25 enero, 2021

S. Craig Zahler, dirigiendo a contracorriente

S. Craig Zahler es un director todavía desconocido para algunos, pero en 2015 era desconocido para todos.

S. Craig Zahler
Nació en 1973 y, después de hacer sus pinitos como compositor y baterista de un grupo musical, comprende que su futuro está en el cine. Decide cursar estudios como director de fotografía y comienza a ejercer en cuatro cortometrajes, pero la dirección de fotografía no es suficiente para él. Tiene mucho más que ofrecer y ni la música ni la cámara son medio suficiente para expresarlo. Es momento de dar rienda suelta a su creatividad y plasmar en papel todas esas ideas surgidas de una mente al margen de lo cotidiano.

Pero todo aquello que se sale de la agenda Hollywoodiense no siempre es bien recibido.

Escribe seis guiones que no encuentran un hueco en la industria por su contenido contracultural. Uno de ellos, el oscuro western “The Brigands of Rattleborge”, encabezó en 2006 la famosa y prestigiosa Lista Negra (una lista anual formada por los mejores guiones sin producir). A sabiendas de que ese libreto tenía un gran potencial, se comienza a rumorear que la dirigiría el surcoreano Park Chan-wook (“Oldboy, 2003, “Rompenieves, 2013), pero nunca vio la luz, quedando el guion muerto en el fondo de algún cajón. ¿He dicho “muerto”? Quizás en un coma profundo.

Lejos de frustrarse, opta por un medio donde sus ideas sí podrían ser divulgadas, iniciando así en 2010 una carrera como novelista en la que ha publicado hasta el momento seis novelas y una novela gráfica.

Paralelamente a su paso por la literatura, Zahler sigue escribiendo guiones, acumulando hasta veintiuno y consiguiendo colar uno a Sony y otro a una productora francesa que acabó produciéndose como “The Incident (Asylum Blackout), (2011)” con Alexandre Courtès en la dirección. A la vez, comienza a sonar como candidato para escribir la adaptación del anime “Robotech”, del cual Warner adquirió los derechos y que parecía que iba a ser producido y protagonizado por Tobey Maguire. Tampoco se hizo.

Sus creaciones nunca serían producidas en un Hollywood demasiado orientado a un camino lineal que no toma riesgos, así que la única vía eran las productoras independientes.

Dallas Sonnier y Jack Heller
En 2008, el hasta el momento agente Dallas Sonnier y su socio Jack Heller fundan la productora de cine de bajo presupuesto Caliber Media y en 2012 llega a un acuerdo con Zahler para producir uno de sus guiones, un western, por el cual se interesan los actores Kurt Russell y Richard Jenkins. El horizonte comienza a definirse. Ya hay luz al final del túnel.

Después de dos años, muchos problemas de financiación y de que Sonnier hipotecara su casa para producirla, en 2014 comienza el rodaje de la película escogiendo como director debutante al propio S. Craig Zahler, que también compondría la banda sonora junto con Jeff Herriott. La cinta se estrenaría en 2015 bajo el título de “Bone Tomahawk (2015)”.

El reparto se pobló de nombres conocidos haciendo que el film fuese adquiriendo un sabor a Serie A que haría las delicias de muchas de las grandes de Hollywood. Un elenco coral encabezado por Kurt Russell, al que acompaña Richard Jenkins (los dos que apostaron por el libreto desde el principio) y que cuenta también con actores de la talla de Patrick Wilson (“Expediente Warren, 2013), Matthew Fox (“Perdidos, 2004-2010), Lili Simmons (“Banshee, 2013-2016), Sean Young (“Blade Runner, 1982), Udo Kier (“La sombra del vampiro, 2000), David Arquette (“Ravenous, 1999), Michael Paré (“El experimento Philadelphia, 1984) y un pequeño papel, casi a modo de cameo, para un actor querido por todos los amantes del terror friki y de las películas de Rob Zombie, ni más ni menos que el fallecido Sid Haig (“La casa de los 1000 cadáveres, 2003).

El film es un western atípico, tan atípico, que podría catalogarse en el subgénero de western de terror con toques de gore. Pero que nadie se lleve a engaño, no es una película gore y no es terror tal y como lo conocemos. El film está repleto de oscuridad y de desesperanza desde el comienzo, pero también de buen gusto y una preciosa fotografía de Benji Bakshi.

El compromiso del director para explicar las motivaciones de cada personaje junto con una narración pausada (tanto, que aquel que no se sumerja en su historia y sus protagonistas soltará los típicos “que lenta” o “no avanza”), hacen que uno sienta verdadera empatía con los personajes, que los comprenda, que le importe lo que les suceda y se sienta absorbido y atrapado en cada historia individual sintiendo en sus carnes los exasperantes y duros obstáculos que encuentran a lo largo en su misión, y ahí radica su parte terrorífica.

Richard Jenkins, Kurt Russell y Matthew Fox
En lo referente al gore y para no destriparle la película a nadie, simplemente decir que está presente en una parte concreta del film, de una forma tan explícita como aislada, con lo que no basta para tacharla de película gore, pero sí para darle un toque de distinción y personalidad propia, además de agudizar el significado de lo que está sucediendo en la película en ese momento. Zahler sabe cuánto tiene que poner de cada ingrediente para no estropear una receta.

Tras el éxito de la película, que pasó también por el Festival de Sitges llevándose el Premio a Mejor Director y el Premio de la Crítica y, pese a nadar a contracorriente de lo que gusta a las majors de Hollywood, Zahler comienza a estar en boca de muchos.

En 2016, el mismo año en que Zahler vende a la Fox los derechos de su novela “Wraiths of the Broken Land” para ser producida y dirigida por Ridley Scott (proyecto todavía en el aire), Sonnier deja Caliber Media para fundar Cinestate, llevándose a Zahler como su cliente estrella, y se ponen a trabajar en el siguiente proyecto, una violenta película con una trama carcelaria titulada “Brawl in cell block 99 (2017)”, cuyo estreno mundial fue en el 74º Festival de Cine de Venecia en 2017 con muy buena acogida.

De nuevo, el guionista sería el encargado de dirigir y musicalizar la película, esto último otra vez junto a Jeff Herriott. Volvían a sorprender con un reparto plagado de caras conocidas, pero ninguna de ellas de las más cotizadas, siendo el papel principal para un redescubierto Vince Vaughn que, pese a tener en su currículum algunas películas serias (y muy buenas), ha dedicado casi la totalidad de su carrera a la comedia barata. Aquí, no solamente nos topamos con una excelente actuación dramática por su parte, sino que su lavado de cara es total y asistimos a una metamorfosis exterior e interior que nos ofrece a un antihéroe creíble y un descenso al averno mediante un desgarrador, duro y explícito relato de violencia y amor en una película que no deja indiferente a nadie.

El reparto también cuenta con Jennifer Carpenter (para el que no la conozca por el nombre, la hermana de Dexter Morgan, el entrañable asesino psicópata en la serie del mismo nombre), que nos deleita con un buen y profundo papel que corrobora lo que los fans de la serie sospechábamos: que es una excelente actriz desaprovechada, probablemente, por su poco estandarizado físico.

Otro de los papeles es para un olvidado y a la vez genial Don Johnson en una madurez profesional que le ha sentado de maravilla, mejorando ostensiblemente lo que nos ofreció en su momento de mayor fama.

Escena de "Brawl in cell block 99"
Una película que te agita por fuera es algo emocionante, fascinante, pero cuando una película te agita por dentro, se convierte en algo más. Una vez más, y ya van dos de dos, Zahler consigue que empatices con los personajes y sientas que estás dentro de la película. Una vez más, la cinta hace sufrir al espectador, pero en su justa medida, sin que éste llegue a querer dejar de verla, sino todo lo contrario. Para mí, “Brawl in cell block 99” es, hasta el momento, la mejor película de Zahler. Desde su deliciosa e impresionante fotografía, una vez más a cargo de Benji Bakshi, a sus momentos exentos de banda sonora, que acentúan la crudeza de lo que estamos viendo, pasando por unas interpretaciones brutalmente conseguidas y una abundante violencia sin censura, pero en ningún momento gratuita, sino muy necesaria para transmitir lo que la historia y la narración requieren.

Un nuevo éxito que extendió la fama de Zahler a todo el globo, eso sí, dentro de lo que permite no contar con el escaparate de las grandes productoras o la academia de Hollywood. Algo que hace que esté más en boca de los consumidores de cine independiente o de autor y no tanto del gran público. Era el momento de hacer otra película. Era el momento de llegar al gran público contando con una estrella de renombre. Era el momento de Mel Gibson.

Dragged Across Concrete
De nuevo a través de la productora Cinestate, una vez más con Zahler como guionista, director y co-compositor junto a Jeff Herriott, repitiendo como director de fotografía el infalible Benji Bakshi y también con estreno mundial en el Festival de Cine de Venecia, llegó “Dragged Across Concrete (2018)”, su tercera y, hasta el momento, última película.

En esta ocasión el protagonismo era para un dueto, un par de polis encarnados por Mel Gibson y el actor que hizo el papel de su vida en la anterior película de Zahler: Vince Vaughn. Y él no fue el único que repitió en el elenco, ya que se volvió a contar con otros tres actores de su anterior film: Jennifer Carpenter, Don Johnson y Udo Kier, a los que se les sumaron unos más que interesantes Tory Kittles (“True Detective, 2014) y Michael Jai White (“El Caballero Oscuro, 2008).

Si la primera fue un oscuro western de terror y la segunda un violento drama carcelario, ésta tercera es un thriller policiaco con grandes tintes Neo-noir; un buddy film que ahonda sobre clases, razas y la doble moral.

Una vez más, Zahler consigue que te metas en la cinta, por no decir que es la cinta la que se mete en ti, pero esta vez alcanzando cotas de empatía extremas. He de reconocer que, pese a que me gustó y mucho, es la única de las tres que me puso mal cuerpo. Muy mal cuerpo. Y no por sus escenas explícitas, que las tiene y muy fuertes, sino por todo lo que transmite y la forma en que lo hace. Los personajes y las situaciones llegan a límites de presión muy altos; las decisiones que tienen que tomar son la máxima expresión de la desesperación y el final… Ay, el final. En cualquier caso, una muy buena película para la que hay que ir muy preparado antes de verla. Mi recomendación es que preparéis más el alma que el estómago.

Vaughn y Gibson en "Dragged Across Concrete"

Al margen de esto, volvemos a disfrutar de una magnífica fotografía que hace que no quieras que cambien de plano y de una banda sonora que te sumerge en cada escenario. El cine negro traído a la actualidad está bien medido y acaba en un producto que no es solo para los puristas amantes de un género policiaco que se caracteriza por ser muy sosegado, y es que el film sabe adaptar su ritmo a cada situación, tiene momentos que producen no pocos sobresaltos y escenas de acción pura bastante brutales.

La película tuvo muy buena acogida y dio a Zahler un estatus más cercano al que merece, aunque todavía le queda mucho por ser reconocido.

Vince Vaughn, S. Craig Zahler, Jennifer Carpenter y Don Johnson
Algunos se empeñan en catalogar estos tres films en una especie de trilogía apócrifa sobre… No dejan claro sobre qué. ¿La violencia, la desesperanza, la corrupción? Yo no lo veo así y solo les daría la razón si sus próximas películas tirasen por otros derroteros. A mi modo de ver, los tres films son muy distintos entre sí y solamente comparten entre ellos una forma de hacer cine, un lenguaje que, si se mantiene a lo largo de toda su filmografía, no formará ninguna trilogía, continuista o no, sino que establecerá un estilo propio y referencial del director, uno que me recuerda mucho al cine de Sam Peckinpah, pero actualizado. Para mí, Zahler se ha convertido, con solamente tres películas, en uno de mis directores de cabecera y no veo el momento de que estrene un nuevo proyecto. Aunque su futuro es difuso, de momento.

Después de sus tres películas, escribió el guion para la enésima parte de la saga Puppet Master y se sabe que actualmente escribe una columna llamada "Malignant Growths" sobre películas de terror con micro presupuestos en la resucitada revista “Fangoria”, propiedad ahora de su productor Dallas Sonnier. Pero poco se sabe sobre sus futuros proyectos al margen de dos pequeños aperitivos:

Por un lado, Warner Bros le compró los derechos cinematográficos de su novela policiaca “Mean Business on North Ganson Street” y se le encargó a él mismo la adaptación a guion de cine para que sea protagonizada por Leonardo DiCaprio y Jamie Fox en algún momento de esta década. Todavía sin director, ardo en deseos de que lo escojan también a él.

Por otro lado y sobre aquel primer guion que mencioné al principio titulado “The Brigands of Rattleborge” que, se rumoreó, sería dirigido por Park Chan-wook, dije que no estaba muerto, sino en un coma profundo, y esto es porque Amazon Studios lo ha despertado de su letargo. El monstruo de las ventas online parece que va a producir finalmente la película manteniendo a Chan-wook en la dirección y con Matthew McConaughey en el papel principal de este western sobre bandidos. Pinta pero que muy bien.

Nada más se sabe y solo nos queda esperar pacientemente a que salte la noticia de que S. Craig Zahler va a dirigir su cuarta película.

Para acabar, dejo aquí la acostumbrada foto de la parte de mi colección dedicada al tema del que os hablo. Lamentablemente y por culpa de no pertenecer a las majors, sus películas no llegan a todos los rincones del planeta en formato doméstico. Nuestro país es un claro ejemplo, donde, y pese a haberse doblado las tres al castellano, solamente las dos primeras han sido editadas, quedando pendiente desde hace casi tres años la edición de Dragged Across Concrete (2018)”, y eso que cuenta con Mel Gibson. Es por eso que, de esa película en concreto, me he tenido que hacer yo mismo una edición customizada, a la espera de que se edite aquí y poder comprarla para que se una a las dos primeras.


22 enero, 2021

Los mitos del terror IV (y último): Cócteles de monstruos

A partir del Hombre Lobo de Chaney había un monstruo más que añadir a las interminables secuelas y fue entonces cuando se generó una tercera etapa y se comenzó a mezclar unos monstruos con otros en una misma película y a intercambiarse entre los actores la interpretación de los mismos, dando lugar a versiones que eran más morbosas que de buena calidad pero igualmente pertenecientes a estos clásicos. A estas mezclas de personajes se las denominó en Hollywood, “Cócteles de Monstruos”.

Lugosi y Karloff ya empezaban a decaer, principalmente por sus edades, aunque uno más que el otro. El primero tocaría fondo antes, sobre todo por su terrible encasillamiento en el papel de Drácula y por su adicción a la morfina. El segundo, mucho más valorado por la crítica y el público, aguantaría un poco más. Sin embargo, ambos seguían participando en muchos de estos films en donde Lon Chaney Jr. pasó a ser, por su edad, la estrella prometedora del género, acompañado por los John Carradine o Glenn Strange, entre otros.

De las obras más destacables de esa tercera etapa, habría que nombrar una nueva secuela de la criatura verdosa llamada “El fantasma de Frankenstein (1942)” de Erle C. Kenton con Lon Chaney Jr. como el Monstruo, tomándole el relevo a Karloff y con Lugosi repitiendo el papel de Ygor y otra del no-muerto egipcio titulada “La tumba de la momia (1942)” de Harold Young con Chaney Jr. como la Momia, en un nuevo relevo a Karloff.

Al año siguiente estrenaban otra secuela de Frankenstein, pero no estaría sólo en esta ocasión, puesto que decidieron hacer el primer crossover de muchos que llegaron después. Elaboraron una nueva fórmula que descubriría nuevas fronteras para el género. Así llegó “Frankenstein y el hombre lobo (1943)” de Roy William Nelly protagonizada por Chaney Jr. como el Hombre Lobo y, puesto que no podía hacer los dos papeles él, el rol del Monstruo de Frankenstein recayóquién lo diría, en Bela Lugosi, encarnando así aquel papel que rechazó en 1931 y que le dio la fama mundial a su rival directo, Boris Karloff, cuyo nombre ahora ocupaba el doble del tamaño que el suyo cuando compartían cartel.

El mismo año se estrenaron “El fantasma de la ópera (1943)”, en una nueva versión, esta vez del director Arthur Lubin y la mal titulada “El hijo de Drácula (1943)” de Robert Siodmak, hermano de Curt Siodmak, aquel que fue guionista de "El hombre lobo (1941)". Y digo mal titulada porque el personaje protagonista se llama Conde Anthony Alucard, apellido que, leído al revés, es Drácula, y no es su hijo, como reza el título, sino que es el verdadero conde que regresa cambiando su identidad para no ser reconocido. El personaje es caracterizado por Chaney Jr., habiendo así interpretado en un año al Hombre Lobo, la Momia, el Monstruo de Frankenstein y al mismísimo Conde Drácula.

En 1944 se estrenan varias películas, entre ellas “Misterio en la ópera (The climax) (1944)” de George Waggner y con Karloff volviendo a la carga o “La zíngara y los monstruos (House of Frankenstein) (1944)” de Erle C. Kenton, una excelente película que reúne a la mayoría de los mejores: Karloff como el clásico mad doctor (típico personaje que en España solía llamarse científico loco), Strange como el Monstruo de Frankenstein, Chaney Jr. como el hombre lobo y John Carradine como el conde Drácula.

También irrumpieron en las salas más secuelas como “La Venganza Del Hombre Invisible (1944)” de Ford Beebe, “El fantasma de la Momia (The mummy’s ghost) (1944)” de Reginald Le Borg con John Carradine y con Chaney Jr. repitiendo como la Momia, “La maldición de la momia (The mummy’s curse) (1944)” de Leslie Goodwins y de nuevo con Lon Chaney Jr. como el no-muerto de las vendas; “La mansión de Drácula (House of Dracula) (1945)” de Erle C. Kenton y de nuevo repitiendo Chaney Jr. como el Hombre Lobo, Strange como el Monstruo de Frankenstein y Carradine como Drácula.

Para que podáis seguir cronológicamente la línea de secuelas de los tres monstruos más conocidos y basándome en los films principales de Universal Pictures sobre ellos, he creado este esquema donde puede verse cada película, su secuela y los actores que la protagonizaron. Para verla a tamaño completo solamente hay que clicar en la imagen.

Aproximadamente sobre 1947, se inició una cuarta etapa y el género había tomado otros derroteros, siendo la RKO la compañía que más tiraba del terror de un modo serio, mientras que la Universal lo había dejado caer más hacia la serie B o Z. Seguía explotando a sus monstruos estrella, pero ahora haciéndolos participar en comedias como las de sus cómicos por excelencia: Bud Abbott y Lou Costello. Fueron muchas las entregas de los dos cómicos en las que se enfrentaban a monstruos como Drácula, la Criatura de Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia, el Hombre Invisible o el Dr. Jekyll & Mr. HydeAbbott & Costello contra los fantasmas (Abbott & Costello meet Frankenstein) (1948)” de Charles Barton podría decirse que es el más destacable de estos experimentos.

Y no solamente explotaba a los monstruos, sino también a las otrora estrellas que los encarnaron. Al final, un ya casi acabado Lugosi retoma el papel de Drácula en este tipo de comedias a las que se sumaron también Karloff, Strange y Chaney con sus respectivos personajes, todos ellos auto parodiándose, siendo la fama y la gloria para el dúo cómico.

Hay que destacar que la comedia infantil o adolescente “Una pandilla alucinante (The Monster Squad) (1987)”, está inspirada profundamente en estas películas de Abbott y Costello, sobre todo en la que os he nombrado antes, tomando referencias muy claras como el liderato de Drácula en la pandilla de monstruos, el modo en que resucitan a la criatura de Frankenstein o las buenas intenciones del Hombre Lobo cuando está en estado de no transformación.

A finales de los años 40 se fundó una empresa llamada Realart Pictures, la cual, aprovechando los problemas económicos de la Universal, compró los derechos de todas las películas de terror que hasta la fecha la compañía había rodado, incluidas las de Abbott y Costello, aunque el acuerdo solo le permitía el reestreno en salas de cine y no en la TV. Realart generó mucho dinero reproyectando dichos films hasta 1954.

Al poco, la empresa Screen Gems Inc. fue la que compró dicho pack de películas de monstruos pero, en esta ocasión, para reproducirlas por TV. Un negocio beneficioso en lo que se refiere a acaparar audiencias, sobre todo las de altas horas de la noche.

Tras este modo de prostituir a los míticos monstruos parecía que todo había llegado a su fin, pese a que aún se siguieron haciendo películas del género, muchas de ellas con los mismos actores, durante los años 50 e incluso durante los 60, unas más serias y otras más simples. Incluso apareció algún nuevo personaje que, a día de hoy, se considera uno más de los "Universal Monsters" y en el cual se inspiró la película "La forma del agua (2017)" de Guillermo del Toro. Se trata del Monstruo de la Laguna que apareció en “La mujer y el monstruo (The monster of the black lagoon) (1954)” de Jack Arnold, y sus dos secuelas: “La venganza del hombre monstruo (Revenge of the Creature) (1955)” también de Jack Arnold y “El monstruo vengador (The creature walks among us) (1956)”, esta vez de John Sherwood. Cabe mencionar que la segunda parte de la trilogía de este nuevo monstruo fue el debut como actor en pantalla grande de un joven Clint Eastwood que hacía un pequeño papel.

Se siguió vendiendo bien el género incluso después de esa generación de actores, llegando más tarde los Christopher Lee, Peter Cushing y compañía, hasta nuestros días, pero todo ello fueron, son y serán las consecuencias de aquel fenómeno que durante unos 25 años creció y vio crecer a su lado a la industria del cine. Pero, como he dicho, parecía que el fin había llegado, ya que, durante esa cuarta etapa, el terror ya no era lo que fue.

El público había madurado mucho, cinematográficamente hablando, siendo más difícil asustarlos y más aún si se trataba de unos monstruos que la industria había explotado hasta la saciedad y que, de tanto verlos en todas partes, ya no daban miedo. Por otro lado, el propio cine había madurado, habiendo muchos géneros que fácilmente hacían sombra al terror, triunfando así los westerns, los dramas, las comedias y los musicales, y otro género muy importante a partir de la década de los 50 y la llegada del átomo: la ciencia ficción.

Pero lo que ya se había hecho, lo que consiguieron las productoras, los directores y los actores (sobre todo esos tres que tanto menciono), la revolución que se generó en la industria con un género que creó personajes de los que hoy en día aún no se ha conseguido cambiar sus clichés… Todo eso, quedaría arraigado en nuestra cultura y sería ya imborrable por siempre jamás. Y yo que me alegro.


Como siempre, ahí va una foto con algunos de los títulos antes mencionados que tengo en mis estantes.


Resto de capítulos de Los Mitos del Terror:

18 enero, 2021

Los mitos del terror III: La invasión

Y entonces llegó la invasión.

1932 fue un año muy productivo para el género y a partir de ahí nos invadieron las películas de terror, donde Lugosi y Karloff eran los más solicitados por todas las compañías y, aunque os hablaré de los títulos más importantes del género en esos años, destacaré más aquellos donde ellos aparecen.

De la mano de Universal Pictures llegaron a las salas de proyección títulos como “El Caserón de las Sombras (1932)” de James Whale con Boris Karloff y Charles Laughton, título que años después versionaría el director William Castle; "La momia (1932)” de Karl Freund con Boris Karloff, que, pese a tener menos repercusión que Drácula o Frankenstein, sería otro de los "monstruos clásicos" que pasarían a la historia y “Doble asesinato en la calle Morgue (1932)”, adaptación de la obra de Edgar Allan Poe por Robert Florey con Bela Lugosi.

Póster de "Freaks (1932)"
Por su parte, su gran competidora, la Metro Goldwyn Mayer, no quiso quedarse atrás y estrenó otros tales como “La máscara de Fu-Manchú (1932)” de Charles Brabin con Boris Karloff y “La parada de los monstruos (Freaks) (1932)”, extraña obra de Tod Browning donde da rienda suelta a su más macabra interpretación del mundo circense y del espectáculo entre el que el director se había criado.
Otras compañías se sumaron al negocio de hacer cine de terror en serie y Paramount Pictures lanzó, entre otros, “El Hombre y el monstruo (El Dr. Jekyll & Mr. Hyde) (1932)” de Rouben Mamoulian y “La Isla de las Almas Perdidas (1932)” de Erle C. Kenton con Charles Laughton y Bela Lugosi, una gran película que fue la primera (y yo opino que mejor) versión de esa novela de H. G. Wells.

Algunas de las aportaciones de otros estudios fueron, por parte de Columbia Pictures, “El médico asesino (Behind the Mask) (1932)” de John Francis Dillon con Boris Karloff. De Fox Film Corporation, “Chandú, el enigmático (Chandú the magician) (1932)” de William Cameron Menzies y Marcel Varnel con Bela Lugosi. Y de otras productoras menores que también se animaron, como K. B. S. Productions Inc., llegó "El beso de la muerte (1932)", con Bela Lugosi, y de la compañía Victor & Edward Halperin Productions, llegó “La legión de los hombres sin alma (White Zombie) (1932)” de Victor Halperin con Bela Lugosi y catalogada como la primera película de zombis, aunque no tal y como los conocemos ahora, ya que esa reinterpretación llegaría mucho más tarde de la mano de George A. Romero, de lo cual os hablaré en otra ocasión.
Póster de "La legión de los hombres sin alma (1932)"
A partir de ese momento se había puesto en marcha una maquinaria que ya no se podía parar. Los adultos podían ver en pantalla a los personajes de las novelas que habían leído y de los cuentos que sus abuelos les contaron de niños; los jóvenes que acudían al cine en pareja, encontraban en el género la excusa perfecta para esos abrazos furtivos entre las butacas; y, menos sobreprotegidos que ahora, los niños alimentaban su imaginación y ampliaban su repertorio de disfraces para Halloween.

El invisible Claude Rains
Pese a que todas las productoras querían su pedazo del pastel, Universal Pictures es la que supo exprimir el género de forma más planificada, así pues, tras estrenar “El hombre invisible (1933)”, otra adaptación de una obra de H. G. Wells, de la mano de James Whale y otro "monstruo clásico" para la posteridad, y “Satanás (The black cat) (1934)” de Edgar G. Ulmer con Bela Lugosi y Boris Karloff (otro film inspirado lejanamente en un tema de Edgar Allan Poe), empezaron a llegar las secuelas de sus primeros éxitos y empezó a tomar forma su universo cinematográfico.

La primera fue “La novia de Frankenstein (1935)” que es mucho más que una secuela, es una auténtica Obra Maestra de James Whale, de nuevo con Boris Karloff encarnando al monstruo. Tras su enorme éxito y después de estrenar “El cuervo (1935)” de Lew Landers (Louis Friedlander) con Boris Karloff y Bela Lugosi nuevamente en una adaptación de Poe, “El Lobo Humano (Werewolf of London) (1935)” de Stuart Walker, primera película destacable en mostrarnos a un hombre lobo o licántropo, pero no creando todavía al mito como lo conocemos y “El Poder Invisible (1936)” de Lambert Hillyer con Bela Lugosi y Boris Karloff como protagonistas, llegó su segunda secuela: “La hija de Drácula (Dracula’s Daughter) (1936)”, secuela directa del Drácula de 1931, ya que empieza justo donde ésta acaba. Dirigida por Lambert Hillyer y con Gloria Holden como la condesa Marya Zaleska y Edward Van Sloan repitiendo en el papel de profesor Van Helsing.

La Obra Maestra de James Whale
Durante este tiempo, la MGM aprovechó para pedirle a Tod Browning que hiciera un remake de de su propia obra protagonizada por Lon Chaney padre en 1928, “La casa del horror (London After Midnight)”, que titularon como “La Marca del Vampiro (1935)”, en ésta ocasión, con Bela Lugosi en el papel protagonista.

Tras estos y otros muchos títulos más, ya se habían consolidado los Karloff y Lugosi y otros actores, como Charles Laughton, se habían dado a conocer. También se habían consagrado los grandes directores, y nos habían presentado, hasta el momento, un sinfín de monstruos tales como el jorobado de Notre Dame, el fantasma de la ópera, el conde Drácula, el monstruo de Frankenstein y su novia, la momia, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el hombre invisible, un primer licántropo, los zombis, así como ayudantes jorobados, científicos locos por doquier, asesinos cruentos o hipnotizadores perversos.

La familia Laemmle, hija, padre e hijo
Paralelamente al “Universal Horror”, Laemmle Jr. seguía invirtiendo también en otros géneros y vio como su emprendedora osadía era un arma de doble filo. En el momento más álgido de la Gran Depresión, Laemmle Jr. no se conformó con la serie B e hizo sus incursiones en las producciones de alto presupuesto, haciendo que Universal Pictures cayese en manos de la Administración Judicial y viéndose obligado a cerrar su cadena de teatros.
Aunque consiguió mantener viva la parte cinematográfica del estudio, no le duró mucho tiempo. Se embarcó en la producción del musical de alto presupuesto "Show boat (1936)" para el que tuvo que pedir un préstamo de 750.000$ a Standard Capital Corporation avalado con sus acciones de la compañía. Un préstamo que después no pudo pagar, ocasionando que esa empresa se hiciese con el control de los estudios en abril de 1936.

Lugosi como Ygor
Los nuevos ejecutivos de los estudios Universal dejaron de producir cine de terror y se dedicaron más a las comedias musicales. No fue hasta 1939, cuando la Gran Depresión ya daba sus últimos coletazos, que siguieron adelante con la producción de estas cintas, empezando por una nueva secuela de Frankenstein: “La sombra de Frankenstein (Son of Frankenstein) (1939)” de Rowland V. Lee con Boris Karloff encarnando de nuevo al engendro y, atención, con Bela Lugosi dando vida al criado Ygor, quedando en un segundo plano con respecto a Karloff y cubierto de maquillaje, después de haber rechazado el papel de la principal y exitosa criatura en su primera entrega, precisamente por ese motivo.

Aunque de forma más tímida, retomaron la producción de títulos de terror como “La Torre de Londres (1939)” de Rowland V. Lee con Boris Karloff y otro maestro que después daría mucho que hablar en el género: Vincent Price, y siguió explotando esas colaboraciones en pantalla de Lugosi y Karloff con “Viernes 13 (Black Friday) (1940)” de Arthur Lubin.

En esos tiempos, la RKO estrenó “Esmeralda, la zíngara (1939)", una nueva versión de "El Jorobado de Notre Dame", esta vez de la mano de William Dieterle con Charles Laughton en el papel de Quasimodo, consiguiendo al jorobado más famoso del cine sonoro. Por su lado, Paramount Pictures estrenó "El gato y el canario (1939)", su propia versión de la obra de teatro de John Willard "El gato y el canario" que Universal Pictures ya había adaptado con "El legado tenebroso (1927)".

Es entonces, en 1941, cuando Universal decide presentar a su tercer "gran monstruo" en las pantallas. Con un nuevo guion en las manos y no pudiendo
Chaney Jr. en "One million B.C."

contar en esa ocasión con Karloff, involucrado en otros proyectos, pese a haberse escrito el papel para él, la compañía se fija en un actor que empieza a acercarse a la fama y que un año antes había protagonizado la cinta de ciencia ficción “Hace un millón de años (One million B. C.) (1940)” de Hal Roach y Hal Roach Jr., el cual era, ni más ni menos, que el hijo del legendario actor Lon Chaney, Lon Chaney Jr.

Es así como llega a las pantallas, de la mano del director Geroge Waggner, la historia de un hombre imbuido con la maldición del licántropo de los cuentos populares: “El Hombre Lobo (1941)”, dando lugar a un efecto equivalente al de Drácula y Frankenstein diez años antes. Superó con creces el efecto que causaron el hombre invisible, la momia, Fu-Manchú o el Dr. Jekyll & Mr. Hyde, que no por ello fueron menos importantes, pero la trascendencia del lobo de Chaney Jr. fue superior; más parecida y de una envergadura similar a la de los personajes de Lugosi y Karloff respectivamente, teniendo en cuenta, claro está, que había pasado una década y el público ya estaba acostumbrado a este género, con lo que el efecto se reducía al personaje y no a un nuevo tipo de cine, como sí sucedió en 1931.

Póster de "El hombre lobo (1941)"
Esta cinta se estrenó triunfando y creando un mito del cine de terror que fue y sigue siendo la referencia hoy en día en lo que al hombre lobo concierne. Hay que mencionar la aparición de Bela Lugosi en la película como el zíngaro que trae de tierras del este la maldición. También hay que decir que éste film instauró las creencias que rodean al mito, ya que así como Drácula y Frankenstein son adaptaciones de una obra concreta, esta película es una historia original del guionista Curt Siodmak que simplemente tomó como referencia la tradición popular de los licántropos a la cual ciertos tópicos no pertenecen, como creemos, sino que son producto de lo que el guionista ideo y plasmó en ése film: la transformación cuando hay luna llena, la muerte del lobo a causa de las armas de plata o el contagio mediante la mordida, así como la identificación del maldito con la figura del pentagrama o estrella judía de David. Y es que Siodmak era un alemán de origen judío que huyó de tierras germanas controladas por los nazis y se dice que incluyó en el guion la estrella de David, que se manifestaba enfureciendo la parte malvada de la bestia, como reflejo de la ira nazi contra los judíos y todo su simbolismo. En conclusión, lo que surgió de esa película con respecto a los hombres lobo, perduraría para siempre.

Ya se habían instalado los tres grandes: Bela Lugosi, Boris Karloff y Lon Chaney Jr.

Ya habían invadido nuestra cultura los tres monstruos que, probablemente, son los más famosos de todos los tiempos: el conde Drácula, el monstruo de Frankenstein y el Hombre Lobo.

Ya se habían puesto todas las cartas sobre la mesa y, aquello que había pasado del arte europeo al negocio estadounidense, ahora daba un paso más allá y se convertía en explotación sin contemplaciones. Algo análogo a lo que en el siglo XXI ha sido el cine de superhéroes. Pero, viendo el legado de cine de terror clásico que nos ha quedado de ello, que queréis que os diga… Bendita explotación.

Sobre tal aprovechamiento del género y sus personajes os hablaré en el siguiente capítulo de "Los mitos del terror".

Os dejo unas fotos de algunas de las películas mencionadas que tengo en mi colección, así como algunas figuras de esos monstruos clásicos.
Una vez más, junto a sus ediciones sencillas españolas, pongo las ediciones "Legacy" de EEUU con sus correspondientes bustos en edición limitada y numerada, ya que esas ediciones incluyen todas las películas de cada personaje.
Algunos de los títulos mencionados

La momia y su figura

Primeras secuelas de Frankenstein

Primeras secuelas de Drácula
Edición española de "El lobo humano" y edición española y "Legacy" con busto de "El hombre lobo"
Figura descatalogada de 30 cm marca Kenner

Resto de capítulos de Los Mitos del Terror:

17 enero, 2021

Los mitos del terror II: Las productoras

En este segundo capítulo de la serie de entradas "Los mitos del terror", hablaré de las productoras que hicieron posible que tantos y tantos films de terror inundaran las salas durante años, y que son las que abrieron la puerta a estos actores que, probablemente, hubieran pasado más desapercibidos en otros géneros del cine.

Muchas fueron las compañías que se beneficiaron del triunfo del género, las dos más destacables Universal Pictures y Metro Goldwyn Mayer, pero principalmente fue la Universal la que mayor provecho sacó del terror creando el fenómeno conocido como “Universal Horror”, formado por los conocidos como "Universal Monsters".
Logos de la época de Universal Pictures y su universo de terror
Tras varios de los títulos mudos europeos que os nombré y que dieron la vuelta al mundo, quedó claro que el género de terror era rentable: gustaba e impresionaba al público. Y como casi todo lo que es rentable, el género acabó siendo visto, adoptado y explotado por los estadounidenses de Hollywood.

Fue así como, de la mano del productor Carl Laemmle, los estudios Universal Pictures comenzaron a centrarse en el cine de terror. Un año más tarde del estreno del Nosferatu de Murnau en Alemania, Wallace Worsley dirigió en Estados Unidos para la Universal la adaptación de la novela de Víctor HugoEl jorobado de Notre Dame (1923)” con un Lon Chaney padre en el papel protagonista y para el cual y como siempre, él mismo se ocupaba de su maquillaje. Dos años más tarde y de nuevo con Lon Chaney padre de protagonista, los estudios estrenaban “El fantasma de la ópera (1925)”, de la mano del director Rupert Julian.
También al cabo de los dos años, Universal producía una película basada en la obra teatral de John Willard "El gato y el canario" titulada “El legado tenebroso (The Cat and the Canary) (1927)” del director Paul Leni, un director alemán que, de no ser por su prematura desaparición en 1929, hubiese dado mucho que hablar en el cine de la época.
Lon Chaney en "London after midnight (1928)"
Otras productoras se hicieron eco del éxito y la Metro Goldwyn Mayer estrenó el mismo año la primera película de Hollywood sobre un vampiro: “La casa del horror (London After Midnight) (1927)”, cinta desgraciadamente perdida al quemarse la única copia conocida en un incendio de los estudios MGM en el año 1965. En ella de nuevo vemos como protagonista a Chaney padre, esta vez dirigido por Tod Browning, con el que lo unía una gran relación profesional y de amistad a lo largo de muchos años y otros tantos rodajes juntos, curiosamente ninguno de ellos producido por Universal Pictures.
Un año después, Universal estrenaba “El hombre que ríe (The Man Who Laughs) (1928)”, film dirigido por Paul Leni. La productora quiso que el protagonista fuese su mayor “seguro de vida”: Lon Chaney padre, pero Leni decidió finalmente que fuera protagonizada por Conrad Veidt encarnando a Gwynplaine, el desdichado hombre de la risa eterna.

El film, otra adaptación de una novela de Víctor Hugo (esta vez una obra menor) era otro de los melodramas bizarros en los que el monstruo es a la vez aterrador y encantador, como sucedió con “El jorobado de Notre Dame” o “El Fantasma de la Ópera”. La película no tuvo una fácil incursión, ya que fue rodada en la época de transición entre el cine mudo y el cine sonoro, siendo de las primeras cintas que añadían sonido, en su caso simples silbidos que emulaban el viento, risas y aplausos.

Conrad Veid como Gwynplaine y el Joker
Tanto la dirección como la interpretación en la cinta son referentes muy importantes en la historia del cine. En la dirección puede decirse que Leni dejó un legado de cánones que el maestro Tod Browning adoptó para su universo cineasta, y en la interpretación cabe decir que Veidt supo darle a su personaje un cuerpo y un alma que dejaron huella. Tan es así que décadas después el escritor de cómics Bob Kane, se inspiró en el personaje de Gwynplaine y en la interpretación del mismo por Conrad Veidt para crear a su villano más famoso y antagonista de Batman, el Joker

Pese a todo, el director de Universal Pictures, Carl Laemmle, no era demasiado valiente en lo referente a afrontar proyectos de grandes presupuestos o que supusieran cambios demasiado revolucionarios en la industria del cine, siendo reacio a embarcarse en obras que representaran un gran riesgo económico.

Años más tarde, con la ya asentada inclusión de las voces en las películas y ya con el control de la productora en manos de su hijo, Carl Laemmle Jr., que recibió el estudio cinematográfico como regalo de cumpleaños de su padre en 1928, la Universal, gracias a la valentía del joven y osado nuevo director de la compañía, deja ver el cambio y decide fabricar cine de terror con un único objetivo: el de vender, con no malos resultados.

En 1930 concluye llevar a la gran pantalla la obra de Bram Stoker: Drácula. Esta vez sí, habiendo adquirido los derechos para no cometer el mismo error que los alemanes que produjeron la obra de Murnau nueve años antes. Basándose más en la adaptación teatral de Broadway que en la propia novela, la productora lanzó dos proyectos a la vez y de forma paralela: una versión hispana y otra estadounidense.
Esto era debido a que antes no existía el doblaje y, si se quería llegar a todo el público del continente, la población hispanoparlante era importantísima, así que para los films más ambiciosos se rodaban dos versiones, una en inglés y otra en español. Ambas se rodaron en México, en los mismos escenarios, usándose éstos principalmente para la versión yanqui y, las noches en que ésta descansaba, para la versión hispana que dirigió George Melford.
Póster de "Drácula (1931)" de Tod Browning
Para la estadounidense, el director fue el gran Tod Browning y el elegido para encarnar al conde era el infalible Lon Chaney padre, en la que sería la primera película producida por la Universal, dirigida por Browning y protagonizada por Chaney padre, pero éste último declinó la oferta porque se encontraba enfermo a causa de una afección de garganta que poco después resultó ser un cáncer que se lo llevó al otro mundo antes siquiera de empezar a rodarse la película.

Buscaron sustituto y encontraron a un actor húngaro con poco dominio del idioma inglés que, aunque ya había participado en un papel secundario en otro film de Browning, era un gran desconocido, pero se adecuaba al papel porque lo había estado interpretando mucho tiempo en los escenarios teatrales estadounidenses. Se trataba de un tal Bela Lugosi.

Al concluir el rodaje, la Universal quedó descontenta con la cinta, prefiriendo la versión hispana, pero tras el estreno el 14 de febrero de 1931 de “Drácula (1931)” fue tal el efecto que causó entre el público que llegó a ser el film que más ingresos le generó ese año a la productora. Todo el mundo hablaba del Drácula de esa película, todos se asustaban con la caracterización que del conde se hizo en el film y, lo más importante, Drácula ya no era el personaje conocido solo por húngaros y rumanos, o por los que habían leído o habían oído hablar la novela, o por los que lo habían visto en el teatro: el planeta entero conoció al conde Drácula y fue de la forma en que lo parieron en esta película como llegó a los ojos y a las mentes de todos.

La compañía se frotó las manos y se puso a trabajar en componer más cintas de este género.

Póster de "Frankenstein (1931)" de James Whale
El mismo año estrenó “Frankenstein (1931)”, de nuevo basándose más en la adaptación teatral que en la obra original de Mary Shelley. Iba a ser dirigida por Robert Florey y para el papel del monstruo se pensó en un Bela Lugosi ya conocido por los espectadores, pero tras rechazar éste el papel por no querer ocultar su rostro tras toneladas de maquillaje ahora que comenzaba a hacerse famoso, se descartó también al director entregándole las riendas a James Whale y el papel del engendro a un actor inglés que estaba rodando una cinta para la Universal en la que hacía de gánster y que se hacía llamar Boris Karloff.
Algunas fuentes afirman que fue Bela quien recomendó a Boris, pero, si así fue, debió de ser por referencias, ya que aún no se conocían en persona. Otros dicen que fue Whale quien lo conoció en el comedor del plató de la productora, invitando enseguida al inglés a interpretar el papel. Sea como fuere, fue Karloff quien encarnó a la criatura que, al igual que Drácula, dio la vuelta al mundo y se instauró en la memoria de todos. Para muchos, al igual que con el personaje de Lugosi, el de Karloff fue la primera referencia que tuvieron del monstruo de Frankenstein y, por lo tanto, fue la magistral puesta en escena del staff de la película la que quedó para la posteridad, surgiendo así el monstruo de Frankenstein que tantas y tantas veces se ha imitado en series de TV, dibujos animados y montones de sectores más. 

El film fue de nuevo un triunfo total para la compañía desencadenante de un tsunami de cintas de miedo que dieron a conocer un gran surtido de monstruos que hoy en día son para nosotros parte de nuestra cultura, tan normales y tradicionales como llevar zapatos o bostezar por las mañanas.

Por su parte, el cine alemán seguía estrenando buen cine de terror, entre ellas, la destacable "M, el vampiro de Düsseldorf (1931)", dirigida por el austríaco Fritz Lang y protagonizada por el eslovaco Peter Lorre.

Hay que dejar claro que no todas fueron cintas que destacaran por su calidad artística o narrativa, y que se dejó bastante al margen el idealismo del cine de terror alemán de los años 20, donde imperaba lo espiritual, para centrarse en el mero espectáculo y en la comercialización y popularización de los personajes. Tuvieron éxito y vendieron a sus monstruos como rosquillas, pero no fueron las películas de terror lo mejor que el cine nos ofreció en aquella época. Incluso a algunas de ellas se las catalogó de “clase B”, nombre que después fue modificado a “serie B”, a causa de su producción en serie. Es en la actualidad, sin embargo, cuando uno se da cuenta de lo que esos films han supuesto a la larga para nuestra cultura.

Así como Lugosi y Karloff en la interpretación y Tod Browning y James Whale, entre otros, en la dirección supusieron un filón para las compañías en lo referente al terror, otro nombre quedó arraigado al género siendo el artífice de la creación física de los monstruos. Hablo del maquillador Jack Pierce, cuestionado por muchos por su difícil y autoritario carácter e idolatrado por otros por sus creaciones del monstruo de Frankenstein o de La momia.
Jack Pierce maquillando a Boris Karloff como el monstruo de Frankenstein en 1931
Tras los éxitos del vampiro y el no-muerto más famosos del mundo y a medida que a las productoras llegaban los ingresos, a las pantallas llegaron nuevos films, remakes y secuelas, tanto de la mano de la Universal como de otras compañías, entre ellas Paramount Pictures, RKO o Metro Goldwyn Mayer, repitiendo los mismos monstruos o presentándonos a otros nuevos. Sobre todo, cintas e historias basadas en la época victoriana, pero abarcando mucho más que eso.
Logos de la época de Paramount, RKO y MGM
Las productoras llegaron a reunir en una misma película en varias ocasiones a los dos "musos" del terror hasta el momento, Lugosi y Karloff, y, pese a que muchos están empeñados en que había una enemistad entre los dos por culpa de la rivalidad ante las cámaras, yo creo que la pareja brindó por ello.

La industria nos inundó con una sucesiva entrega de títulos de los que hablaré en el tercer capítulo de "Los mitos del terror".

Mientras tanto, os dejo unas fotos con parte de mi colección dedicada a los films de los que he hablado.

La edición especial coleccionista de "El legado tenebroso" contiene, además de un extenso libreto con mucha información y fotografías, dos discos con dos versiones de la película: una con los tintados originales de su estreno y otra, a partir de un master restaurado, con tintados en sepia. Además, incluye el cortometraje de Paul Leni "Rebus-Film No.I (1925)".

Edición especial coleccionista con libreto de "El legado tenebroso"
"El hombre que ríe" y "M"
De Drácula y Frankenstein, las ediciones sencillas son las españolas y las ediciones "Legacy", las que llevan la funda y letras amarillas, son de EEUU compradas en Canadá, contienen todas las películas de ese personaje, incluida la versión hispana de Drácula dirigida por Melford e incluyen un busto en edición limitada y numerada del monstruo clásico correspondiente.
"Drácula" y "Frankenstein" en sus ediciones española y "Legacy" junto con sus bustos

Resto de capítulos de Los Mitos del Terror: