Si el cine de Roman Polanski siempre ha ido marcado por la intrusión, la difícil o imposible escapatoria y los roles de dominación y sumisión, la siguiente película del director sería el sumun de la cohesión de todos esos conceptos, aderezados por las prácticas ocultas del satanismo, un tema que en la década de los 60 vivió un gran auge como símbolo contracultural, a menudo dentro del movimiento hippie, pero también del artístico.
El bebé de Rosemary
Hollywood se preparaba para producir la adaptación al cine de una novela de Ira Levin que apuntaba a éxito si se ponía en las manos correctas. Aunque se le había ofrecido dirigir la película a Alfred Hitchcock, éste la rechazó, quedándose los derechos de la producción la compañía del mítico director y productor de cine de terror de serie B, William Castle, quien quiso dirigirla y lo hubiese hecho, de no ser porque el productor de Paramount Pictures, Robert Evans, que financiaba la cinta, se lo quitase de la cabeza, escogiendo finalmente a Polanski para dirigir “La semilla del diablo” (1968). Aunque Castle, que acostumbraba a aparecer en todos sus films dirigiéndose al público en un prólogo y un epílogo, no desaprovechó la oportunidad de hacer un cameo en el film, como fue el del señor que espera en la cabina telefónica a que la protagonista acabe su llamada.
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| William Castle en "La semilla del diablo" |
La película trataría sobre un joven matrimonio que se muda a un edificio presuntamente encantado, donde la exageradamente amable comunidad de vecinos, casi todos mayores, los recibe sospechosamente bien y cubriéndolos de atenciones, lo cual hace las delicias del marido, pero no de la bella esposa, que nota que algo no anda bien. Después de un extraño sueño donde ella siente estar siendo poseída sexualmente por alguien o algo que parece el mismo diablo, la mujer empieza a sentir auténtica paranoia, sobre todo cuando se entera de que está embarazada y todos, vecinos y esposo, sobreprotegen al futuro retoño mucho más que ella misma, a la que intentan convencer de que todo está en su cabeza y que está enloqueciendo.
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| la inquietante vecina de la pareja |
No voy a hablar aquí del final, aunque dudo que quede alguien que no lo haya visto o que no sepa de él, incluso sin verlo, pero el tono desesperanzador de su desenlace deja un sabor de boca turbio, como si el director aprobase las prácticas satánicas y que el triunfo de estas supusiera para él un final feliz. Precisamente este final dio lugar a innumerables especulaciones sobre la orientación religiosa de Roman Polanski, siendo tachado por algunos de satanista. En cualquier caso, lo importante de este argumento para la historia real de Polanski y Tate podría resumirse en que una joven y hermosa mujer embarazada se convierte en el objetivo de una secta satánica, mientras su marido, que no es de ninguna ayuda, parece estar más del otro bando que del de su esposa.
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| cartel de "La semilla del diablo" |
Sin papel, pero implicada
En julio de 1967 se inicia en Nueva York el rodaje de “La semilla del diablo”, cuyo título español, aparte de ser un spoiler en sí mismo, es mucho menos sugerente que su título original: “Rosemary’s baby” (“El bebé de Rosemary”). Un rodaje, finalmente, sin Sharon Tate interpretando a la protagonista porque, aunque Polanski la quería en el papel principal, nunca se lo propuso a la productora, esperando que fuesen ellos los que la tuviesen en cuenta. No lo hicieron y la escogida, a sugerencia de Castle, fue una maravillosa Mia Farrow de 22 años. Algo similar a lo que sucedió con el papel del marido, para el que Polanski quería a Robert Redford y que, por problemas del actor con la Paramount, lo acabó interpretando John Cassavetes.
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| Mia Farrow en una escena de la película |
La elección de Farrow no impidió que Tate, que se sentía enormemente atraída por el proyecto, se involucrase en él de muchas formas. Asistía frecuentemente a las sesiones de rodaje y contribuyó con muchas ideas para algunas escenas clave, siendo su aporte más destacable la mítica secuencia de la fecundación de Rosemary. Incluso llegó a aparecer en la película mediante un cameo no acreditado, como una de las invitadas a la fiesta que se celebra en el film.
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| Sharon Tate en el set de rodaje del film |
Un rodaje terrorífico
La filmación no fue fácil, empezando por las amenazas de muerte que recibía el productor William Castle y que aseguraban que el film estaba maldito y había traído la presencia de Satán a la Tierra. Además, los actores sufrían las exigencias de un Polanski crecido, ejerciendo de director tirano que se creía un genio y que tal vez sí lo era, pero uno totalmente carente de modestia y tacto. Tampoco ayudaron los problemas matrimoniales de Farrow con el cantante y actor Frank Sinatra, con el que llevaba apenas un año casada.
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| Frank Sinatra y Mia Farrow |
Unos problemas que llegaron a afectar al rodaje cuando “La Voz”, que no soportaba que su esposa trabajase y pasase tiempo fuera de casa, enloqueció llegando a extremo de propinar palizas a Farrow, que más de una vez llegó marcada a las jornadas de rodaje, así como de insultar a Polanski, al que catalogó de “polaco inútil incapaz de encontrar su propio culo con las dos manos”. Sinatra incluso llegó a enviar al plató a su abogado para que le diese los papeles del divorcio a Farrow delante de todo el equipo, una maniobra de presión que estuvo a punto de funcionar cuando Mia casi abandona la película para volver a casa con su marido, pero Polanski la convenció de seguir rodando y dejar a Sinatra, así que la actriz firmó los papeles del divorcio.
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| "La Voz", compuesto y sin esposa |
Mia Farrow, como Sharon Tate, era también una mujer insegura, pese a su talento y su belleza, que se sometía con cierta facilidad al dominio de los hombres capaces de encandilarla. El más claro ejemplo es que, años después, cuando Farrow ya formaba pareja con Woddy Allen, tuvo un encuentro con su exmarido Frank Sinatra durante el que se dice que concibió a Ronan Farrow, el hijo de la actriz que se parece escandalosamente a Sinatra y nada a Allen.
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| Frank Sinatra, Ronan Farrow y Woody Allen |
Pero no solamente Sinatra la tenía sometida, sino el propio Polanski que, aparte de convencerla de terminar con su matrimonio solo para poder acabar su película, durante el rodaje le hizo pasar auténticas penurias, como cuando el guion decía que la preñada protagonista sentía antojo de comer carne sin cocinar y el director la obligaba a comer hígado crudo auténtico en interminables tomas y repeticiones.
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| Farrow comiendo hígado crudo real |
Otra de las cosas en las que el director se extralimitó con la actriz, fue cuando la hizo cruzar sin mirar una avenida de Nueva York con mucho tráfico, durante el rodaje de una escena para la que el director no cortó el tránsito real con el objetivo de que pareciese más auténtico, haciendo que la actriz se jugase la vida bajo la premisa de que “¿quién va a atropellar a una mujer embarazada?”.
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| la actriz jugándose la vida entre el transito |
Una serie de sucesos que, a cualquier
actriz, la hubiesen hecho renunciar o, al menos, acabar muy mal con el director,
pero en su caso acabó en una gran amistad que se basaba en la sumisión y
fascinación de la actriz ante la figura del director.
El edificio de las malas artes
No se puede hablar de “La semilla del diablo” y de su rodaje sin mencionar el mítico y maldito Edificio Dakota de Manhattan (llamado edificio Bramford en la película) donde se filmaron los exteriores; un bloque de pisos situado en el número 1 de la calle 72, al oeste de Central Park, y que recibió su nombre gracias a que cuando se terminó de construir en 1884, en esa zona de la ciudad no había nada, con lo que la gente decía que desplazarse hasta allí era “como ir hasta Dakota” (territorio en la frontera con Canadá).
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| el misterioso Edificio Dakota |
Un edificio en el que se habían cometido doce suicidios antes del rodaje del film de Polanski y en el que, según se dice, se escuchan sonidos extraños y se perciben olores inexplicables, todo ello derivado de su cualidad de edificio maldito, que se remonta a principios del siglo XX, cuando uno de sus inquilinos era Aleister Crowley, un practicante de la magia negra del que se cuenta que realizaba rituales satánicos en sus dependencias. También vivió en el bloque el actor Boris Karloff, del que se dice que realizaba sesiones de espiritismo en su apartamento y que, cuando murió, la gente decía ver su fantasma deambulando por el Dakota. Otro de los que se alojaron allí fue Gerald Brosseau Gardner, un brujo de la Wicca (sí, el mismo culto en el que se formó Sharon Tate para su papel en “Ojo del diablo”) que realizó en el bloque de pisos una serie de rituales mágicos para invocar presencias ocultas.
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| Aleister Crowley, Boris Karloff y Gerald Brosseau Gardner |
Además de Boris Karloff, en el Dakota han vivido otras estrellas, como la pareja Jennifer López y Marc Anthony, Sting, José Ferrer, Alec Baldwin, Judy Garland, Steve Guttenberg, Paul Simon, Bono, Leonard Bernstein, Lauren Bacall o la pareja Yoko Ono y John Lennon, este último también víctima de la maldición del edificio, ya que fue a sus puertas, el 8 de diciembre de 1980, cuando el cantante salía de los apartamentos, donde el psicópata Mark David Chapman acribilló a balazos al cofundador de The Beatles causando su muerte. Curiosamente, el disco de 1967 del grupo de Liverpool titulado “Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band”, contaba con Aleister Crowley, el mago negro y antiguo inquilino del edificio Dakota, entre los personajes ilustrados en su portada collage, considerado por el grupo como una de las personas que cambió el mundo.
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| portada del disco "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band" |
Pero lo que a mí me resulta realmente extraño es que, años después de rodar “La
semilla del diablo”, Mia Farrow se atreviese a mudarse junto a su familia a un
edificio de apartamentos de alquiler situado justo al lado del polémico
edificio Dakota, sobre todo después de saber todas las desgracias que, tras el
rodaje, les sucedieron a los que participaron en la película.
Un film maldito
La cinta recibió rápidamente el estatus de película de culto,
pero pesaba más el otro calificativo, el de película maldita, y es que la
tragedia se cebó con los integrantes de la producción.
Mia Farrow, después de sufrir los maltratos de Sinatra y tras un segundo matrimonio fallido con André Previn, junto al que adoptó a una niña surcoreana de nombre Soon-Yi, acabó casada con Woody Allen, solo para descubrir que éste le estaba siendo infiel con esa misma hija adoptiva de Farrow e hijastra de Allen, con la que ahora está casado. Aparte de eso, Mia, madre de cuatro hijos biológicos y de otros diez adoptivos, a lo largo de su vida ha tenido que enterrar a tres de ellos.
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| Soon-Yi y su padrastro y a la vez esposo Woody Allen |
Otra desgracia fue que, unos meses después del rodaje, el compositor de su banda sonora y habitual en las películas de Polanski, Krzysztof Komeda, que entonces tenía 37 años, sufrió un accidente de coche en Los Ángeles que le provocó un edema cerebral que acabó con su vida; curiosamente, uno de los personajes en la película también sufría un edema cerebral en la ficción.
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| Krzystof Komeda |
Por su parte, el productor Robert Evans, después de terminar la película, entró en un declive profesional y personal, sufriendo tres infartos, siendo acusado de asesinato y acabando en un centro psiquiátrico por sus instintos suicidas, mientras que el otro productor, William Castle, sufrió un fallo renal al finalizar la producción que le ocasionó unos problemas de corazón que arrastró un tiempo hasta que, con 63 años, le acabaron provocando la muerte a causa de un infarto.
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| Robert Evans |
Otro miembro de la película que también falleció joven, con 59 años, fue Cassavetes, que, aunque esto sucedió veinte años después del rodaje, falleció a causa de una extraña hepatitis para la que no encontraban explicación.
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| John Cassavetes |
Pero de todas las tragedias que sufrieron los integrantes
del equipo de la película, la más siniestra es la que aconteció en la vida del
director Roman Polanski y de su esposa Sharon Tate veinte meses después del
rodaje y que guardaba un escalofriante parecido con el argumento de la película.
La semilla de Polanski
Tras el rodaje de “La semilla del diablo”, que terminó en diciembre de 1967, Roman y Sharon vivían una relación en la que el director seguía fiel a sus principios sobre la monogamia, es decir, le era infiel a su esposa constantemente y, además, con conocimiento de ella, que llegó a declarar "Tenemos un buen acuerdo: Roman me miente y yo finjo creerle". Aun así, en enero de 1968 viajaron a Londres para contraer matrimonio.
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| Polanski y Tate celebrando el día de su boda |
Regresaron después a Estados Unidos, donde Sharon se unió al rodaje de “La mansión de los siete placeres” (1969), un film donde actuó junto a Dean Martin, Elke Sommer y Nancy Kwan, y en el que se hizo amiga de Bruce Lee, que trabajó como coreógrafo para las escenas de lucha y como entrenador personal de Sharon Tate.
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| Tate y Lee entrenando una coreografía durante el rodaje del film |
Creció una gran amistad entre ella y Bruce Lee, que, junto a
Steve McQueen y Jay Sebring, se convirtió en un fijo en las reuniones que
organizaba la pareja durante un año plácido en el que pasaban los días de
fiesta en fiesta y de celebración en celebración. Incluso se dice que,
frecuentemente, Tate formaba parte de tríos sexuales con McQueen y Sebring que
el mismo Polanski animaba a realizar, como buen negacionista de la monogamia en
ambos sentidos.
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| el 10050 de Cielo Drive |






















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