrando una nueva historia, escrita por el propio Russo, mediante nuevas escenas rodadas para la ocasión y una nueva banda sonora, además de la eliminación de parte del metraje original. Conjuntamente con escribir el guion, Russo también se encargaría de la dirección del film, así como del montaje y la producción del mismo, pero necesitaba socios que lo ayudasen.

Para la producción, empezó por contactar con Russell Streiner, el antiguo socio de él y de Romero en The Latent Image, aquella empresa de publicidad que tenían los tres antes de meterse en el mundo del cine; un Streiner que también fue productor de “La noche” junto a ellos. También convenció a dos actores de la película original para asociarse con él como productores: Karl Hardman, el que había encarnado a Harry Cooper, el odioso padre de la familia confinada en la casa, así como a Bill Hinzman, el que había interpretado al zombi del cementerio y primer zombi romeriano en aparecer en una pantalla y que, como ya os expliqué, también fue camarógrafo de la película.

Para que lo nuevo y lo viejo tuviese coherencia, también necesitaba un director de fotografía y a alguien que lo ayudase en el montaje de todo el material. El elegido para las dos tareas fue el propio Hinzman, y es que, desde que se convirtió en un icono pop tras interpretar al zombi trajeado, Hinzman aprovechó su fama y ya había hecho sus pinitos en el cine como algo más que actor o cámara, estrenando “La venganza de los zombies vivientes (Flesh Eater)” (1988) donde hizo las veces de director, productor, escritor y montador, además de actor, interpretando, como no podía ser de otra manera, a un zombi trajeado.

Hinzman vuelve 30 años después

 

La polivalencia de los muertos

"La venganza de los zombis vivientes"
La película de Hinzman, que contó con tan solo 60.000 dólares de presupuesto y que fue directa a videoclub, se basaba enteramente en su personaje, inspirado claramente en el que le dio la fama, y el título lo tomó prestado del que se registró (y finalmente se descartó) para la película de Romero, “Night of the flesh eaters”. Aunque, cinco años más tarde, la cinta de Hinzman fue reeditada con alguna escena recortada, bajo el título de "Zombie Nosh" (1993), que es como muchos la conocen.

En el reparto contó con Heidi Hinzman, su propia hija, una niña en aquél entonces, y con Vincent D. Survinski, quien ya trabajó antes a las órdenes de George A. Romero como actor en la propia “Noche de los muertos vivientes”, pero también en “There's Always Vanilla” (1971), “Los crazies” (1973), “Martin” (1977), “Zombi” (1978) y en labores de producción en “La estación de la bruja” (1972), “Los caballeros de la moto” (1981) y “Creepshow” (1982).

Pese a todo, el film era una terrible producción de serie Z, un claro exploit de la saga zombi de Romero en general y del personaje de Hinzman en particular. Sin embargo y precisamente por ese cariño que los fans le tienen a Hinzman y a su personaje, hoy se considera una película de culto.

Licina, párroco y compositor
Así pues, Hinzman, además de volver a interpretar a su famoso zombi, se encargó de la fotografía de los algo menos de 15 minutos de nuevas escenas, rodadas en Blanco y Negro, y después, con la ayuda del propio Russo, se encargó también de su montaje junto con las escenas originales, de las cuales descartaron alrededor de otros 15 minutos, quedando una duración final similar a la de la original. No contento con eso, Russo le pidió a Hinzman que le cediese una escena de su película “Flesh Eater” para añadirla al final de su nueva producción.

Otro que demostró su polivalencia fue Scott Vladimir Licina, que interpretó el papel de un reverendo en los reshoots, a la vez que se encargaba de componer una nueva y totalmente innecesaria banda sonora.

 

Una nueva vieja historia

El objetivo de Russo era darle un aire totalmente distinto a la película, incorporando un nuevo arco argumental en el que, de alguna manera, se cuenta el origen (que no la causa) de la vuelta a la vida de los muertos. En otras palabras: vemos como se levanta el primero de los cadáveres, el interpretado por Hinzman, que aquí resulta ser un violador y asesino de niños al que acaban de ejecutar y que dos transportistas están llevando al cementerio de la primera parte, frente a un párroco y los padres de la niña violada, para darle sepultura en un funeral anónimo que, obviamente, no acabará como esperaban.

el zombi de Hinzman resucita por primera vez

Por su parte, Bill Hinzman logró colar en el reparto a su hija Heidi, ahora ya una veinteañera, en un papel que nada tenía que ver con el que rodó de niña en la película de su padre.

Sé que todo esto no os debe estar sonando nada bien, pero… pero nada, estáis en lo cierto. La versión de Russo, que acabó estrenándose directamente en formato doméstico, es un total despropósito, innecesaria, horrible a la vista, al oído y, si eres de los nostálgicos, también horrible al corazón. Un montón de imágenes rodadas con poco gusto y menos sentido, que no combinan en absoluto con las excelentes imágenes rodadas por Romero para la original, con interpretaciones lamentables y todo ello aderezado con una banda sonora que no funciona en ningún momento.

Sin embargo, el objetivo de Russo nunca fue el de limitarse a reeditar la película original, sino el de volver a poner su nombre en primera línea y aprovecharlo para su verdadero propósito: rodar la secuela oscura que siempre quiso rodar y así iniciar su propia y longeva saga de películas.

 

Los cimientos de una nueva secuela

Russo había participado tanto en “La noche de los muertos vivientes” como en “El regreso de los muertos vivientes”, la secuela no romeriana y primera de la saga “living dead” y, ahora, también era el artífice de ese engendro llamado “La noche de los muertos vivientes: Edición 30 aniversario”. Solamente tenía que conseguir una historia que pudiese continuar los argumentos de todas ellas y convertirlo en una secuela directa de las tres películas, a la vez que expondría un nuevo argumento oscuro y retorcido que rompiese tanto con el tono independiente de Romero, como con el tono cómico de la saga “living dead”. Era el momento de su gloriosa y soñada secuela. Y ahora, en color.

cartel de la película
Joe Wolf, un productor especializado en cine de terror con títulos a su espalda como "Halloween II: Sanguinario" (1981), "Halloween III: El día de la bruja" (1983) o "Pesadilla en Elm Street" (1984)sabiendas de las ganas de Russo por encontrar una historia para su secuela (y, no nos engañemos, sabiendo también que tenía los derechos sobre la coletilla "living dead", siempre jugosa para el público), se acercó a él con la propuesta de que se uniese a la producción de una nueva película de zombis con un presupuesto de 500.000 dólares y para la que ya tenía un guion preparadoCon Joe Wolf como productor ejecutivo, esta vez Russo se limitaría a ser productor asociado, labor que compartiría con Karen Lee Wolf, la inexperta hija de Joe. Cuando Russo leyó el guion le pareció, usando sus propias palabras, "horrible", pero Joe Wolf no admitía ningún cambio en el libreto y Russo necesitaba esos recursos para consagrar su saga, así que aceptó. Cuando se enteró de que quien había escrito el guion había sido Karen, la hija de Wolf, Russo comprendió todo. Era su dinero y la película de su niña, así que Russo no tenía nada que hacer al respecto. Se le otorgó la dirección a un inexperto Tor Ramsey que nunca antes había dirigido una película (y nunca más lo volvió a hacer) y para la fotografía, Russo pudo delegar, una vez más, en Bill Hinzman.

Todo estaba listo para arrancar el rodaje de “Los hijos de los muertos vivientes” (2001).


Secuela de muchas, pero de ninguna

La historia del guion de Karen Wolf gira en torno a Abbot Hayes, un violador muerto cuyo cuerpo desaparece del depósito de cadáveres, descubriéndose que ha vuelto a la vida provocando una pandemia zombi a su paso. Tras controlarse el brote, todo queda en el olvido, pero Hayes sigue en pie y oculto. 14 años después, cuando un empresario quiere trasladar los cuerpos del cementerio para levantar un concesionario de coches, Hayes entra en acción y vuelve a infectar a personas con el objetivo de crear un ejército de zombis a su servicio y vengarse... no queda claro de qué. Ese nuevo ejército es al que se refiere el título de la película como "childrens", no por ser niños, sino por ser la nueva generación de zombis.

Para tristeza de Russo, el argumento no justifica en absoluto ser una secuela ni de "La noche de los muertos vivientes", en ninguna de sus dos versiones, ni de “El regreso de los muertos vivientes”. Lo único que hace es una referencia indirecta a que "anteriores acontecimientos de brotes zombis" fueron culpa de Hayes, pero, por fechas, no podrían ser los de la película original y por causas, tampoco podrían ser los de la secuela de Dan O'Bannon, que ya dejó claro que tenían su origen en el gas Trioxin.

zombis de segunda generación

Con respecto al tratamiento de los no-muertos, en especial del zombi principal, la primera incongruencia con todo lo que se había hecho hasta el momento es que Hayes tiene super fuerza, es inteligente, calculador y malo, muy malo. Además, y eso es lo peor, se da una nada necesaria y surrealista explicación de cómo comenzó todo, de porqué volvió a la vida, y ya podéis iros olvidando de experimentos militares, radiación nuclear o incluso de vudú, magia negra o extraterrestres; el motivo por el que Abbott Hayes vuelve a la vida y comienza a convertir en zombis a la gente es porque, cuando era pequeño, su madre lo obligó a vestirse de niña, causándole un trauma que lo hizo regresar de la muerte para vengarse de gente que no conoce de nada y que no tiene nada que ver con su niñez ni con su puñetera madre.
 
El maquillador de la película, Vincent Guastini, que describió a esta nueva versión de muerto viviente, como "el Nosferatu de los zombis", decidió que, tras el impás de 14 años y para reflejar que el zombi se encuentra en un mayor estado de descomposición, lo mejor era añadirle cosas que en su primera etapa no tenía. Aparte de agregarle unos brillantes ojos azules y unas largas uñas (y largos dedos ¡¿?!), también se le puso un maquillaje que no pasaba de ser una máscara y unos guantes de látex de los que se pueden encontrar en el bazar chino en época de Halloween. De hecho, en Internet puede encontrarse a subasta la máscara que se usó en el rodaje junto a un certificado de autenticidadEso sí, pese a todo, la película consigue crear a un nuevo personaje icónico para la galería de estrellas zombi, aunque esta vez sea para mal, pero el "rey de los zombis" Abbott Hayes interpretado por A. Barrett Worland logra ese cometido. Incluso, supongo que por su pasado de travestido, hay una comunidad de transexuales con web que se lo ha adjudicado como insignia.

zombi de AliExpress con certificado de autenticidad

Rodando, rodando, la acabaron cagando

La producción fue caótica, empezando por el reparto, que volvía a contar con la enchufada y mediocre Heidi Hinzman, hija del bueno de Bill, en un nuevo papel distinto al que interpretó en la “Edición 30 aniversario”. También contaba con Sam Nicotero un veterano que no queda exonerado de ser un mal actor, pese a ser el tío del grandioso experto en maquillaje zombi Greg Nicotero que llegó a "The walking dead" (2010-2022) gracias a que comenzó con Romero en "El día de los muertos" (1985) porque su tío los presentó. Un reparto que no salvó ni el hecho de contar con un nombre muy importante en el micro universo de zombis que inició Romero: Tom Savini, aquel que acaparó premios a mejor maquillaje y que, además de los efectos especiales, se encargaba de las escenas de riesgo. Y sí, también era aquel que dirigió con criterio el primer y mejor remake de “La noche de los muertos vivientes” allá por 1990. Pero de eso ya hablaré en el artículo correspondiente. El caso es que su presencia no fue suficiente para salvar algo de la película, ya que su protagonismo era un gancho publicitario y aparece solamente los primeros 14 minutos de metraje.

Tom Savini en plan Rambo

Los problemas continuaban con el guion de Karen Lee Wolf que, como ya he dicho, a Russo le parecía malísimo, pero imaginaos hasta qué punto era malo, que, antes de contratar a Ramsey como director, el propio Joe Wolf, padre de la guionista/productora, estaba interesado en dirigirlo, hasta que lo leyó y salió corriendo para dejarle el marrón a otro. Además, Karen no consentía la más mínima modificación del libreto y no paraba de recortar el presupuesto inicial, lo que ocasionaba cosas como la escena de la furgoneta cayendo por un precipicio, que es sencillamente imperdible (por lamentable). 

Pero en la dirección tampoco fueron pocos los problemas, ya que Tor Ramsey, el director elegido, aseguró que le fue imposible contar con los miembros del equipo que tenía en mente desde el principio, porque los productores John A. Russo y Karen L. Wolf no paraban de imponerle para estos puestos a amigos suyos sin experiencia.

Rizando el rizo, se decidió eliminar el sonido original y doblar toda la película, pero sin contar con actores reales de doblaje, siendo los mismos actores doblándose a si mismos. Aparte de que ellos no sabían doblar, el que se ocupó de la sincronización del nuevo audio tampoco sabía montarlo, así que durante más de la mitad de la película, los diálogos no concuerdan con los labios de los actores. Y, por si todo eso fuese poco, uno de los miembros del equipo técnico derramó accidentalmente gelatina sobre uno de los rollos de película que quedó inservible, teniéndose que volver a rodar todas las escenas que contenía.

que aprendan los de "Fast and furious"

Finalmente y pese a todo, lograron acabar el rodaje y se estrenó directa a videoclub, teniendo una cosa muy buena a su favor: puso de acuerdo a público y crítica. ¿En qué? En que es una una bazofia infumable y una basura catastrófica de proporciones titánicas. Sus escenas de acción son una imitación barata (más) de los peores mockbusters turcos de los 80s, pero dando la sensación de que van a cámara lenta (pero no lo van); sus interpretaciones son de vergüenza ajena (yo llegué a ruborizarme por empatía sintiendo en mí el ridículo que algunos llegan a hacer); sus diálogos, los pocos que hay, porque en un 90% son gemidos y gritos de terror y agonía que llegan a agotar, son lo más tonto que alguien pudo escribir no estando en coma; su maquillaje es como el que uno puede hacerse en casa para carnaval, pero habiendo olvidado comprar las brochas de maquillaje (y el maquillaje); su dirección es como alguien lanzando dardos de espaldas, colgado bocabajo y con los ojos vendados; y su banda sonora es como arañar una pizarra con un tenedor mientras alguien, de fondo, golpea una cazuela con un cucharón al ritmo de La Macarena.

Si no me creéis a mí, creed las declaraciones de los propios implicados: John A. Russo dijo cosas como “Quise renunciar a la película todos los días de rodaje, pero no podía porque toda esa gente hubiese perdido el trabajo de todo un verano”. O cosas como “Esperábamos que mejorase tras ser revisada, en cambio, el resultado final es una mierda”. Tom Savini también fue muy sincero al declarar que el film fue “la película de mierda más grande jamás realizada”. También Tor Ramsey, el director, no escatimó en sus declaraciones cuando, en alusión a la guionista y productora Karen Lee Wolf, dijo “La mujer que la produjo era idiota. Creo que su padre le dio esa película como regalo y ella no sabía qué diablos estaba haciendo” o una perla como “La película ni siquiera debería estar en los estantes de los videoclubs”.

el ataque de cara de látex

Al final, una saga no tan longeva, John

Como consecuencia de todo esto, Russo vio frustrado por segunda vez cualquier plan que tuviese de crear su propia saga, siendo la indigesta “Los hijos de los muertos vivientes” la última incursión de John A. Russo en el universo que ayudó a crear en 1968, aunque no así en el mundo del cine zombis en general, donde probó suerte una última vez, escribiendo, dirigiendo y protagonizando el film “My uncle John is a zombie!” (2016), una comedia de terror donde un muerto viviente anciano, interpretado por Russo, se ha hecho famoso por tener la capacidad de hablar y razonar y al que sus sobrinos han de ocultar de unos cazadores de zombis que quieren acabar con él por mero deporte. Un argumento absurdo que, paradójicamente, es la mejor obra de Russo relacionada con los zombis desde que se alejó de su colega. Y es que, Romero, siempre fue mucho Romero.

Russo como muerto viviente en “My uncle John is a zombie!”

En el próximo artículo seguiré con un nuevo capítulo de la serie "Muertos vivientes".

Mientras tanto, dejo aquí una foto de las películas que de las que he hablado que tengo en mi colección particular.

las dos "joyitas" de John A. Russo

el pequeño film de culto de Bill Hinzman

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